Economía

¿Por qué sube la gasolina en Chile?

Chile compra el petróleo principalmente en Sudamérica y cuenta con capacidad propia de refinación para producir su propia gasolina. Sin embargo, el mercado global, los costos de importación y la política energética determinan cuánto termina pagando el consumidor.

Por Bernardo Javalquinto.- Cada vez que aumenta el precio de los combustibles en Chile aparece una explicación recurrente: subió el petróleo internacional, aumentaron las tensiones en Medio Oriente o existen riesgos geopolíticos que están afectando el mercado energético mundial.

La explicación tiene fundamento, pero es incompleta.

Chile no obtiene actualmente la mayor parte de su petróleo crudo desde Medio Oriente. Según el Reporte Mensual del Sector Energético de la Comisión Nacional de Energía de marzo de 2026, las importaciones de crudo registradas en ese período provinieron de Brasil, con 53,27%; Ecuador, con 28,22%; y Argentina, con 18,51%. Es decir, en ese reporte, la totalidad de las importaciones de petróleo crudo tuvo origen latinoamericano.

Además, Chile no importa exclusivamente combustibles terminados. Una parte considerable del petróleo crudo es refinada en nuestro propio país. ENAP informa que sus refinerías poseen una capacidad de destilación de aproximadamente 218.000 barriles diarios y pueden abastecer más del 80% de los requerimientos de combustibles de Chile.

Esto plantea una pregunta económica legítima:

Si compramos petróleo principalmente a Brasil, Ecuador y Argentina, y además tenemos capacidad para refinarlo en Chile, ¿por qué una crisis en Medio Oriente debe transmitirse con tanta fuerza al precio que pagan las familias y las empresas chilenas?

La respuesta exige distinguir entre el origen físico del petróleo y el mercado internacional que determina su valor.

El petróleo que compramos no viene principalmente de Medio Oriente, pero su precio es internacional

Comprar crudo a Brasil, Ecuador o Argentina no significa que Chile pueda adquirirlo independientemente de las condiciones del mercado mundial.

La U.S. Energy Information Administration (EIA) explica que los precios del petróleo se determinan fundamentalmente por la oferta y demanda globales y describe el mercado internacional como una especie de subasta mundial en la que compradores y vendedores compiten simultáneamente por la oferta disponible.

Por eso, si un productor sudamericano puede vender internacionalmente su petróleo a US$100 por barril, no tendría incentivos económicos para venderlo permanentemente a Chile por US$70 simplemente porque se encuentra geográficamente más cerca.

Este concepto de costo de oportunidad es indispensable para comprender el sistema. También explica por qué un conflicto en Medio Oriente puede afectar a Chile aunque ningún barril comprado por nuestro país haya salido de Arabia Saudita, Irak, Kuwait o los Emiratos Árabes Unidos.

Pero reconocer este principio económico no significa que toda variación internacional deba trasladarse mecánicamente al consumidor nacional sin analizar sus consecuencias. Ahí comienza la discusión de política pública.

Medio Oriente influye porque el mercado es global

La Agencia Internacional de Energía (IEA) ha documentado durante 2026 la magnitud de la transmisión internacional de la crisis de Medio Oriente.

Según la IEA, antes de las interrupciones recientes transitaban por el estrecho de Ormuz aproximadamente 15 millones de barriles diarios de petróleo crudo y 5 millones de barriles diarios de productos refinados, equivalentes conjuntamente a cerca del 20% del consumo mundial de petróleo. La interrupción de estos flujos produjo efectos sobre los precios internacionales del crudo, diésel, combustible de aviación y otros derivados.

El Banco Mundial también ha señalado que las disrupciones de infraestructura energética y transporte en esa región generaron en 2026 un fuerte shock sobre los mercados internacionales de materias primas y energía, con repercusiones sobre inflación y crecimiento económico.

Por lo tanto, no sería correcto sostener que lo que ocurre en Medio Oriente es irrelevante para Chile. Sí es relevante. Lo que debe discutirse es cómo y cuánto de esa perturbación internacional debe transmitirse al mercado nacional, considerando nuestra estructura específica de abastecimiento, refinación, tributación y estabilización.

Chile refina petróleo: ¿qué ventaja estratégica obtenemos?

Esta pregunta merece mayor atención. Las refinerías convierten el petróleo crudo en gasolina, diésel, combustible de aviación y otros productos. La EIA recuerda que la refinación es una actividad industrial distinta de la extracción del petróleo y que sus costos dependen, entre otros factores, del tipo de crudo, la complejidad de la instalación y los productos que se desean obtener.

En Chile contamos con infraestructura de refinación nacional a través de ENAP. Esa capacidad tiene valor estratégico porque reduce la necesidad de importar todo nuestro consumo como producto refinado terminado. Sin embargo, refinar en Chile tampoco significa que podamos desconectarnos del mercado internacional.

