El Pensador
  • Inicio
  • Opinión
  • Actualidad
  • Cultura(s)
  • Mundo Académico
  • Línea Editorial
    • Suscríbete a ElPensador.io
    • Comunícate con nosotros
  • LEX | Avisos Legales de ElPensador.io
  • Librería ElPensador.io
Lectura: Moya no pagó: la promesa incumplida sobre el CAE
Compartir
Cambiar tamaño de fuenteAa
El PensadorEl Pensador
  • Inicio
  • Opinión
  • Actualidad
  • Cultura(s)
  • Mundo Académico
  • Línea Editorial
  • LEX | Avisos Legales de ElPensador.io
  • Librería ElPensador.io
  • Inicio
  • Opinión
  • Actualidad
  • Cultura(s)
  • Mundo Académico
  • Línea Editorial
    • Suscríbete a ElPensador.io
    • Comunícate con nosotros
  • LEX | Avisos Legales de ElPensador.io
  • Librería ElPensador.io
Síganos
Opinión

Moya no pagó: la promesa incumplida sobre el CAE

Última actualización: 28 de junio de 2026 10:25 am
5 minutos de lectura
Compartir
cae cobro
Compartir

Del célebre eslogan comercial que marcó una época en Santiago a las promesas incumplidas sobre el CAE, una reflexión sobre la responsabilidad fiscal, las expectativas ciudadanas y el costo de las decisiones públicas.

Por Cristián Pérez.- Comenzaba a transcurrir la segunda mitad del siglo XX y, en pleno centro de Santiago, específicamente en la intersección de las calles Rozas y Puente, funcionaba una casa comercial llamada Casa Moya, propiedad de don Ramón Moya Lasalle, quien fue alcalde de la comuna de El Monte durante dos períodos, entre 1967 y 1973, y posteriormente entre 1992 y 1996.

Con el propósito de promocionar la tienda e incrementar sus ventas, sus dueños tuvieron una ingeniosa idea: crear un concurso bajo el lema «¡No paga usted, paga Moya!». La mecánica era sencilla: una vez que el cliente compraba y pagaba su mercadería, la boleta ingresaba a una tómbola y, si resultaba sorteada, el establecimiento devolvía íntegramente el valor de la compra. En otras palabras, Moya pagaba, sin costo alguno para el cliente.

Desconozco si la campaña fue un éxito comercial, pero el eslogan terminó trascendiendo el ámbito publicitario. Un diario de la época lo adoptó con gran ingenio, ya no para promover un negocio, sino para describir aquellas situaciones en que los despilfarros de recursos fiscales, las malas decisiones o la incompetencia de alguna autoridad pública terminaban siendo financiados por el Estado. En otras palabras, el responsable nunca asumía el costo del error: «paga Moya».

Y los ejemplos abundan. Cuando una inversión pública fracasa, ¿quién paga? Moya. Cuando las dos propuestas de Constitución fueron rechazadas en plebiscito tras millonarios procesos constituyentes, ¿quién paga? Moya. Cuando estalló el Caso Convenios y se destinaron recursos públicos a fundaciones cuestionadas, ¿quién paga? Moya. Cuando el Ministerio de Hacienda detecta inconsistencias en las proyecciones fiscales heredadas de una administración anterior, ¿quién paga? Moya. Y así podría continuar una larga lista, porque, al final, quien siempre parece asumir el costo es el contribuyente.

En cambio, cuando un privado fracasa o, por la razón que sea, no puede cumplir un compromiso financiero, Moya no paga. La deuda sigue siendo responsabilidad del deudor.

Hagamos memoria y no nos engañemos. En 2021, muchas personas votaron por Gabriel Boric, entre otras razones, debido a su promesa de campaña de avanzar hacia la condonación del Crédito con Aval del Estado (CAE). Como consecuencia, algunos deudores —incluidos profesionales con altos ingresos e incluso funcionarios públicos— optaron por dejar de pagar o simplemente nunca regularizaron sus obligaciones, confiando en que la deuda sería eliminada.

Sin embargo, durante su gobierno nunca se presentó un proyecto de ley que estableciera una condonación universal del CAE en los términos prometidos durante la campaña. En cambio, se impulsaron modificaciones legales relacionadas con los mecanismos de cobranza y recuperación de dichas deudas, en el marco de la discusión sobre un nuevo sistema de financiamiento para la educación superior.

Al mismo tiempo, sería injusto desconocer la realidad de miles de deudores que, por razones económicas legítimas, no pudieron cumplir con sus pagos, así como también la de quienes, con enorme esfuerzo, lograron saldar completamente su deuda o continúan pagándola hasta hoy, postergando proyectos personales para honrar sus compromisos. Ellos no esperaron que Moya pagara por ellos ni basaron sus decisiones únicamente en una promesa electoral.

La Casa Moya sí cumplió con la promesa de su campaña publicitaria. En el ámbito político, en cambio, la situación fue distinta. Con el paso del tiempo, el propio presidente Gabriel Boric reconoció que una condonación total del CAE era financieramente inviable para el Estado. Del mismo modo, Paulina Vodanovic señaló públicamente que no existían recursos suficientes para financiar una condonación universal, reforzando la distancia entre las expectativas generadas durante la campaña y las posibilidades reales de ejecución.

La moraleja parece sencilla: a veces es mejor recordar el viejo refrán «Más vale pájaro en mano que cien volando». Porque la campaña publicitaria de don Ramón Moya fue extraordinariamente efectiva y cumplió lo prometido. En política, en cambio, no siempre ocurre lo mismo. En este caso, Moya no pagó.

ETIQUETADO:CAEeducación superioruniversidad
Comparte este artículo
Facebook Whatsapp Whatsapp LinkedIn Reddit Telegram Threads Correo electrónico Copiar link
Compartir
Artículo anterior humanidades imbécil inteligencia democracia Hablar con inteligencia: la deuda pendiente de la política democrática
Artículo siguiente cae CAE: usura legal y con corbata

Curiosidades de la Historia: El Amor en los tiempos de la Colonia

https://www.youtube.com/watch?v=kxkGkiVcd6I

Amalia Cuevas y Lucas Sáez: puro talento joven en el teatro nacional

https://youtu.be/UQGlu5iin-U?si=sVHk1ni5EX26AKf3

También podría gustarte

OpiniónPara debatir

La conversación

5 minutos de lectura
Opinión

En cinco meses se destruyeron 30 años

5 minutos de lectura
Opinión

La oportunidad histórica de una nueva Constitución

5 minutos de lectura
kast discurso
Opinión

Un discurso que suena a viejo autoritarismo

8 minutos de lectura
El Pensador
© El pensador io. Todos los derechos reservados, sitio web desarrollado por: Omninexo.
Welcome Back!

Sign in to your account

Username or Email Address
Password

¿Perdiste tu contraseña?