Desde La Boca de Rapel, en la Región de O’Higgins, Eduardo Valenzuela Magaña impulsa SITER, una plataforma que combina información territorial, inteligencia artificial y modelos predictivos para apoyar la prevención de incendios forestales. Su propuesta también plantea un desafío mayor: demostrar que las comunidades rurales pueden convertirse en protagonistas de la innovación y el desarrollo tecnológico de Chile.
Por ElPensador.io.- En un país donde los incendios forestales representan una amenaza recurrente para las comunidades, los ecosistemas y las actividades productivas, la prevención se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la gestión territorial. La emergencia climática, la expansión de los asentamientos humanos y la complejidad de los territorios obligan a pensar en nuevas herramientas capaces de anticipar riesgos y mejorar las decisiones de las instituciones responsables.
Pero las soluciones no necesariamente deben surgir de las grandes universidades, los centros tecnológicos metropolitanos o las instituciones del Estado. También pueden nacer en pequeñas localidades, donde el conocimiento profesional, la experiencia comunitaria y las nuevas tecnologías encuentran oportunidades para enfrentar problemas concretos.
Ese es el caso de SITER, un sistema de información y gestión territorial desarrollado desde la comuna de Navidad, en la Región de O’Higgins, que combina antecedentes geográficos, modelos expertos e inteligencia artificial para apoyar la prevención de incendios forestales. Su propuesta busca identificar sectores de mayor riesgo, facilitar la coordinación institucional y transformar grandes volúmenes de datos en información útil para la acción preventiva.
Detrás de esta iniciativa está Eduardo Valenzuela Magaña, ingeniero industrial, magíster en Filosofía de las Ciencias y especialista en visión artificial y deep learning, quien preside la Fundación Satélites Académicos Rurales.
Desde La Boca de Rapel, Valenzuela plantea una reflexión que trasciende la tecnología: la verdadera riqueza de las comunas rurales no reside únicamente en sus recursos naturales, sino también en el conocimiento, la creatividad y las capacidades de sus habitantes.
En esta entrevista explica cómo nació SITER, cuáles son sus posibilidades y limitaciones, por qué la inteligencia artificial puede abrir nuevas oportunidades para las regiones y qué significa invertir en la formación de jóvenes capaces de construir soluciones desde sus propios territorios.
—¿Cómo nace SITER desde una comuna rural como Navidad?
Nace de una inquietud muy humana. Vivimos en una comuna y una región donde los incendios forestales son una amenaza real. Conocemos sus consecuencias para las familias y las comunidades. Frente a esas emergencias, uno quisiera contribuir, pero surge una pregunta: ¿desde dónde puedo hacerlo? En mi caso, desde la ingeniería, el análisis de información y mis competencias profesionales, comencé a pensar si podía construir una herramienta que ayudara al trabajo preventivo.
Lo extraordinario es que hoy vivir lejos de los grandes centros de decisión no significa estar lejos de la posibilidad de crear soluciones. Desde La Boca de Rapel podemos trabajar en desafíos que tienen alcance regional y nacional. Ya no tenemos que sentirnos solamente espectadores: podemos participar y aportar.
Hay algo que me importa especialmente: no se trata de competir con las instituciones que llevan décadas trabajando en emergencias. Se trata de preguntarnos qué podemos ofrecerles desde nuestras propias competencias. La pertenencia a una comunidad también genera responsabilidad. Y esa responsabilidad, cuando se une al conocimiento, puede convertirse en una iniciativa concreta.
—¿Qué cambió con la inteligencia artificial?
Antes, un proyecto de esta complejidad habría requerido grandes equipos, recursos e infraestructura. Hoy, la inteligencia artificial y las herramientas de programación permiten que una persona preparada avance mucho más lejos. Eso no significa que la máquina sustituya el conocimiento: hay que saber formular el problema, evaluar las fuentes, interpretar los resultados y reconocer los errores.
Para las regiones, esta es una oportunidad enorme. Podemos dejar de ser solamente consumidores de tecnología y participar también en su desarrollo. Es un cambio cultural: el conocimiento ya no tiene por qué estar concentrado exclusivamente en las grandes ciudades.
Esto exige mantener una actitud crítica. Una respuesta generada por inteligencia artificial puede ser convincente y estar equivocada. Debemos contrastar fuentes, documentar cada procedimiento y saber cuándo necesitamos acudir a especialistas. La tecnología democratiza ciertas herramientas, pero no elimina el rigor que exige utilizarlas responsablemente.
—¿Cómo funciona SITER?
