
Por Rogelio Rodríguez.- Termino la lectura de una biografía de Carl Sagan redactada por William Poundstone: Carl Sagan. Una vida en el cosmos, Akal, 2015. Sus páginas, escritas en un ameno estilo que, sin embargo, no elude el rigor que exige el género, abarcan la vida del reconocido astrónomo desde antes de su nacimiento, el 9 de noviembre de 1934, hasta su temprana muerte, ocurrida el 20 de diciembre de 1996.
Poundstone hurga tanto en la cautivadora y fructífera trayectoria académica y científica de Sagan como en las vicisitudes de su vida personal, lo que hace de su libro un completo y muy instructivo registro de la figura de este notable y, a la vez, controvertido escritor y hombre de ciencia.
Leer las obras de Carl Sagan es tarea ineludible para toda persona de pensamiento libre. Sobre todo, la última que escribió, El mundo y sus demonios —que apareció en español editada por Planeta en 1997—, es un estimulante y contundente ataque, en nombre de la razón y la ciencia, a los prejuicios, las supersticiones y las creencias que se visten engañosamente con el ropaje de la fraseología científica, es decir, a lo que se conoce como pseudociencias.
Miles de millones. Pensamientos de vida y muerte en la antesala del milenio (Ediciones B, 1998), una recopilación de ensayos provocadores que Sagan preparó poco antes de morir, es también un libro muy recomendable.
Quiero centrarme, en lo que sigue, en El mundo y sus demonios. Su subtítulo es “La ciencia como una luz en la oscuridad” y, revisando sus páginas, no puede desconocerse que unas armas adecuadas para desarmar tanta charlatanería pseudocientífica que pulula a nuestro alrededor son el método científico y la actitud racional. Sagan se muestra como un expositor de primera línea para defender estos criterios en forma rotunda, clara y pedagógica y desenmascarar, así, con amenidad y elegancia, todo fraude que pretenda falazmente algún valor intelectual.
En este libro, nuestro autor se enfrenta a las falacias de las “abducciones por extraterrestres”, “las curaciones milagrosas”, “la canalización con espíritus del más allá” y otras por el estilo. El modo científico de pensar no se cierra ante nuevas realidades: imaginativo y disciplinado al mismo tiempo, insta a un delicado equilibrio entre la apertura a las nuevas ideas y el escrutinio escéptico más riguroso.
Para la ciencia no hay preguntas prohibidas ni temas sagrados, pero su examen se basa en la crítica y en la comprobación. Y ante el juicio crítico de la ciencia —como nos muestra Sagan página tras página—, asuntos como las apariciones de extraterrestres, la presencia de santos, los milagros, los mensajes de otras supuestas vidas, las profecías y el psiquismo resultan provenir, indefectiblemente, de malas interpretaciones de fenómenos naturales, de enfermedades mentales, de estados de conciencia poco familiares o, simplemente, de ignorancia y superchería.
Cada campo de la ciencia —nos dice nuestro autor— tiene su propio complemento de pseudociencia. Y agrega, además, que el vacío de cada superstición que la ciencia desaloja es llenado rápidamente con una nueva creencia mitológica.
Hoy, por ejemplo, los extraterrestres cumplen la función que antiguamente cumplían los fantasmas y las brujas, que han sido expulsados por el método científico, cruzando estos seres de otros planetas —según se cree— grandes distancias interestelares para venir a estudiarnos.
Respecto de los avistamientos de ovnis, que con cierta frecuencia se informan en medios de comunicación, Sagan explica: “La mayoría de la gente contaba lo que había visto con toda sinceridad, pero lo que veían eran fenómenos naturales, si bien poco habituales. Algunos avistamientos de ovnis resultaron ser aeronaves poco convencionales, aeronaves convencionales con modelos de iluminación poco usuales, globos de gran altitud, insectos luminiscentes, planetas vistos bajo condiciones atmosféricas inusuales, espejismos ópticos y nubes lenticulares, rayos en bola, parhelios, meteoros, incluyendo bólidos verdes, y satélites, morros de cohetes y motores de propulsión de cohetes entrando en la atmósfera de modo espectacular. Es concebible que algunos pudieran ser pequeños cometas que se disipaban en el aire”.
Si se desconoce gran parte de lo explorado por la ciencia, las personas pueden volverse muy crédulas respecto de especulaciones transmitidas por los medios de comunicación.
En lo que respecta a vida extraterrestre, por ejemplo, es razonable pensar que no estamos solos en el Universo; sin embargo, hasta ahora toda investigación científica en su búsqueda ha resultado infructuosa y no se han encontrado pruebas irrefutables de vida más allá de nuestro planeta.
Es importante, por lo tanto, acercar la ciencia a todos los ciudadanos y divulgar, de manera amplia y comprensible, sus verdaderos conocimientos. Así —y no solo en lo que respecta a la especulación sobre visitas extraterrestres—, la gente estará preparada para enfrentar el timo, la superstición o la creencia infundada.
Este libro de Sagan —como varios otros suyos— cumple con el objetivo de poner interesantes áreas del conocimiento científico a nuestro alcance; de mostrarnos que la ciencia nos garantiza una comprensión considerable de muchos aspectos de nuestra vida, de nuestro mundo y del universo, y de indicarnos que, más allá de las fronteras del saber que la ciencia ha logrado, es recomendable un sano e ilustrado escepticismo.
Rogelio Rodríguez Muñoz es académico de la USACH y de la U. Mayor
El último informe de la Superintendencia de Pensiones revela cómo las brechas laborales, salariales y…
La derecha, la izquierda y la socialdemocracia hablan de “orden”, pero no del mismo orden.…
La triste historia de los clientes de ENEL, los medidores inteligentes y los “consumos brujos”,…
Chile compra el petróleo principalmente en Sudamérica y cuenta con capacidad propia de refinación para…
La inteligencia artificial no es el problema: es el espejo que revela cómo estamos pensando,…
El Cardenal Chomali emplazó al Estado a erradicar la corrupción, señalando que sin instituciones íntegras…