Una lectura que pasa del prejuicio al asombro: la sutileza narrativa de Kawabata revela una historia íntima de deseo, memoria y venganza, donde la belleza y la tragedia avanzan con una delicadeza implacable.

Por Yady Campo Ramírez.- Llegué a esta novela gracias al regalo de un buen amigo, que además se esmeró en la dedicatoria (una de las mejores que me han hecho, por cierto). Empecé a leerla con entusiasmo, pero lo perdí rápidamente. Las razones son muy variadas: falta de tiempo, una promesa de erotismo que no veía llegar, pero, sobre todo, porque —sin razón aparente— en mi mente rondaba la pedante idea de que este Premio Nobel de Literatura no se comparaba a sus pares Gabriel García Márquez o José Saramago.
Semejante prejuicio se derrumbó por completo cuando, al fin, retomé la lectura con el ritmo, el interés y la objetividad que exigía la obra. Lo bello y lo triste (Yasunari Kawabata, 1965) es una novela sosegada, que va contando una historia de amor, desamor y venganza a cuentagotas, sin perder por un momento la belleza que, de seguro, se propuso su autor desde la primera línea.
Si bien el erotismo hallado acá es muy sutil, no deja de ser entrañable. Además, no es el único gancho que emplea el relato: encontramos una narrativa en la que, si no estás atento, te pierdes, pues salta a otras escenas y/o épocas importantes para el desarrollo de la trama, pero, sobre todo, para construir la personalidad de los personajes, lo cual es muy relevante al momento de considerar si una novela es brillante o no.
De esta suerte, no solo el protagonista tiene un arco amplio que va desde lo canalla hasta la más absoluta vulnerabilidad, sino que su interés amoroso —y eje principal de la novela— también presenta matices que corroboran la grandeza de la pluma de este Nobel de Literatura.
La antagonista y ejecutora de la venganza también está cimentada en múltiples contrastes y requiere, por tanto, de especial atención si queremos entenderla y apreciarla en su justa dimensión.
Finalmente, merece una mención muy especial la descripción de los ambientes: tan finamente dibujados, tan relevantes y hermosos como si toda la tragedia que los rodea fuera una sátira, una contradicción. Por todo ello y más, se puede concluir, con total honestidad, que esta novela es un deleite y debe saborearse con el gusto y la contundencia de la venganza misma.
Yady Campo Ramírez es escritora venezolana, ganadora del XV Concurso Internacional de Narrativa Ignacio Manuel Altamirano (México, 2018)