SITER es un sistema de información y gestión territorial para apoyar a las instituciones que trabajan en la prevención de incendios forestales. Divide el territorio en cuadrantes de 500 por 500 metros, equivalentes a 25 hectáreas, y reúne antecedentes sobre vegetación, condiciones del terreno, historia de incendios, viviendas, accesos e infraestructura.
Con esa información aplicamos modelos expertos que estudian tres dimensiones: ignición, propagación y consecuencia. La idea es entender que no todos los sectores presentan las mismas amenazas ni requieren las mismas medidas. Así, las instituciones pueden decidir dónde concentrar sus inspecciones y acciones preventivas.
—¿Se trata solamente de un mapa de riesgo?
No. Lo relevante es conectar el análisis con la gestión. Un coordinador regional puede abrir un caso en un cuadrante, derivarlo a la supervisión municipal y, de allí, al equipo de terreno. Se registran observaciones, evidencias y medidas de mitigación, de modo que cada caso tenga seguimiento. La información sirve verdaderamente cuando se convierte en decisiones y acciones verificables.
La escala del cuadrante es importante porque permite trabajar con unidades territoriales manejables. Dos sectores relativamente próximos pueden presentar realidades distintas: pendientes, vegetación o accesos que cambian las condiciones de prevención. El objetivo es que esa diferencia se refleje en planes concretos, no solamente en una representación visual atractiva.
—Usted ha mencionado una gran base de datos. ¿Por qué es tan importante?
Hay una palabra clave: dataset, que significa conjunto organizado de datos. Para mí, es el corazón del sistema. Hemos reunido y procesado del orden de medio millón de registros históricos y territoriales. Hacer manualmente esas consultas, cruces de mapas, fechas y variables habría sido una labor gigantesca. La inteligencia artificial ha ayudado a abordar ese trabajo, pero siempre debemos revisar la calidad de los datos.
La cantidad por sí sola no garantiza nada. Su valor está en construir una base coherente que permita descubrir relaciones y apoyar decisiones. Un millón de datos desordenados puede aportar menos que un conjunto más pequeño, pero confiable.
También aprendimos que los datos provienen de fuentes distintas y no siempre coinciden en escala, fecha o cobertura. Por eso hay que depurarlos, compararlos y registrar su origen. Ese trabajo menos visible es indispensable: no podemos pedirle a un modelo que sea confiable si los antecedentes de entrada no lo son.
—¿Puede el sistema anticipar incendios?
Tenemos dos enfoques complementarios. El primero usa indicadores expertos sobre el territorio. El segundo es una capa experimental de machine learning, o aprendizaje automático, que analiza relaciones estadísticas en información histórica. Trabaja con unas veinte variables para estimar probabilidades de ocurrencia en una ventana de siete días.
Esto no quiere decir que podamos afirmar que habrá un incendio a una hora y en un punto determinado. Lo que se busca es identificar sectores con mayor probabilidad relativa y ayudar a priorizar inspecciones. Es imprescindible continuar validando el modelo con datos independientes antes de utilizar sus estimaciones para decisiones operativas.
—¿SITER busca reemplazar las herramientas de CONAF o SENAPRED?
En absoluto. CONAF cuenta, por ejemplo, con el Botón Rojo. Nuestra propuesta es complementaria: incorpora análisis territorial, aprendizaje automático y seguimiento de acciones preventivas. SENAPRED tiene un papel esencial como coordinador del sistema de prevención y respuesta, y los municipios conocen de primera mano sus territorios. Queremos que los especialistas evalúen SITER y ayuden a perfeccionarlo; no reemplazar su experiencia.
Nuestro propósito no es convertir un resultado estadístico en una verdad incuestionable. Es producir una señal adicional que pueda ser examinada junto a los pronósticos, la observación de terreno y los criterios institucionales. En la prevención, una advertencia útil debe permitir actuar con prudencia, no transmitir una sensación falsa de precisión.
—¿Qué relación tiene este proyecto con su visión del desarrollo rural?
Desde la Fundación Satélites Académicos Rurales sostenemos que la riqueza de una comuna no está solamente en sus recursos naturales. El paisaje, el mar y el territorio son parte de nuestra identidad y tienen un enorme valor. Pero el recurso más importante es la inteligencia, la creatividad y la capacidad de sus habitantes.
Cuando formamos a un joven, le entregamos herramientas para toda su vida: podrá innovar, emprender, generar empleo y resolver problemas que hoy ni siquiera imaginamos. Por eso creo que una de las inversiones más profundas que podemos hacer es invertir en las personas.
