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A dónde lleva la cultura de la cancelación

Para Hugo Cox, la cultura de la cancelación es un protofascismo que se basa en negar la validez del otro y conduce al conflicto. Tal es la situación que llevó a la guerra en Medio Oriente y tal es el escenario que se está larvando en Chile, afirma.

Por Hugo Cox.- La guerra que se libra en el medio oriente (Israel versus Hamas) es la expresión más clara de un mundo que se mira desde la negación del otro. No se debe olvidar que por esos días, cuando comenzó el conflicto, se firmaría un tratado entre Israel y Arabia Saudita, que cambiaba la configuración de las relaciones entre los países árabes y Jerusalén, lo cual dejaba aislado a Irán y al mundo más polarizado.

El actuar de Hamas no hizo más que levantar y legitimar a los sectores conservadores y dogmáticos que son parte de la coalición de gobierno en Israel. Ambos polos dieron origen a la conflagración que azota a esa región del mundo.

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Ambos polos no aceptan al otro, no dan validez a la existencia del otro. La cultura de la cancelación llevó a un conflicto de proporciones imposible de dimensionar. Hoy hablan las armas. El diálogo y la conversación es cada vez más difícil.

Este es un ejemplo extremo de la cultura de la cancelación en el mundo contemporáneo.

Y es que la cultura de la cancelación es un proto fascismo.

cancelación

Esta forma cultural tiende a surgir con mayor frecuencia en sociedades donde existen tensiones y divisiones significativas en torno a cuestiones culturales, sociales y políticas. Cuando las personas se encuentran en un estado de crispación o polarización, es más probable que surjan manifestaciones de cancelación en un intento de imponer normas y valores específicos, así como de silenciar voces consideradas opuestas a la ortodoxia predominante.

Existen algunas características que pueden estar asociadas con sociedades crispadas y que podría contribuir a la cultura de las cancelaciones estas incluyen:

1.- Polarización política: Cuando las divisiones políticas son intensas y las posturas se vuelven extremas, las personas pueden ser más propensas a cancelar o boicotear a aquellos que sostienen opiniones opuestas.

2.- Desigualdades sociales y culturales: Las tensiones relacionadas con desigualdades sociales y culturales a menudo contribuyen a la crispación. La cultura de la cancelación puede surgir como una respuesta a las percepciones de injusticia o desigualdad.

3.- Activismo en línea: La facilidad con la que las personas pueden expresar opiniones y participar en movimientos de activismo en línea puede acelerar la propagación de la cultura de la cancelación.

4.-Difusión rápida de información: La velocidad con la que la información se difunde en la era de las redes sociales puede llevar a juicios rápidos y a la cancelación de individuos antes de que se haya realizado una evaluación exhaustiva de las circunstancias

5.-Cultura del linchamiento mediático: La cultura de la cancelación a menudo se manifiesta a través del linchamiento mediático, donde las personas son públicamente denunciadas y atacadas en plataformas en línea.

Es importante destacar que la cultura de la cancelación puede surgir en diversas sociedades y contextos, pero es más probable que se intensifique en entornos donde la crispación y la polarización son prominentes. La capacidad de manejar las diferencias de opinión de manera constructiva y fomentar el diálogo abierto puede ser crucial para prevenir la propagación de la cultura de la cancelación.

El ejemplo citado al principio, la guerra entre Israel y Hamas, es la manifestación más extrema de la cultura de la cancelación.

Pero aquí, en Chile, cada uno está también mirando la realidad desde su propia ventana sin entender que el país ha vivido un cambio cultural enorme. Aquí también se instaló la cultura de lo propio, en que los cambios muchos cambios como por ejemplo el aborto en tres causales se consolida, en que la mujer -como lo manifiestan algunos estudios de opinión- sigue la tendencia mundial de ser más progresista que los hombres.

Estos antecedentes, entre muchos otros, obligan a sentarse conversar y buscar una salida a la cultura de la cancelación de acuerdo a la nueva realidad. El país y sus instituciones aún resisten, pero puede llegar el momento en que la deriva autoritaria en su versión populista se haga presente. Para evitar este populismo autoritario hay que hacerle frente a los problemas sin anteojeras, abordando con decisión temas problemáticos como la seguridad pública, la economía y un largo etcétera.

El país aún tiene un tiempo para reaccionar antes que se haga tarde. No se puede seguir creando una realidad insegura y sin perspectivas de desarrollo.

Es necesario que los sectores intermedios de la sociedad ayuden a crear el espacio de diálogo, para así salir de la cultura de la cancelación.