
Por Ignacio Valdés.- Estas líneas no pretenden hablar directamente del catolicismo, sino más bien tomar como ejemplo la visita del León XIV a Francia, un evento que ha marcado un precedente histórico en las últimas dos décadas. Estas líneas buscan abordar el concepto de espiritualidad más que una religión en particular.
Dejo esto en claro para evitar malos entendidos y continuar este análisis desde una mirada más amplia. Las imágenes de los transeúntes arrodillados, a pocos centímetros de las cortinas metálicas cerradas en Francia, han dado la vuelta al mundo. Como nunca en estas dos últimas décadas, se había visto algo similar. Se percibió una euforia católica durante la visita del Papa.
He aquí una breve reflexión acerca de cómo la espiritualidad podría estar retornando a la vida de las personas. La pregunta es: ¿a qué se debe? ¿Cómo podría esto conectarse con la experiencia dentro de las organizaciones y, por ejemplo, con el ejercicio del liderazgo contemporáneo?
La espiritualidad no ha muerto
Estas calles, tan clásicas en la idealización del romanticismo, se transformaron en una oda a la escucha contemplativa y a la expiación de culpas, resquemores, arrepentimientos y, por qué no decirlo, miedos.
En un contexto donde la inteligencia artificial parece devorar de manera grotesca parte de la esencia de nuestra humanidad, imágenes como esta nos llevan a preguntarnos si realmente sigue vigente una conexión con algo que va más allá de un prompt.
Durante décadas hemos visto cómo iglesias se han transformado en otros espacios de uso y cómo la cantidad de fieles ha disminuido constantemente en distintas religiones alrededor del mundo. Hoy, sin embargo, pareciera que nos encontramos frente a un escenario que ha dejado perplejos incluso a los organizadores de este evento. No se esperaba una convocatoria de tal magnitud, ni mucho menos la efervescencia de quienes tuvieron la oportunidad de estar allí. Esa energía fue percibida incluso por quienes observamos a través de una pantalla, con asombro, lo que estaba ocurriendo.
La espiritualidad no ha muerto y, al parecer, esa cruz que se impregna en la frente de los fieles católicos cada Miércoles de Ceniza está tomando la forma de algo vivo, trascendiendo el mero rito espiritual.
La espiritualidad, la organización y las virtudes
¿Cómo puede conectarse la espiritualidad con una organización chilena contemporánea? Desde mi punto de vista, la respuesta es sencilla: a través de un relato. Es posible observar cómo, desde hace más de una década, nuestras organizaciones adolecen de un relato capaz de convocar a sus trabajadores a ir más allá de la labor que realizan.
Comenzamos la década de 2010 con la idea de la felicidad organizacional, impulsada por diversos autores chilenos. Más tarde surgieron conceptos como los equipos de alto desempeño y las llamadas “Happy Companies”. Hoy vemos cómo algunas organizaciones, en un intento por disfrazar la supuesta «libertad personal», diseñan campañas para tomar más agua, cumplir metas de pasos diarios y otras iniciativas similares que buscan instalar un relato de aparente cuidado hacia las personas.
Sin embargo, las cifras relacionadas con el malestar organizacional, la salud mental, las denuncias ante la Dirección del Trabajo por acoso, abuso y violencia, los resultados de instrumentos como el CEAL-SM e incluso indicadores tan dramáticos como el suicidio, parecen contar una historia muy distinta. Se ha transitado por la cuerda floja de un supuesto bienestar laboral cuando, en realidad, muchas veces se han implementado estrategias poco honestas para encubrir comportamientos erráticos y profundamente dañinos por parte de ciertos líderes.
Es precisamente en este punto donde conceptos como la virtud comienzan a cobrar relevancia. Por ejemplo, he observado conductas asociadas a la humildad en una jefatura directa. ¿Es mi jefatura honesta en su actuar? ¿Existe coherencia entre lo que dice y lo que hace?
Estas experiencias son capaces de generar más conexión con la seguridad socioafectiva de los equipos que cien mil aplicaciones de moda. Son comportamientos que trascienden la cantidad de descargas y visualizaciones. Constituyen una verdadera experiencia humana, en la que los trabajadores logran conectar con algo más profundo que un cargo o una función: la posibilidad de compartir un espacio, una tarea y un propósito común a través de un relato vivo.
La espiritualidad se está convirtiendo en el refugio de la calma, la trascendencia y la auténtica conexión con nosotros mismos. Arrodillarnos y reconocer nuestras propias confesiones nos permite volver a escucharnos en un contexto marcado por la incertidumbre.
Aquellos adoquines de las calles del amor quedaron impregnados, además, de nuestros arrepentimientos. Y eso no se aleja de la representación histórica del amor.
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