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¿Seguirá Xi Jinping los pasos de Putin y Trump?

Por qué es probable que Xi Jinping se mantenga al margen, ocupándose de sus propios asuntos y beneficiándose de los catastróficos errores de su principal competidor, Estados Unidos, y de su aliado, Vladimir Putin, líder de Rusia.

Por Uwe Bolt.- Tras la invasión rusa a Ucrania impulsada por Vladimir Putin y las crecientes tensiones militares promovidas por Donald Trump contra Irán, se ha intensificado la especulación respecto de si estos conflictos podrían empujar a Xi Jinping a perseguir con mayor agresividad sus ambiciones territoriales.

Esto aplica particularmente a la posibilidad de una invasión militar a gran escala sobre Taiwán.

¿Tentador, pero inteligente?

Una medida de este tipo podría parecer tentadora para China y su liderazgo. Después de todo, una mayor preocupación militar estadounidense por otros frentes, como Medio Oriente, al menos complicaría una respuesta coordinada de Estados Unidos.

Nadie sabe con certeza qué hará China ni qué contempla realmente Xi. Sin embargo, es posible formular algunas hipótesis razonables a partir de la historia de la política económica china y del actual escenario geopolítico y militar, que evoluciona rápidamente.

La paciencia como estrategia

Resulta casi evidente destacar las virtudes de la paciencia, la previsión, la cautela y la orientación de largo plazo que han caracterizado históricamente a la dirigencia china. A diferencia de otras potencias que suelen privilegiar la gratificación inmediata, aunque incierta, China ha construido gran parte de su ascenso a partir de una lógica incremental.

Por esa misma razón, parece improbable que el liderazgo chino se vea tentado a asumir riesgos incalculables, incluso cuando las oportunidades aparenten ser favorables. China hará, probablemente, aquello que mejor sabe hacer: jugar a largo plazo. Sus intereses estratégicos no se benefician de operaciones espectaculares que capturen titulares de prensa.

Le resulta mucho más conveniente continuar con el proceso gradual de fortalecimiento de su poder económico, avanzando desde la manufactura de bajo valor agregado hacia la supremacía tecnológica.

La ventaja estructural de China

China ya se encuentra bien encaminada hacia uno de sus principales objetivos estratégicos. En el futuro, el equilibrio económico mundial dependerá menos de la necesidad china de encontrar mercados y más de la necesidad del resto del mundo de acceder a productos y tecnologías desarrollados en China.

Y esta demanda externa no estará impulsada exclusivamente por su control sobre las tierras raras, como suele suponerse. Estará determinada, sobre todo, por una superioridad tecnológica en constante expansión. Una ventaja que podría volverse, en el mediano plazo, difícil de igualar.

El inesperado declive de las otras superpotencias

A ojos del liderazgo chino, las recientes intervenciones militares de Putin y Trump revelan una realidad significativa. Tanto Rusia como Estados Unidos están siendo conducidos por liderazgos que parecen apostar por resultados inmediatos.

Ese tipo de cálculo resulta ajeno a la lógica estratégica de la China contemporánea. Además, existe una lección militar importante. Sobre el papel, y en términos de poder destructivo, tanto Ucrania como Irán eran ampliamente inferiores a sus respectivos adversarios.

Sin embargo, ambos escenarios han puesto en cuestión la superioridad militar absoluta de las grandes potencias. La resistencia ucraniana y la capacidad de respuesta iraní muestran que adversarios relativamente menores pueden elevar dramáticamente los costos de una intervención.

La revolución de los drones

Uno de los factores más relevantes en esta transformación ha sido el desarrollo de drones militares. Los drones producidos en Ucrania e Irán son relativamente baratos, escalables y rápidos de fabricar.

En contraste, gran parte del arsenal tradicional ruso y estadounidense implica altos costos y extensos ciclos de producción. Ya existen advertencias, incluso dentro de Estados Unidos, sobre limitaciones en sus reservas de ciertos sistemas de misiles. Es muy probable que China haya tomado nota.

La respuesta china: tecnología e inteligencia artificial

Frente a estos desafíos, China continuará modernizando y diversificando su armamento. Pero su principal apuesta parece orientarse hacia la integración entre capacidades militares avanzadas y inteligencia artificial.

En el horizonte cercano, también se suma el desarrollo de la computación cuántica, un campo en el que China busca posicionarse entre los líderes mundiales. La dirigencia china entiende que la verdadera superioridad futura no estará únicamente en el volumen del arsenal, sino en la capacidad de procesar información, anticipar movimientos y coordinar sistemas autónomos.

¿Y Taiwán?

Por ahora, todo indica que China mantiene cautela. Es cierto que, dado el creciente desgaste internacional de Estados Unidos, Xi podría percibir menores costos reputacionales ante una eventual ofensiva.

Sin embargo, es probable que también haya aprendido las lecciones que Putin y otros líderes pasaron por alto. No asumirá que una eventual conquista de Taiwán sería sencilla.

La isla posee capacidades defensivas relevantes, apoyo internacional y un enorme peso estratégico en la producción global de semiconductores, especialmente a través de TSMC.

El poder blando como alternativa

A China le resulta mucho más conveniente utilizar formas de presión económica, diplomática y tecnológica para acercar gradualmente a Taiwán a su esfera de influencia. Se trata de una estrategia de poder blando, aunque muchas veces revestida de presión estructural.

El objetivo no necesariamente sería una anexión inmediata, sino lograr una convergencia funcional que haga menos necesaria una intervención militar directa.

El deterioro del modelo estadounidense

Para Xi, esta estrategia se vuelve más viable en la medida en que el atractivo internacional de Estados Unidos como modelo de democracia liberal se ha visto erosionado.

Las tensiones internas, la polarización política y las inconsistencias de su política exterior han debilitado parte de su capacidad de influencia simbólica. Eso representa una ventaja indirecta para China.

Conclusión

Estados Unidos enfrenta señales evidentes de desgaste estratégico. Su imagen internacional se encuentra debilitada y su capacidad de proyectar poder sin costos crecientes ya no parece tan sólida como en décadas anteriores.

Rusia, por su parte, hace tiempo perdió cualquier pretensión de liderazgo global más allá de su arsenal nuclear.

Mientras tanto, China parece optar por una estrategia distinta. No precipitarse. No sobreactuar. No apostar al golpe espectacular.

Todo indica que seguirá concentrada en fortalecer sus capacidades económicas, tecnológicas y militares mientras observa cómo sus principales competidores cargan con los costos de sus propios errores. En esa paciencia estratégica podría residir, precisamente, su mayor ventaja geopolítica.

 

Alvaro Medina

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