
Por María Eliana Arias.- En una sociedad marcada por la inteligencia artificial, la digitalización y el acceso prácticamente ilimitado a la información, podría pensarse que el profesor ha perdido protagonismo. Ocurre exactamente lo contrario. Mientras más complejo se vuelve el mundo, más necesitamos docentes capaces de transformar información en conocimiento y de formar personas preparadas para comprenderlo y desenvolverse en él.
El profesor ya no es solo quien transmite contenidos. Es mediador, guía y creador de ambientes de aprendizaje; alguien capaz de despertar vocaciones, desarrollar pensamiento crítico y formar ciudadanos creativos, responsables y comprometidos con su entorno. Como planteaba Paulo Freire, la educación transforma a las personas que luego pueden transformar el mundo.
Esta dimensión social de la docencia adquiere especial relevancia cuando enfrentamos una preocupante disminución del interés por estudiar pedagogía. En Chile, la matrícula en estas carreras cayó más de un 40 % entre 2016 y 2022. Aunque desde 2023 se observa una recuperación parcial, esta continúa siendo insuficiente frente a las necesidades del sistema educativo.
La señal debería preocuparnos como sociedad. Menos estudiantes de pedagogía hoy pueden significar menos profesores mañana, precisamente cuando ya existen déficits en áreas críticas como matemáticas, ciencias y educación diferencial. No estamos hablando únicamente de llenar vacantes en las escuelas, sino de quiénes tendrán la responsabilidad de formar a las próximas generaciones.
A ello se suman las dificultades que enfrenta actualmente la profesión: sobrecarga administrativa, condiciones laborales complejas, violencia escolar, desgaste emocional y una valoración social que muchas veces no guarda relación con la enorme responsabilidad que depositamos sobre los docentes.
Por eso, recuperar las vocaciones pedagógicas exige algo más que aumentar matrículas. Las universidades tenemos el desafío de fortalecer la formación inicial docente, incorporar tempranamente a los estudiantes a la realidad de las escuelas y prepararlos para enfrentar aulas diversas, tecnologías emergentes, inteligencia artificial, inclusión y nuevas formas de aprender. Pero también necesitamos, como país, fortalecer el reconocimiento social y económico de la profesión.
Gabriela Mistral entendió tempranamente que enseñar significaba mucho más que preparar para obtener un título: significaba preparar para la vida. Esa idea conserva plena vigencia.
Podemos modernizar currículos, incorporar tecnología y transformar nuestras escuelas, pero ningún avance educativo será sostenible si faltan quienes hagan posible el aprendizaje. La disminución de futuros profesores no es solo un problema de las universidades ni del sistema escolar. Es un desafío para el desarrollo del país.
Porque cuando una sociedad deja de atraer a sus jóvenes hacia la docencia, pierde profesores, pero también comienza a comprometer la formación de quienes construirán su futuro. Por eso, la figura del profesor ha sido históricamente central en la génesis, desarrollo y evolución de las sociedades. Bien vale meditarlo en el contexto del Día del Profesor.
La Dra. María Eliana Arias Meriño es decana de la Facultad de Educación en la Universidad Central
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