Pienso, además, en los jóvenes que hoy crecen viendo que buena parte de las oportunidades más especializadas están lejos de sus hogares. No todos podrán o querrán desarrollar una carrera tecnológica, pero todos deberían tener la posibilidad de elegir. Formar capacidades ensancha ese horizonte y fortalece la autonomía de nuestras comunidades.
—¿Cuesta que se valore esa inversión en conocimiento?
A veces sí. Una plaza, un edificio o un muelle son obras necesarias y visibles: pueden inaugurarse y fotografiarse. En cambio, ¿cómo se fotografía el desarrollo intelectual de un joven? ¿Dónde se corta la cinta cuando alguien aprende a pensar críticamente o a resolver un problema complejo?
Entiendo por qué las autoridades valoran los resultados materiales; son más fáciles de mostrar. Pero también debemos reconocer las inversiones cuyos frutos no tienen forma física. SITER es un sistema de información y gestión. Si logra contribuir a prevenir una emergencia, su mayor resultado podría ser precisamente algo que no ocurrió. Eso también tiene un valor público extraordinario.
No propongo elegir entre infraestructura y educación. Necesitamos ambas. Lo que propongo es equilibrar la manera en que medimos sus resultados. Una obra física tiene indicadores de avance evidentes; una inversión en formación también puede evaluarse, pero mediante aprendizajes, oportunidades, proyectos y trayectorias personales a lo largo del tiempo.
—¿Qué oportunidad educativa ve en esta experiencia?
Nuestra Fundación busca acercar la educación superior a las comunas rurales, combinando formación en línea con acompañamiento, tutores y vínculos académicos. La inteligencia artificial abre una nueva dimensión: enseñar a los jóvenes no solo a usar aplicaciones, sino a trabajar con datos, programar, evaluar modelos y desarrollar soluciones.
Me gustaría que estudiantes de Navidad participaran en proyectos reales y pudieran decir: si desde aquí se está construyendo una herramienta para enfrentar incendios, también podemos crear soluciones para la pesca, la agricultura, el turismo o el medioambiente. Cuando un estudiante descubre que lo que aprende sirve para mejorar la vida de sus vecinos, el conocimiento adquiere otro sentido.
En este punto resulta fundamental el acompañamiento. Entregar acceso a una plataforma no es lo mismo que formar a una persona. Hacen falta profesores, tutores, ejercicios, trabajo colaborativo y oportunidades de aplicar lo aprendido. Me interesa especialmente que los proyectos partan de preguntas reales que la comunidad considere importantes.
—¿Qué falta para que SITER pueda utilizarse institucionalmente?
Hemos avanzado en la plataforma, en los cuadrantes, en los indicadores expertos, en el flujo de gestión preventiva y en un modelo experimental de aprendizaje automático. Ahora necesitamos contrastar todo eso con la experiencia de las instituciones y con pruebas en terreno. Nos interesa dialogar con SENAPRED, CONAF y los municipios para someter la propuesta a revisión técnica.
Hay que comprobar qué funciona, qué debe corregirse y cuál es la confiabilidad real del modelo. Una herramienta seria debe mostrar sus fortalezas, pero también reconocer sus límites.
El desarrollo tecnológico no termina cuando una pantalla funciona. Falta comprobar procedimientos, seguridad, calidad de datos, facilidad de uso y capacidad de mantener el sistema en el tiempo. La colaboración institucional nos permitiría, además, ajustar el lenguaje y la información a las necesidades concretas de quienes toman decisiones preventivas.
—¿Qué mensaje le gustaría dejar a las autoridades y a los jóvenes?
Que debemos atrevernos a invertir mucho más en capacidades humanas. Los recursos naturales son importantes, pero pueden agotarse; las actividades productivas cambian. Una comunidad que desarrolla conocimiento, creatividad y formación científica tendrá mejores herramientas para adaptarse y prosperar.
No queremos que nuestros jóvenes crean que para participar en el futuro necesariamente deben abandonar su territorio. Queremos que descubran que también pueden construirlo desde aquí. SITER nace de una preocupación concreta por los incendios de nuestra región, pero expresa algo mayor: desde una comuna pequeña también podemos aportar soluciones de alto nivel técnico.
El desarrollo no consiste solamente en llevar obras a las comunidades; consiste en darles capacidades a las personas para que sean protagonistas de su propio destino.
Para mí, esta es una invitación a cambiar la forma en que miramos nuestras comunas. No solo como lugares que deben recibir ayuda, sino como espacios capaces de crear conocimiento y ofrecer aportes al país. Esa confianza no sustituye la inversión pública ni las alianzas; más bien, nos permite participar en ellas con una propuesta propia.

