Economía

Mafalda y la gestión de personas: la “trampa” de lo urgente

La tensión entre lo urgente y lo importante atraviesa silenciosamente la gestión organizacional, desplazando el desarrollo humano en favor de la contingencia. Recordar esta distinción —con la lucidez de Mafalda— es clave para construir organizaciones más sostenibles, conscientes y centradas en las personas.

Patricio Yuras Maltés (*).-  “Como siempre: lo urgente no deja tiempo para lo importante” (Mafalda).

En el ámbito de la gestión de empresas, las nociones de lo “inmediato” y lo “urgente” forman parte habitual de la práctica directiva. Sin embargo, la célebre frase de Mafalda —personaje creado por Quino— trasciende lo anecdótico y captura una de las tensiones más particulares en la gestión de personas: la subordinación de lo relevante a la presión de lo contingente.

Las organizaciones modernas operan en entornos caracterizados por presiones constantes, y la gestión cotidiana se desencadena en torno a contingencias operativas: cumplimiento de plazos, resolución de conflictos, indicadores de corto plazo y requerimientos jerárquicos inmediatos. No obstante, esta dinámica termina desplazando —de manera silenciosa, pero sostenida— aquellos aspectos críticos para el desarrollo organizacional, tales como la formación de equipos, el liderazgo efectivo, la cultura organizacional y el bienestar laboral.

Desde la perspectiva de la gestión de personas, esta “trampa” de lo urgente implica que actividades esenciales como el desarrollo de talento, la retroalimentación constructiva, la planificación de carrera o la generación de climas laborales saludables queden relegadas a un segundo plano, bajo la premisa de que “no hay tiempo”.

Entonces, la gestión de personas enfrenta un desafío crítico: resistir la lógica de la inmediatez sin perder eficacia operativa. Esto implica no solo redefinir prioridades, sino también cuestionar prácticas arraigadas como la tendencia a postergar aquello que no genera resultados inmediatos y cortoplacistas.

En definitiva, la advertencia de Mafalda puede interpretarse como una invitación —o, incluso, como una provocación— a repensar la forma en que las organizaciones gestionan su tiempo, sus decisiones y, fundamentalmente, a sus personas.

Siempre hemos aprendido de Mafalda, y aún nos sigue enseñando…

(*): Académico, director de la Carrera de Ingeniería en Administración de Empresas, Universidad Central.

 

 

Alvaro Medina

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