Filosofía

Manifiesto por la Soberanía Semántica: contra la Exclusión y el cierre de la Mente

La educación chilena opera bajo una lógica administrativa que aplasta la soberanía semántica, confunde estandarización con calidad, ignorando la neurodiversidad, la complejidad cognitiva del aula y el rol mediador del lenguaje. Entre métricas que reducen el pensamiento y burocracias que asfixian la pedagogía, urge una administración que recupere el sentido, la inclusión y la vida como núcleo del aprendizaje.

Por Fabiola Monasterio.- La administración educacional padece de una ceguera ontológica. Mientras el sistema se obsesiona con estándares de medición como el SIMCE o la PAES, hemos construido una estructura que, en su afán de “normalización”, excluye deliberadamente a los alumnos con Necesidades Educativas Especiales (NEE) y a la comunidad autista.

Habiendo sido colaboradora técnica del MIDE UC en la evaluación de instrumentos para docentes y partícipe en procesos de selección para la Carrera Docente, conozco de cerca la brecha entre la métrica estandarizada y la realidad cognitiva del aula. He observado cómo la “distancia de escritorio” —donde la burocracia técnica del CPEIP y equipos integrados por profesionales sin experiencia de aula deciden los criterios de calidad— termina por asfixiar el saber pedagógico.

Perspectiva global: del CPEIP al Plan Bolonia

Desde mi residencia actual en España, observo que esta patología es transatlántica. El Plan Bolonia ha exportado una lógica de eficiencia que prioriza la formación de “operadores de competencias” por sobre la de pensadores críticos. Es la misma raíz que alimenta al CPEIP en Chile: una administración que cree que la calidad se mide en créditos y estandarización, olvidando que la educación es, ante todo, una forma de vida. La mercantilización del saber europea es el espejo donde Chile hoy se mira para justificar el cierre de la mente.

El DUA y el Decreto 83: imperativos éticos, no trámites

La implementación del Diseño Universal de Aprendizaje (DUA) y las adecuaciones del Decreto 83 no deben ser meras cargas administrativas para validar tramos. Desde la perspectiva de Ludwig Wittgenstein, son herramientas para diversificar los juegos del lenguaje. Si los límites del lenguaje son los límites del mundo, un currículo rígido que no se adapta a la neurodiversidad es una mutilación del horizonte vital del estudiante. La inclusión no es un favor; es un derecho a la existencia semántica.

La psicopedagogía como ingeniería del sentido

Es inaceptable que la educación pública carezca de psicopedagogos en sus contextos más vulnerables. El psicopedagogo es el arquitecto de la mediación. Sin este profesional, el alumno queda confinado al silencio cognitivo. No existe “efectividad” si un sistema —que hoy sufre de desarticulación administrativa— le exige perfección al docente, pero falla en proveer el soporte clínico básico.

La PAES y el simulacro de la aptitud

La PAES es el síntoma final de esta ceguera. Es una estructura que reduce el pensamiento a un entrenamiento de velocidad y descarte. Mientras el Estado le exige al alumno una precisión algorítmica, la burocracia interna a menudo se pierde en la ineficiencia. La PAES no mide talento ni capacidad de habitar un lenguaje académico; mide la capacidad de someterse a un estándar que penaliza el pensamiento divergente.

La naturaleza como mediadora de lo abstracto

Mi experiencia en la Dirección de Actividades en la Naturaleza en Galicia, sumada al emergente movimiento de Escuelas Bosque en Chile, confirma que el aprendizaje no ocurre solo entre cuatro paredes. La naturaleza es el espacio de soberanía cognitiva donde la atención y la memoria se activan sin la presión del estándar burocrático. La planificación debe dejar de ser un ejercicio de supervivencia administrativa para convertirse en un mapa de descubrimiento.

Conclusión: hacia una administración del sentido

Exigimos una administración que pase de la logística de materiales a la logística del significado. El educador y el psicopedagogo tienen la obligación ética de ser mediadores de la conciencia, no meros ejecutores de rúbricas externas. Como sentenció Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.

Nuestra misión es ensanchar esos límites. Solo una educación que conquista lo abstracto, abraza la neurodiversidad y se reconecta con la vida es capaz de derribar los muros que hoy confinan el pensamiento humano.

Fabiola Monasterio Ríos es Máster en Filosofía, Máster en Dirección de Actividades Educativas en la Naturaleza y Postgrado en Psicopedagogía. Ex-colaboradora técnica del MIDE UC.

Alvaro Medina

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