
Por Hugo Cox.- Durante el siglo XX y XXI, Chile ha sido un país de clase media, clase media que en general ha tenido una orientación socialdemócrata en cualquiera de sus manifestaciones.
La izquierda no logra procesar a este sujeto histórico y no supera el trauma de las transformaciones de los años 70. Una parte de la izquierda sitúa en ese período el abandono de la lucha de clases. Las izquierdas se pluralizan, se da un auge de las nuevas identidades, de batallas culturales y simbólicas; ese período es como una radicalización de la lucha de clases: es una lucha transformándose a sí misma.
Entonces, las clases trabajadoras amplían sus horizontes existenciales y desaparece la posibilidad de pensar la totalidad social desde el obrero. Eso produce desorientaciones que perduran.
Pero entre los años 25 y 30 surge en Chile la clase media, que da origen a nuevos anhelos, deseos y expectativas dentro de la construcción de un nuevo modelo de desarrollo (sustitución de importaciones).
¿Qué es la clase media?
Es una categoría de autoidentificación. Existe en la medida en que hay un segmento importantísimo de la población que dice pertenecer a ella. Es una clase enigmática. Si alguien dice que es clase trabajadora, es porque no posee los medios de producción. Si un empresario dice que es clase trabajadora, debemos señalarle que no lo es. Pero en la clase media cualquiera puede identificarse.
El reconocimiento de esta va cambiando, pero su matriz se mantiene: la clase media es una escenificación, determinada por el consumo, sus relaciones, trabajos y bienes raíces. Es el querer ascender individualmente desde una simple lógica aspiracional. Tiene conciencia solo de estatus; lo que no importa es la posición que se ocupa en los medios de producción, sino el prestigio social.
Parte de la izquierda ha pensado que la clase media se construye desde arriba, una utopía que los capitalistas lanzan para adormecer a la clase trabajadora. Pero también puede leerse como el resultado de sus conquistas materiales. Así se produjo una individualización de las formas de vida. La clase media ha funcionado, como dice el sociólogo Emmanuel Rodríguez, como el exorcismo de la lucha de clases. Los marxistas quieren una sociedad sin clases; la clase media aspira a una sociedad casi sin clases.
La clase media en Chile
A diferencia de las aristocracias terratenientes, la clase media chilena nació “al alero del Estado”. Con la Constitución de 1925 y la expansión del Estado Docente, se consolidó un grupo de profesionales, profesores y militares que no dependían de la propiedad de la tierra (la hacienda), sino de su capital intelectual.
Identidad: Se definió por el acceso a la educación pública y el empleo público.
Hito político: La llegada de la clase media al poder se simboliza con la elección de Arturo Alessandri Palma y, posteriormente, con los gobiernos radicales (1938-1952), bajo el lema “Gobernar es educar”.
En los años 60 surge en Chile un proceso de transformaciones sociales que da paso a un país fuertemente influido por la Revolución Cubana, sobre todo en ciertos sectores de la izquierda.
Bajo las reformas económicas impuestas durante la dictadura militar, el rol de la clase media cambió drásticamente. El desmantelamiento de gran parte del aparato estatal obligó a este sector a buscar bienestar en el mercado privado (salud, pensiones y educación pagada).
Sujeto de consumo: La identidad de clase media dejó de ser “el título universitario” para pasar a ser el “estilo de vida” y la capacidad de crédito.
Vulnerabilidad: Nace la “clase media protegida” (vinculada al capital) y la “clase media emergente”, que vive en un estado de fragilidad constante ante enfermedades o desempleo.
En las últimas décadas, la clase media se convirtió en un sujeto histórico crítico debido a la paradoja del éxito. Al ser el grupo que más creció cuantitativamente, fue también el que más sintió el “techo de cristal” del modelo económico.
Factores de su consolidación como sujeto político:
El concepto de “malestar”
Hoy, la clase media chilena es un sujeto histórico definido por el malestar. Según sociólogos como Alberto Mayol o Carlos Peña, este grupo ha pasado de ser una masa pasiva a una fuerza electoral volátil.
Para entender la clase media chilena a través de Antonio Gramsci, especialmente mediante el concepto de revolución pasiva, debemos mirar cómo el Estado y las élites han gestionado las demandas de este grupo para evitar transformaciones radicales.
Gramsci utiliza este término para describir procesos donde las clases dominantes incorporan las demandas de las clases subordinadas, pero lo hacen “desde arriba”, desarticulando su potencial revolucionario.
La clase media ha funcionado históricamente como el “cemento” de la sociedad civil chilena. Según la teoría gramsciana, la hegemonía no solo se mantiene por la fuerza, sino por el consenso.
Gramsci distingue entre el intelectual tradicional y el intelectual orgánico.
En Chile, la clase media ha pasado de producir intelectuales orgánicos que defendían el proyecto del Estado a una fragmentación donde el sujeto actual busca nuevos relatos.
Hoy, la lucha se da en el campo de la batalla cultural: ¿se identifica la clase media con la meritocracia liberal o con la protección social solidaria en la actual coyuntura? Esta transición explica su volatilidad. Al no tener una “conciencia de clase” rígida, fluctúa entre el deseo de orden (conservadurismo) y el deseo de cambio (progresismo), dependiendo del discurso que mejor articule su incertidumbre (entre el Padre Hurtado y Diego Portales).
Conclusión
En síntesis, los partidos progresistas deben articular un programa que interprete a este sector: un programa coherente que respete sus anhelos y otorgue seguridad. Para ello, Chile requiere una amplia convergencia política que involucre a sectores cristianos y laicos.
Existe experiencia histórica que debe ser leída con los ojos de la actual coyuntura (proceso que se inicia en el siglo XX con la convergencia democrática y continúa con la Concertación). Al estudiar estos procesos, se pueden extraer lecciones sobre cómo se generaron acuerdos políticos.
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