
Por Miguel García.- Un artículo de la revista de viajes Británica “Time Out”, calificó al barrio Yungay dentro de los 10 barrios más Cool, o geniales, del mundo. La búsqueda y selección no fue fácil: la revista realizó una encuesta a sus lectores que completó con información especializada; de aquí emergieron 51 barrios, de los cuales el barrio Colonia Americana ubicado en Guadalajara, México, resultó ser el más cool del mundo.
Pero ¿qué significa esto? Simplemente que, para los encuestados, son lugares increíbles, donde dan ganas de recorrer y descubrir su cultura, con una destacada oferta de actividades nocturnas accesibles y de vanguardia, con comida y bebida de calidad; son barrios con identidad a los que se puede acceder, poseen una animada vida en las calles y, principalmente, mucha actividad comunitaria, donde los habitantes están presentes y se mezclan con los visitantes.
Sin duda, el barrio Yungay -así como otros barrios dentro de nuestro país- posee estas contradictorias características, donde la identidad que los hace deseables se transforma en su propia condena. Personalmente, la noticia no me alegra: me preocupa. Los barrios de moda son una puerta abierta a la pérdida de identidad y transformación globalizante, los hábitos barriales que construyeron ese seductor paisaje urbano, que tanto atrae al visitante, comienzan a ser alterados por comportamientos que transforman la pasividad local; el aumento del tránsito en las calles ahora impide que los niños jueguen pichangas de barrio, cada vez menos adultos mayores en las veredas tomando el fresco de la tarde o regando sus antejardines de cardenales.
Por otra parte, voluntaria o involuntariamente, en estos barrios de moda aumenta el valor del suelo y de las propiedades, arriban los proyectos de restauración y el barrio comienza a lavarse la cara, las casas patrimoniales son restauradas y llegan a instalarse negocios, restaurantes y bares, o arriban a vivir jóvenes artistas, políticos y nuevos vecinos. Sin embargo, el lado oscuro de esta historia es que muchos de los habitantes tradicionales, tentados por ofertas que duplican o triplican el valor tradicional de sus viviendas, deciden vender e irse, habitualmente a la periferia de la ciudad, este proceso conocido como “gentrificación” es un clásico del urbanismo contemporáneo y es ampliamente exacerbado por este tipo de artículos y difusión focalizada, que genera una sobrevaloración del barrio frente a la opinión global.
Miguel García es académico de la carrera de Arquitectura del Paisaje en la Universidad Central
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