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La miopía en la lectura social

Por Hugo Cox.- Han pasado algunos días de la realización del plebiscito de salida, que tuvo un desenlace inesperado para gobierno así como para los partidarios del Apruebo. Fue un proceso en que el gobierno se jugó su capital político, en una decisión de alto riesgo (un tema desarrollado en columnas anteriores), en que se ganaba todo o se perdía todo.

No se debe olvidar la caracterización que realiza Zigmunt Bauman de la sociedad globalizada, en que plantea que hoy en día las relaciones son líquidas, lo que se traduce en que los compromisos con el otro o con las instituciones públicas o privadas son relaciones que buscan beneficios de corto alcance. Existe un temor a compromisos mayores ya sea en las relaciones personales o institucionales, y las instituciones ven las relaciones desde la misma perspectiva con los otros, solo a partir de la búsqueda de obtención de algún rédito.

Dicho lo anterior, lo que ocurre con los seres humanos en particular es que son seres humanos históricos: hay en ellos historicidad y, normalmente, se ubican en los extremos y no en sus relaciones intermedias. Además, no se debe olvidar nunca que el ser humano está condenado a la transformación permanente a partir de lo que lo rodea, que la historia es un permanente cambio y esto se refleja fundamentalmente en la persona y en sus organizaciones de distinta índole. Se debe siempre tener en cuenta que la vida de las personas no se da dentro de los grandes proyectos históricos, pero sí está muy influida por su pasado, pero también en mayor medida por su pasado futuro (el cómo proyectar el pasado al futuro). El peso del pasado en sus personas no se da entorno a grandes hechos -como la caída del muro de Berlín o el incendio de las torres gemelas, etc.-, que marcan los ciclos históricos. Lo que ocurre en las personas se da todo en el ámbito de la vida misma, que permanece casi inalterada, lo que le permite transitar a través de la historia sin grandes sobresaltos; es la búsqueda permanente de una relativa estabilización, y en este trabajo de estabilización la cultura permite que el individuo se acerque a un mundo común y cada cierto tiempo hay fenómenos que nos permiten interrogarnos lo que somos.

Cada ciudadano vive una realidad que configura su vida a través de un entramado de aprendizaje de ideas y pensamientos, experiencias de vida y costumbres heredadas y aprendidas en el paisaje cultural, que se interrelacionan y que a su vez se proyectan desde la sociedad, sus instituciones y organizaciones. Sus finalidades y propósitos deben ser lo más coherente posible con la forma estar o habitar en un lugar determinado.

De un tiempo a esta parte, la sociedad ha sufrido niveles de maltrato, y por otra parte la crisis manifestada en 2019 se ha ido profundizando, transformándose en una fractura social cuyas consecuencias no se perciben aun con claridad, agravadas por causas internas y externas que durante el presente año no dan trazos de aminorar.

Sin duda que seguirán los análisis de lo que significa el acto electoral y sus resultados, pero además asistimos a esa lectura muy autocomplacientes. Se perdió “porque los otros hicieron campaña con mentiras, porque el poder del dinero compro conciencias” y un largo etc., pero cero autocrítica responsable.

Creo que una de las grandes lecciones que dejó el plebiscito de salida es que las lecturas de la realidad no son lineales, no se leyó que los cambios que operan en la sociedad son muy complejos, no hay relaciones mecánicas en la sociedad. Muchos pensaron (en su egolatría) que el cambio era a partir de papers destinados a un nicho muy específico y que era traspasable a la sociedad que es demasiado compleja, que va más allá de lo identitario, y de lo que plantean algunas ONG.

En síntesis cuando se niega el pasado o simplemente se desprecia, se corre el riesgo de no entender o no querer entender la realidad histórica que estaba presente (lo factual).

Cuando un proyecto político no hace un análisis de la realidad histórica en que debe actuar, se transforma en una utopía sin historia, y su destino irremediable es su fracaso.

El futuro está abierto, pero su construcción dependerá de cómo se lee el pasado y desde este presente construir un futuro aceptado por todos.