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Es la comunicación…

Por Alvaro Medina Jara.- El académico estadounidense Darrel West decía que en comunicación política se debía evitar el riesgo de tener muchos focos o asuntos, especialmente en la construcción del mensaje de campaña. Esa trampa, la que con frecuencia lleva a querer decir de todo, desenfoca la atención del votante, que tiende a tomar el camino marcado por mensajes más simples y directos, aquellos que puede asir con más facilidad; los que puede, en definitiva, entender mejor.

Este riesgo estará presente y se probará en el plebiscito que daría paso a un proceso constituyente en Chile el próximo mes de abril.

Las dos opciones, Apruebo y Rechazo, empiezan a desplegar sus argumentos y, hasta aquí, se ve más uniformidad de mensaje en la segunda alternativa. Para quienes la apoyan, es simple: votar rechazo es votar contra un proceso que, sienten, fue empujado por la violencia callejera y que, si bien es cierto es necesario hacer cambios, éstos se pueden llevar a cabo con reformas, no con una refundación constitucional. Los conceptos clave de su mensaje, por tanto, son pocos (Rechazo= contra la violencia y pro reformas). En una conversación coloquial, alguien que está a favor de esa opción puede explicarlo de manera simple.

La opción del Apruebo, sin embargo, no muestra aún una uniformidad de mensaje que permita responder con absoluta claridad qué se vota al marcar esa alternativa. ¿Un nuevo modelo económico y social? ¿Un cambio en las facultades del Estado? ¿Una nueva regulación hacia las empresas? El mensaje, que debiera centrarse en algo más simple y entendible acotado sólo al hito de abril (como por ejemplo “Apruebo=la posibilidad de construir un nuevo trato todos juntos”) aparece mezclado con reivindicaciones sociales, étnicas, culturales, económicas que forman más bien parte de esperanzas y promesas, así como de agendas revindicatorias de distintos sectores que pertenecen a otras esferas de tiempo que no se deciden en este primer plebiscito. Pero, ¿cómo se lleva eso a un mensaje único?

Es entendible que se quiera hablar de la esperanza frente a dichas reivindicaciones, pero el desafío es acotar el mensaje, llevarlo a un foco que pueda entender el votante. En eso, el “Rechazo” lleva una ventaja y, por ello, hay que tener cuidado con la descoordinación estratégica y comunicacional de quienes enarbolan el “Apruebo”, así como con la peligrosa complacencia que da la movilización en la calle.

Los tiempos apremian para ello. En estrategias de campaña, estaríamos entrando a la última fase, quedando apenas dos meses para que los mensajes empiecen a difundirse con fuerza. Queda espacio sólo para una estrategia de “final fuerte”. Pero si están todas las fichas puestas en la franja electoral y no se enfrenta con una mayor uniformidad estratégica en el mensaje, hay un alto riesgo de que no se logre el objetivo. Debe ser una idea clara que quede fija en segundos y que sea capaz de atravesar la selva de preocupaciones de marzo, las protestas anunciadas, el coronavirus que acecha y las otras miles de cuestiones que pueden estar en la mente de las personas.

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