¿Qué ponemos en lugar del celular?

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La restricción de celulares en las aulas abre un desafío que va más allá de la prohibición: estudiar cómo se adaptan los estudiantes y ofrecer experiencias educativas que transformen el consumo digital en creación y aprendizaje.

Por Claudio Pardo.- Chile tomó una decisión importante al restringir el uso de celulares en los establecimientos educacionales. La medida busca recuperar algo que profesores y familias sentimos que hemos ido perdiendo: la atención de nuestros estudiantes. Pero, después de estos primeros meses, surge una pregunta que merece ser estudiada: ¿qué ocurre cuando retiramos abruptamente un estímulo al que niños y adolescentes han estado expuestos durante años?

Las redes sociales, los videojuegos, los videos breves y las notificaciones ofrecen estímulos y recompensas de manera prácticamente permanente. Nuestros estudiantes crecieron en ese ambiente. Cuando, durante buena parte de su jornada, ese estímulo deja de estar disponible, ¿podría esa transición generar, al menos en algunos estudiantes, frustración, irritabilidad o tensiones que hoy no entendemos del todo?

No lo sabemos. Y precisamente por eso deberíamos estudiarlo. Sería irresponsable afirmar que la restricción de celulares explica por sí misma los problemas de violencia o convivencia escolar. Son fenómenos complejos, con múltiples causas. Pero también sería un error no preguntarnos por las consecuencias no previstas de un cambio tan significativo en los hábitos cotidianos de nuestros estudiantes.

Desde mi responsabilidad en Gobierno y Cumplimiento de la Red Alma Mater Studiorum (RAMS), este proceso nos ha obligado a mirar no solo el cumplimiento de la regulación, sino también lo que ocurre en la sala de clases. Hemos sido prudentes en su implementación, precisamente porque retirar el teléfono puede generar resistencia o reacciones intensas en algunos estudiantes. Esta observación no demuestra causalidad, pero sí nos recuerda una responsabilidad básica: cuando una política modifica un hábito profundamente instalado, no basta con exigir su cumplimiento; también debemos observar y gestionar las consecuencias del cambio.

Y aquí aparece una segunda observación que nos parece interesante. En RAMS hemos realizado pequeñas experiencias con robótica y drones. Hemos observado que, cuando los estudiantes pasan de ser consumidores pasivos a utilizar tecnología activamente, pueden concentrarse más y disminuir ciertas tensiones. Esta experiencia no constituye una prueba científica, pero sí invita a investigar.

Quizás el desafío no sea solo restringir, sino también ofrecer experiencias que compitan por la atención: proyectos, ciencia, deporte y creación. No se trata de expulsar la tecnología de la sala, sino de cambiar nuestra relación con ella. Entre deslizar y construir, entre consumir y crear, hay un mundo de diferencia.

Y hay una pregunta adicional que Chile debiera mirar con seriedad y perspectiva comparada: ¿existe alguna relación entre la restricción del celular y ciertos episodios de frustración o violencia que observamos en algunos establecimientos? Hoy no contamos con evidencia suficiente para afirmarlo. Precisamente por eso convendría estudiar la experiencia chilena y compararla con la de otros países que han adoptado medidas similares, distinguiendo los beneficios esperados de los posibles desafíos de adaptación.

Quizás, en ese camino, convenga volver al origen de la palabra tecnología: del griego téchne, arte, oficio o saber hacer, y lógos, estudio o conocimiento. Su raíz nos invita a mirar más allá de los aparatos y recordar la capacidad humana de crear y transformar. Cuando un estudiante programa un robot, construye una solución o pilota un dron con un propósito educativo, se acerca a ese sentido original: aprender haciendo.

Quizás el desafío no sea sacar la tecnología del aula, sino devolverle su sentido original: pasar del consumo a la creación. Prohibir puede ser solo el primer paso. Lo realmente complejo es volver a hacer que lo que pasa dentro de la sala sea tan interesante y desafiante como lo que cabe en una pantalla.

Claudio Pardo Molina es director de Gobierno y Cumplimiento en la Red Alma Mater Studiorum (RAMS) · rams.cl

 

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