La historia de la inauguración del Mundial de 1962 estuvo marcada por un insólito incidente: la pelota oficial de la FIFA fue olvidada en una casa particular y el partido entre Chile y Suiza debió comenzar con un balón de entrenamiento. La anécdota refleja el espíritu de improvisación, esfuerzo y resiliencia que caracterizó la organización del campeonato más importante de la historia deportiva chilena.
Por Juan Medina Torres.- Era el 30 de mayo de 1962. En el extremo sur del mundo, cerca de 80.000 personas colmaban el Estadio Nacional de Chile para asistir a la inauguración de la Copa Mundial de Fútbol de 1962, que comenzaba con el encuentro entre las selecciones de Chile y Suiza.
El presidente Jorge Alessandri Rodríguez pronunció el discurso inaugural y los equipos saltaron al campo de juego. La selección chilena vistió camisetas blancas y fue dirigida tácticamente por Fernando Riera, considerado el padre del fútbol moderno chileno.
Riera dispuso un esquema 4-2-4, una formación innovadora para la época, con Misael Escuti en el arco; Luis Eyzaguirre, Carlos Contreras, Raúl Sánchez y Sergio Navarro en defensa; Jorge Toro y Eladio Rojas en el mediocampo; y Jaime Ramírez, Honorino Landa, Alberto Fouillioux y Leonel Sánchez en la ofensiva.
Lo que nadie imaginaba era que, minutos antes del inicio del partido más importante que hasta entonces se había celebrado en territorio chileno, ocurriría un episodio tan insólito como memorable.
El Mundial que impulsó la televisión chilena
El campeonato no solo representó un hito deportivo. También marcó un antes y un después en el desarrollo de la televisión chilena. La transmisión del encuentro inaugural fue realizada utilizando apenas cuatro cámaras: dos pertenecientes a Canal 9 de la Universidad de Chile y dos a Canal 13 de la Universidad Católica.
Las imágenes llegaban a poco más de veinte mil televisores en blanco y negro distribuidos a lo largo del país, una cifra modesta para los estándares actuales, pero suficiente para convertir al Mundial en un catalizador de la masificación televisiva en Chile.
En Canal 9 participaron Hugo Tassara como comentarista, Alfredo Olivares como relator y Patricio Bañados, quien años más tarde se convertiría en una de las voces más reconocidas de la televisión nacional.
Por su parte, Canal 13 contó con Hernán Duval como narrador y Hernán Solís como comentarista. Este último fue el único que apareció en pantalla, alternando además su trabajo televisivo con sus labores en Radio Nuevo Mundo.
El pequeño detalle que pudo retrasar el partido
Mientras los equipos se preparaban para el inicio del encuentro, ocurrió algo inesperado. En el círculo central, el capitán chileno Sergio Navarro, su homólogo suizo y el árbitro inglés Kenneth Aston se disponían a dar comienzo al partido cuando advirtieron un problema tan simple como insólito: faltaba la pelota oficial de la FIFA.
Durante algunos segundos reinó la confusión. Los jugadores se observaron con sorpresa mientras los organizadores intentaban comprender qué había ocurrido. Afortunadamente, el problema fue resuelto rápidamente desde la banca de la selección chilena. Allí apareció un balón de reemplazo, utilizado habitualmente durante los entrenamientos del equipo nacional, permitiendo que el encuentro comenzara según lo programado.
La increíble historia detrás de la pelota perdida
La explicación resultó tan simple como embarazosa. Aquiles Cáceres, funcionario encargado por la organización de custodiar la pelota oficial con la que debía disputarse el partido inaugural, había olvidado el balón en su casa.
La situación obligó a movilizar una patrulla de Carabineros de Chile para recuperar el implemento y trasladarlo de urgencia al estadio. Aunque la pelota oficial finalmente llegó al Estadio Nacional, el partido continuó disputándose con el balón suplente que ya estaba en juego.
Sin saberlo, aquella pelota improvisada terminaría convirtiéndose en una de las reliquias más curiosas de la historia deportiva chilena.
Una reliquia histórica
El balón utilizado en ese encuentro inaugural fue conservado durante décadas por la familia de Carlos Dittborn, uno de los principales impulsores de la organización del Mundial.
Según relató posteriormente Pablo Dittborn: «Fernando Riera, después del partido, fue hasta la casa y le llevó a mi mamá la pelota con que se jugó ese encuentro, firmada por todos los jugadores y por él mismo, con la expresa petición de que no se la prestara a los niños para jugar una pichanga en la calle».
Gracias a esa decisión, el balón sobrevivió al paso del tiempo y hoy constituye una pieza de enorme valor histórico para el deporte chileno.
El triunfo que encendió la ilusión
Cuando el árbitro decretó el final del partido, el marcador del Estadio Nacional reflejaba una victoria memorable: Chile 3 – Suiza 1.
La selección nacional comenzó perdiendo con un gol de Rolf Wüthrich a los seis minutos de juego. Sin embargo, el equipo reaccionó con personalidad y logró revertir el resultado gracias a las anotaciones de Leonel Sánchez a los minutos 44 y 55, además de un gol de Jaime Ramírez a los 51 minutos.
El triunfo provocó una explosión de entusiasmo popular. Miles de personas salieron espontáneamente a las calles, especialmente a las plazas y centros urbanos de distintas ciudades del país, para celebrar el exitoso debut de la selección chilena.
Las transmisiones radiales y la prensa deportiva describieron la victoria como una auténtica hazaña nacional, capaz de unir a un país que todavía se recuperaba de las consecuencias del devastador terremoto de Valdivia de 1960, el más fuerte registrado instrumentalmente en la historia.
El sueño que comenzó en Lisboa
Aquella jornada fue apenas el inicio de una historia extraordinaria. El camino hacia el Mundial había comenzado seis años antes, el 10 de junio de 1956, durante el Congreso de la FIFA realizado en Lisboa, donde Chile fue elegido como sede de la Copa Mundial de 1962.
La candidatura chilena parecía improbable frente a competidores con mayores recursos e infraestructura. Sin embargo, el trabajo liderado por Carlos Dittborn logró convencer a los delegados internacionales. Con el paso del tiempo, aquella epopeya quedó asociada a una frase que forma parte de la memoria colectiva del deporte nacional: «Porque nada tenemos, lo haremos todo».
Aunque frecuentemente se atribuye a una intervención de Dittborn durante el Congreso de la FIFA, diversas investigaciones históricas señalan que la expresión tiene su origen en el título de una entrevista publicada por el diario El Mercurio. Sea cual sea su procedencia exacta, la frase sintetizó el espíritu con que Chile asumió el desafío de organizar un Mundial que parecía imposible.
Y quizás ninguna anécdota represente mejor ese espíritu que la historia de aquella pelota olvidada. Porque mientras el país organizaba el campeonato más importante de su historia, la pelota oficial desapareció justo antes del partido inaugural. Sin embargo, el encuentro se jugó, Chile ganó y comenzó una campaña que terminaría convirtiéndose en una de las páginas más memorables del deporte nacional.
A veces, las grandes historias también se construyen sobre pequeños olvidos.

