Opinión

La batalla por el orden en Chile

La derecha, la izquierda y la socialdemocracia hablan de “orden”, pero no del mismo orden. Desde Gramsci hasta Portales, este concepto revela una lucha por la hegemonía cultural que define qué se considera legítimo, justo y democrático en el Chile del siglo XXI.

Por Hugo Cox.- En nombre de la libertad, la democracia y el orden, se han cometido los mayores horrores de la historia. Ningún hecho justifica un golpe de Estado; la enseñanza que nos entrega nuestro pasado es que la democracia debe cuidarse siempre.

A propósito de lo anterior, la derecha esgrime el orden como un elemento que orienta su trayectoria. Pero ¿cuál es la diferencia entre el concepto de orden de la derecha y el orden de la socialdemocracia o de la izquierda?

El filósofo Antonio Gramsci sostiene que “el orden no es un estado neutro ni natural de la sociedad, sino una construcción política y cultural articulada a través del concepto de hegemonía”.

El grupo dominante no mantiene el orden social únicamente mediante el aparato represivo del Estado (policía o ejército), sino mediante la dirección moral e intelectual. El orden se consolida cuando la clase dominante logra que sus valores e intereses sean aceptados por las clases subordinadas como el “sentido común” de la época.

Gramsci define al Estado no solo como la sociedad política (fuerza, leyes y coerción), sino como la combinación de sociedad política + sociedad civil (instituciones culturales, escuelas, medios, iglesias). El “orden conservador” es duradero porque está arraigado en la sociedad civil.

Crisis orgánica

Cuando la clase dominante pierde la capacidad de convencer (pierde la hegemonía) y solo puede recurrir a la coerción para mantener el orden, se produce una crisis orgánica. En este punto, las masas se desprenden de sus ideologías tradicionales y el orden establecido entra en disputa.

Para la izquierda, la transformación del orden no se logra mediante un asalto violento e inmediato al poder estatal, sino a través de un trabajo cultural e institucional prolongado dentro de la sociedad civil para construir una contrahegemonía que redefina qué se entiende por un orden justo.

El orden desde la matriz conservadora en Chile

En la tradición política chilena, el conservadurismo ha entendido el orden no como un mero dispositivo técnico de coacción, sino como un principio moral y de cohesión social.

Heredero de la figura de Diego Portales y la Constitución de 1833, el conservadurismo concibe el orden como un “orden impersonal” respaldado por un Estado fuerte y autoritario. Este marco busca prevenir el caos institucional y garantizar la estabilidad necesaria para el desarrollo económico y la propiedad privada.

Se asume que la sociedad posee una estructura jerárquica orgánica donde la autoridad debe ser respetada. La alteración del orden público no se interpreta como la manifestación de un malestar distributivo, sino como una anomia o amenaza a la convivencia civilizada.

En el debate contemporáneo, la centroderecha vincula el orden al cumplimiento estricto de la ley, la contención del delito y el resguardo de la certeza jurídica.

La izquierda y la socialdemocracia no rechazan la idea de orden, pero disputan su definición y fundamentos.

A diferencia del enfoque represivo o procedimental, la izquierda argumenta que el verdadero orden nace de la cohesión social, la reducción de la desigualdad y la garantía de derechos fundamentales (salud, educación, pensiones).

Históricamente, sectores de la izquierda han visto las apelaciones conservadoras al “orden” como un ropaje institucional para proteger el status quo y los intereses de las élites. Sin embargo, la socialdemocracia sostiene que la institucionalidad y la seguridad son bienes públicos que benefician primordialmente a los sectores más vulnerables.

El dilema de la gobernabilidad

En la política chilena reciente, la socialdemocracia busca conciliar la reforma democrática con el resguardo de la seguridad pública, proponiendo un orden democrático donde la autoridad del Estado es legítima en la medida en que respeta los Derechos Humanos y atiende la justicia redistributiva.

Chile requiere orden para su desarrollo. Pero ¿qué tipo de orden resguarda mejor el crecimiento y la cohesión social? La contradicción debe resolverse mediante consensos amplios y la construcción de una nueva hegemonía que legitime un concepto de orden acorde a las exigencias democráticas del siglo XXI.

Alvaro Medina

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