Por Fuad Farah.- La frase del título, sin los interrogantes, fue lanzada por el presidente argentino Javier Milei en la última conferencia de Davos.
Y relaciona ese peligro con la inculturación, los inmigrantes, y otros factores que para él son lo que genera el peligro de este occidente que es judeo-cristiano.
Para tratar de poner en perspectiva esta frase y sus antecedentes, debemos señalar que antes de judeo-cristiano, este occidente fue construido sobre la base de la manera de pensar y de institucionalizar las ideas de la tradición griega y posteriormente la tradición romana.
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La tradición de este occidente se construyó sobre la caída del Imperio Romano de y la oportunidad que se presentó para el papado occidental católico para dar contenido por un largo tiempo en Europa. Y vaya que fue importante.
Pero, en mi opinión, occidente se ha construido permanentemente en choques culturales que derivan en cambios políticos fundamentales para la sociedad.
Históricamente, esos cambios se generan en un grupo social que hemos denominado permanentemente como elite (acepción del diccionario de nuestra lengua: minoría selecta o rectora).
El problema actual se presenta, entre otras razones, porque si existen las elites, ya no tienen la prestancia fundamental de antaño, entre otras razones debido a los cambios tecnológicos que han provocado que el acceso al conocimiento sea mucho más fácil que antes.
Pero esto tiene una consecuencia, y es que las elites, ya sean económicas, culturales o políticas, están domesticadas por las encuestas, por las opiniones sociales mayoritarias. Ya han perdido la capacidad de conducir y se han acostumbrado a ser conducidas.
El otro problema del occidente actual es que se ha construido sobre la trascendencia, es decir, el objetivo vital es hacer posible formas que continuarán después de la existencia personal.
Pero los meta relatos de dios o dioses hace tiempo que ya no guían las sociedades; las ideologías que los reemplazaron tampoco guían la existencia social, particularmente por el evidente fracaso de las sociedades construidas que se basaron en los principios elaborados a mediados del siglo XIX por Carlos Marx y Federico Engels, y porque el capitalismo no es una ideología.
Entonces ha ido creciendo en las personas -y, por consecuencia, en las sociedades- un vacío existencial. Qué mejor reflejo de ello es la pregunta lanzada hace pocos días por un muñeco en las redes sociales de “¿Cómo estamos hoy?”, y fue respondido por 192 millones de internautas, presidente Biden incluido. Pero lo más sorprendente fue la respuesta de lo mal que se sentía la mayoría con las respuestas, sobre todo resaltando la sensación de soledad.
En consecuencia, la inmediatez que parece invadirlo parece venir acompañada de la melancolía y la depresión.
Tal vez una posible respuesta se encuentre en cambiar nuestra manera de pensar y pasar de la búsqueda de la trascendencia hacia la de hacer mejor nuestro transcurrir en esta forma física, como son la mayoría de los pensamientos orientales no islámicos.
Y entonces, a diferencia de la frase que encabeza esta escritura, no estaríamos en peligro, sino ad portas de un gran cambio cultural, que nos de sentido a nuestra existencia, personal y social.
Y con ello, tal vez, la gobernanza de este mundo se vista de instituciones respetables y respetadas, tal vez se acabe la panoplia de eslóganes políticos que sólo sirven para conquistar poder, y tal vez se abran muchos canales para conversar como legítimos otros y conseguir acuerdos sea lo principal, y no resaltar las diferencias.
Este sería un cambio mental importante, y muy necesario.
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