La materia prima sigue teniendo un precio internacional y los combustibles refinados también se transan globalmente. La EIA señala que los precios regionales de las gasolinas tienden a moverse conjuntamente en el largo plazo precisamente porque el comercio internacional permite trasladar producto entre mercados. La pregunta, entonces, no debería formularse como si la refinación nacional pudiera eliminar el precio internacional.

La pregunta correcta es: ¿Estamos aprovechando suficientemente nuestra capacidad de refinación, nuestra proximidad con productores sudamericanos y nuestra infraestructura energética para reducir volatilidad, riesgos logísticos y costos de abastecimiento?

La particularidad chilena: precio de paridad de importación

El sistema chileno agrega otro elemento. ENAP señala expresamente que no fija ni regula el precio final de los combustibles. Su precio mayorista utiliza como referencia un precio de paridad de importación, calculado sobre la base del costo que enfrentaría un importador para traer combustible desde un mercado competitivo externo.

El mercado de referencia utilizado es la Costa del Golfo de Estados Unidos, debido a su profundidad, disponibilidad de combustibles exportables y abundancia de cotizaciones. La fórmula incorpora componentes como precio FOB, flete, seguros, logística y ajustes de calidad.

Esto conduce a una cuestión que debería estudiarse permanentemente. Chile importa buena parte de su crudo desde Sudamérica y lo transforma parcialmente en nuestras propias refinerías, pero utiliza como referencia económica para los productos refinados un mercado internacional de importación.

El concepto tiene una justificación económica: representa el costo alternativo de reemplazar producción nacional por combustible importado. Sin embargo, la existencia de esa lógica económica no impide evaluar periódicamente si el mecanismo refleja adecuadamente la realidad energética actual de Chile, el creciente abastecimiento regional y la función estratégica de ENAP.

El mercado internacional demuestra que el origen físico no basta para explicar los precios

La experiencia internacional confirma que un país no necesita comprar directamente a una región afectada para experimentar sus consecuencias.

La EIA documenta, por ejemplo, que las restricciones al petróleo ruso en 2022 provocaron aumentos del precio del diésel incluso en Estados Unidos, pese a que las importaciones estadounidenses directas de destilados rusos eran pequeñas. Europa comenzó a buscar suministros alternativos, aumentó la demanda sobre otros productores y esa reorganización del comercio terminó afectando precios en mercados que aparentemente estaban alejados del origen inicial del problema.

Ese precedente ayuda a comprender lo que ocurre con Chile. El petróleo brasileño, argentino o ecuatoriano no existe en un mercado cerrado exclusivamente para Chile. Forma parte de una red internacional de producción, comercio, refinerías, transporte, contratos y precios de referencia. Por eso, una crisis en Medio Oriente puede alterar el valor económico del petróleo sudamericano aunque físicamente ese petróleo nunca atraviese el estrecho de Ormuz.

Pero el efecto social tampoco puede ignorarse

Aquí aparece el segundo lado del problema. El combustible no es un producto cualquiera. El precio del diésel afecta directamente al transporte de carga, agricultura, construcción, minería, distribución y numerosas actividades productivas. El precio de la gasolina afecta el presupuesto de los hogares y el costo del transporte privado y comercial.

La propia OECD, en su evaluación económica de Chile de 2026, señaló que los mayores precios internacionales del petróleo se habían transmitido rápidamente a los costos internos de combustibles. También advirtió que un shock energético persistente reduce el poder adquisitivo de los hogares y eleva los costos de las empresas.

La OECD proyectó asimismo que los mayores costos de combustible y transporte contribuirían temporalmente a elevar la inflación chilena durante 2026. El Banco Mundial llega a una conclusión semejante a nivel internacional: los shocks energéticos pueden trasladarse primero a los precios de la energía, después a los alimentos y posteriormente a la inflación general, afectando ingresos reales, tasas de interés y actividad económica.

Esto significa que subir el combustible no afecta solamente a quien conduce un automóvil. Afecta la estructura de costos de una economía.

Del combustible a los alimentos

El mecanismo de transmisión es sencillo. Un agricultor utiliza maquinaria y transporte. Un camión lleva sus productos hasta un centro de distribución. Otro vehículo los transporta al supermercado. Las empresas utilizan energía para almacenar, refrigerar y distribuir.

Si aumentan persistentemente los costos de transporte y energía, una parte puede terminar reflejándose en el precio de los bienes finales. Por eso, observar el combustible solamente desde el punto de vista fiscal o desde la cotización internacional del barril ofrece una visión incompleta. La autoridad económica debe considerar simultáneamente:

precio internacional + tipo de cambio + refinación + logística + impuestos + distribución + inflación + actividad económica + poder adquisitivo.

