Opinión

El reinado del miedo: donde los niños aprenden a tirarse al suelo

Bajos de Mena y El Castillo son fragmentos de un Estado ausente: urge patrullaje permanente, persecución de la ruta del dinero y continuidad en políticas de seguridad para que “no sentir miedo” deje de ser un lujo.

Por Miguel Mendoza Jorquera.- Hay frases que te quedan sonando como una alarma. “No sentir miedo es un lujo”, escribió Maite Andrade en una carta publicada en El Mercurio sobre su vida en Bajos de Mena en Puente Alto. No era literatura: era la bitácora de una infancia que aprende a distinguir el ritmo de las balaceras, a dormir con el sobresalto como compañero y a caminar con el mapa del peligro dibujado en la cabeza.

Ahora lo que nadie quiere decir en voz alta: en Puente Alto (Bajos de Mena) y en La Pintana (El Castillo) falta Estado. Son enclaves de Estado fallido dentro de Santiago. El narco se tomó esas poblaciones. Recluta, cobra, impone horarios, define quién abre y quién cierra.

Tomar locomoción ya es un lujo: micros y colectivos dejaron de pasar o no paran en sus paraderos por asaltos y muertes. Y, para colmo, la feria de calle Joaquín Edwards en La Pintana funciona como una copia de los toldos azules de Meiggs: ocupación desbordada, comercio irregular y ley del más fuerte. Los vecinos lo repiten hasta el cansancio: como la feria se tomó Joaquín Edwards, las micros ya no pasan.

Esto no es un “problema de percepción”. Es control territorial. Es poder paralelo. Es un país que se parte en dos: los que pueden dormir y los que se tiran al suelo por reflejo. Sí: hay zonas rojas donde ni con tanquetas de Carabineros se intimida al negocio. Entran, posan, se van; el territorio queda exactamente igual.

Mientras tanto, la política hace turismo de tragedia. En campaña, estas comunas son trampolín: chaleco antibalas, frase de calendario, promesa con verbo épico. Después, cuando el sillón ya está caliente, cambian los logos, rebautizan el mismo plan, vuelven los PowerPoints. El narco paga al contado; el Estado llega con formularios.

Que quede claro: no se trata de inventar otro eslogan ni de creerse Rambo. Se necesita presencia que se note y que no se retire:

  • patrullaje constante y 24/7 por cuadrante
  • perseguir la plata y las armas a través de la ruta del dinero, no solo por el vecino que avisa por WhatsApp
  • proteger de verdad a quien denuncia, incluso con reubicación
  • iluminación, poda, veredas y canchas vivas después de las seis
  • fiscalías con casos que lleguen a juicio y evidencia que no se desarme al primer soplido
  • y algo básico que la clase política detesta: continuidad

El próximo gobierno no puede inaugurar lo mismo con otro nombre para sacarse la misma foto.

Miguel Mendoza Jorquera, Tecnólogo Médico MBA.

Alvaro Medina

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