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Por qué la industria del Litio debe ser estratégica

ElPensador.io.- No muchas veces en la historia de un país se tiene la conciencia de que un recurso es estratégico. En Perú, en el siglo XIX, fue el guano. En Chile, en la misma época, el salitre. Luego el cobre. En esos años, sin embargo, pese a tener la certeza de que habría una alta demanda del producto, se entregó a la explotación a empresas extranjeras, y los Estados nacionales de la época se conformaron con la obtención de recursos por la vía de impuestos.

Tras descubrirse las enormes reservas de petróleo en el Medio Oriente, los estados árabes tuvieron la visión de generar un sistema de concesiones, sin perder la propiedad de sus yacimientos.

Chile, con el cobre, tuvo una evolución que llevó al país a nacionalizar Codelco, pero no impidió la entrada de nuevos inversionistas en los años venideros, y en la actualidad el recurso natural está a la vez en manos estatales y en manos privadas, y sin un sentido de industria estratégica. Es como si Chile fuera un enorme depósito de extracción de áridos.

Así, la vorágine económica del siglo XX hacía vislumbrar la posibilidad de cuantiosas ganancias para ambos, pero no se tenía absoluta claridad de una estrategia.

Hoy, sin embargo, tanto el desarrollo tecnológico como las perspectivas económicas dan pie a que Chile pueda determinar con visión de futuro la calidad de un recurso en función de tres criterios:

Los recursos son estratégicos porque pueden afectar la seguridad nacional, tanto desde el punto de vista geopolítico como geoeconómico. Esto quiere decir que aún cuando un recurso no sea propio, es válido considerarlo estratégico en casos en los que la soberanía está en juego o la sostenibilidad de la economía nacional.

Los recursos también pueden ser estratégicos si se considera que son vitales para el acceso de los ciudadanos a sus derechos fundamentales. Aquí, por ejemplo, podría caber el agua o las fuentes de generación de energía. Pero también  en consideración a que los recursos que podría generar serían importantes para el financiamiento de un modelo de Estado orientado a permitir que los ciudadanos ejerzan sus derechos humanos, políticos, económicos y sociales.

Los recursos, por último, son estratégicos porque son finitos, y la perspectiva de obtener ganancias nacionales por su explotación también lo es. De esta manera, un país puede declarar esa calificación en tanto que estime importante la explotación de un recurso o un sector económico durante el tiempo que dure su auge, antes de la tecnología cambie y el mundo se oriente a otra ruta de uso (como ocurrió con el salitre después de la Primera Guerra Mundial).

El Litio cumple al menos con los dos últimos criterios. Es un recurso en boga gracias a las tecnologías de generación limpia y su demanda está en alza y, como todo mineral, es finito: durará hasta que la tecnología cambie o se perfeccione. El país tiene ahora una oportunidad, y claramente se debe aprovechar. No se puede dejar pasar. Más aún considerando que Chile tiene las mayores reservas mundiales de este mineral.

Esto no significa necesariamente un modelo de propiedad nacional, sino al menos de concesiones e impuestos significativos, a la vez que una orientación de carácter nacional a la forma de explotación y de desarrollo. Así, sería oportuna la imposición de que cualquier empresa que quiera extraer Litio, cumpla con criterios de valor agregado e industrialización aquí en Chile, impidiendo la exportación en bruto, cuyas ganancias para el país no solo son inciertas sino también repite la historia económica del país en que se ha impedido que las tecnologías queden y se reproduzcan. Esto significa no solo declarar al recurso como estratégico, sino también toda la industria que lo involucra.

Llevarse el Litio para ser procesado afuera puede ser eficiente para las empresas concesionarias que lo explotan, pero definitivamente no es eficiente para Chile.

Pero, para ello, debe modificarse sustancialmente la regulación y la estructura en torno al Litio, centralizando la regulación de su explotación y uso en una sola entidad (hoy las funciones se reparten entre el Ministerio de Minería, la Comisión Chilena de Energía Nuclear y la Corfo) que pueda velar por este mineral estratégico. Con una estructura clara y definida, el Estado tendrá la posibilidad de intervenir eficazmente en casos en los que las empresas que tengan la concesión de explotación. Hoy, esa posibilidad está en el papel.

Los hechos lo demuestran: Corfo intentó evitar que Julio Ponce Lerou tuviera que ver con la explotación del Litio y quiso llegar a un acuerdo para que el ex yerno de Augusto Pinochet saliera de la administración de SQM, y el resultado fue nulo, pues Julio Ponce sigue moviéndose en la empresa con absoluta libertad; luego, llegó a un acuerdo con la mayor productora mundial, la estadounidense Albemarle, para impulsar el uso de tecnologías que dieran valor agregado a la explotación… y hasta ahora no ha habido ninguna señal de dichas tecnologías; y finalmente, se permitió la entrada en la propiedad de SQM a una empresa china, Tianqi, que busca ligar los yacimientos chilenos a la industria del Litio ya floreciente en el país asiático.

Estas últimas son evidencias de que Chile no tiene sentido estratégico aún en torno al Litio y menos una orgánica que lo sustente. La declaración en el Congreso, por lo tanto, será vacía si no se cumplen estos dos criterios. Ojalá, al menos, que pueda impulsar el establecimiento de una política pública con sentido de futuro para que el recurso deje los mayores beneficios posibles para el país.

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