La cuestión tributaria

El precio final tampoco corresponde exclusivamente al valor del petróleo. ENAP identifica tres componentes principales del precio al consumidor: precio de paridad de importación, impuestos y margen de distribución. Entre los impuestos se encuentran el IVA y el impuesto específico a los combustibles, cuyo componente variable interactúa con el MEPCO.

El MEPCO fue creado precisamente para atenuar las fluctuaciones de los precios nacionales de los combustibles mediante modificaciones del componente variable del impuesto específico. Esto demuestra algo relevante: el propio diseño institucional chileno reconoce que no siempre es conveniente trasladar inmediatamente toda la volatilidad internacional al consumidor. En otras palabras, el debate no consiste en elegir entre respetar o desconocer el mercado. Consiste en determinar cuál debe ser la velocidad y magnitud del traspaso del shock externo.

La experiencia internacional también advierte sobre el otro extremo

Sería incorrecto concluir que la solución consiste simplemente en congelar permanentemente los precios o subsidiar indiscriminadamente todos los combustibles. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha estudiado las respuestas de numerosos gobiernos al shock energético de 2026 y sostiene que las políticas deben proteger especialmente a los hogares vulnerables y a las empresas afectadas, pero procurando preservar las señales de precios y evitar cargas fiscales insostenibles.

El FMI informó además que cerca de 170 países habían adoptado unas 900 medidas frente al aumento de los precios de energía y alimentos durante la crisis, mostrando que el problema no es exclusivamente chileno. Sin embargo, también advirtió que las respuestas generalizadas y no focalizadas pueden tener elevados costos fiscales. La propia OECD, específicamente para Chile, considera que cualquier protección adicional frente a los precios energéticos debería ser focalizada y temporal, precisamente para evitar costos fiscales excesivos.

Por lo tanto, existe un equilibrio que las autoridades deben administrar. No trasladar ningún aumento internacional puede ser fiscalmente insostenible. Trasladarlo todo rápidamente puede perjudicar el poder adquisitivo y elevar los costos empresariales. La política pública está precisamente en encontrar el punto adecuado entre ambos extremos.

¿Dónde estaría entonces la visión de corto plazo?

A mi juicio, la visión de corto plazo no consiste simplemente en permitir que aumente o disminuya el precio de la gasolina. Consistiría en administrar cada shock como un episodio aislado, sin desarrollar una estrategia destinada a reducir estructuralmente nuestra vulnerabilidad energética.

Chile compra petróleo a países relativamente próximos. Tenemos a Brasil como importante productor regional. Tenemos a Argentina, cuya producción de hidrocarburos ha aumentado considerablemente con el desarrollo de Vaca Muerta. Tenemos a Ecuador como proveedor tradicional. Tenemos además refinerías propias, puertos, terminales, capacidad logística y una empresa estatal especializada.

La pregunta estratégica debería ser cómo combinar estas condiciones para aumentar la seguridad de suministro y disminuir la exposición del país a episodios internacionales extremadamente volátiles.

Una crisis a 15.000 kilómetros puede terminar pagándola una familia chilena

Los datos internacionales de 2026 muestran con claridad esa interdependencia. La IEA informó en agosto que las interrupciones del suministro del Golfo y las dificultades marítimas mantuvieron varios millones de barriles diarios fuera del mercado, afectando tanto el petróleo crudo como los productos refinados.

La EIA registró que el Brent pasó de US$61 por barril al comenzar 2026 a US$118 al cierre del primer trimestre, después del deterioro de las condiciones en Medio Oriente. Posteriormente, la volatilidad continuó. Los datos de la EIA muestran que el Brent promedió aproximadamente US$117,29 por barril en abril, US$107,14 en mayo, US$85,40 en junio, US$83,76 en julio y US$91,08 en agosto de 2026.

Esto demuestra que la discusión no puede reducirse a decir que “el petróleo subió”. Estamos enfrentando un mercado extraordinariamente volátil. Y precisamente frente a esa volatilidad debería evaluarse si nuestros mecanismos nacionales poseen la capacidad suficiente para proteger simultáneamente estabilidad fiscal, competitividad y bienestar de los hogares.

El desafío debería ser disminuir la vulnerabilidad, no administrar permanentemente sus consecuencias

Chile no puede controlar el precio mundial del petróleo. Tampoco puede impedir una guerra, cerrar o abrir el estrecho de Ormuz ni determinar las decisiones de producción de otros países.

Pero sí puede decidir su propia estrategia energética. Puede estudiar contratos regionales de abastecimiento de largo plazo cuando resulten económicamente convenientes. Puede evaluar reservas estratégicas suficientes. Puede fortalecer la eficiencia y competitividad de su capacidad de refinación.  Puede mejorar la transparencia de la composición del precio final.

Puede profundizar la integración energética con América del Sur. Y puede reducir gradualmente la dependencia estructural de los hidrocarburos mediante electrificación, eficiencia energética y fuentes nacionales de energía. Cada alternativa tiene costos, beneficios y limitaciones. Ninguna constituye por sí sola una solución completa.

Una pregunta que las autoridades deben responder

Por eso el debate debería superar la explicación simplificada de que “sube la gasolina porque hay una crisis en Medio Oriente”. Eso explica una parte importante de la historia. Pero no toda. La pregunta que corresponde hacer es: Si Chile compra actualmente su petróleo crudo principalmente a Brasil, Ecuador y Argentina; si posee capacidad propia de refinación; y si los combustibles tienen efectos directos sobre transporte, producción, inflación y poder adquisitivo, ¿estamos utilizando correctamente todas esas ventajas para reducir nuestra vulnerabilidad?

La economía internacional explica por qué el precio mundial nos afecta. La política económica debe explicar qué estamos haciendo para que nos afecte menos. Esa es la diferencia entre reaccionar ante una crisis y construir una estrategia energética. No dependemos principalmente de recibir petróleo físicamente desde Medio Oriente. Dependemos todavía de un sistema mundial de precios, comercio y transporte energético altamente interconectado.

Y precisamente porque esa dependencia existe, la responsabilidad de una política energética de largo plazo es disminuir sus riesgos económicos y sociales.

Referencias nacionales e internacionales

Comisión Nacional de Energía de Chile (CNE). Reporte Mensual del Sector Energético, marzo de 2026. Datos de importaciones de petróleo crudo por país de origen: Brasil, Ecuador y Argentina.

Empresa Nacional del Petróleo (ENAP). ENAP Refinerías. Información institucional sobre capacidad nacional de destilación y abastecimiento del mercado chileno.

Empresa Nacional del Petróleo (ENAP). Estructura de precios. Descripción del precio de paridad de importación, mercado de referencia US Gulf Coast, impuestos y margen de distribución.

Ministerio de Hacienda de Chile. Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles, MEPCO. Descripción institucional y funcionamiento del componente variable del impuesto específico.

International Energy Agency (IEA). Sheltering From Oil Shocks, París, 2026. Análisis de las interrupciones del estrecho de Ormuz y sus efectos sobre el mercado mundial del petróleo.

International Energy Agency (IEA). Oil Market Report, August 2026. Información sobre oferta mundial, inventarios, refinación, comercio y volatilidad de los precios internacionales del petróleo durante 2026.

U.S. Energy Information Administration (EIA). Oil Prices and Outlook. Explicación de la formación internacional de precios, oferta y demanda mundial, geopolítica y funcionamiento del mercado global del petróleo.

U.S. Energy Information Administration (EIA). What Drives Petroleum Product Prices: Trade. Análisis de cómo el comercio internacional conecta los precios regionales de los productos petroleros y transmite shocks entre distintos mercados.

U.S. Energy Information Administration (EIA). Crude Oil and Petroleum Product Prices Increased Sharply in the First Quarter of 2026, 7 de abril de 2026. Evolución del Brent y efectos iniciales de la crisis de Medio Oriente.

World Bank Group. Commodity Markets Outlook, abril de 2026. Análisis del shock energético internacional, inflación, crecimiento y transmisión de los precios de las materias primas.

International Monetary Fund (IMF). Gourinchas, P.-O.; Gracia, B.; Prady, D.; Valdés, R. Responding to the Energy and Food Price Shock: Getting the Policy Details Right, 20 de mayo de 2026. Análisis de instrumentos fiscales para proteger hogares y empresas frente a shocks energéticos.

International Monetary Fund (IMF). Natal, J.-M.; Sadikov, A. The Oil Market Absorbed the War Shock, but Buffers Are Running Low, 15 de julio de 2026. Análisis sobre oferta, inventarios y capacidad del mercado mundial para absorber perturbaciones energéticas.

Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD). OECD Economic Outlook 2026: Chile. Evaluación del impacto de los mayores precios internacionales del petróleo sobre combustibles, inflación, costos empresariales y poder adquisitivo de los hogares chilenos.

IEA, IMF, World Bank Group y WTO. Joint Statement by the Heads of the International Energy Agency, International Monetary Fund, World Bank Group, and World Trade Organization, 8 de julio de 2026. Evaluación conjunta del impacto de la crisis energética sobre inflación, actividad económica, comercio y seguridad energética internacional.

Dr. Bernardo Javalqquinto Lagos, PhD.

 

Alvaro Medina

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