Economía

El Teatro del Absurdo en las organizaciones

Entre discursos sobre talento, innovación y bienestar, muchas organizaciones mantienen prácticas que rayan en lo absurdo, contradiciendo sus propios valores. El absurdismo organizacional revela las incoherencias de una gestión que promete poner a las personas en el centro, pero muchas veces las deja al margen.

Por Patricio Yuras Maltés.- En muchas organizaciones, la gestión de recursos humanos se presenta como un conjunto de políticas diseñadas para potenciar el talento. Eso es lo que se declara de manera rimbombante. Sin embargo, en la práctica, no es raro encontrar situaciones que parecen desenterradas de una obra del teatro del absurdo. Podríamos llamarlo absurdismo organizacional: discursos inspiradores y gratificantes, pero acompañados de prácticas que escapan a toda lógica.

Las empresas manifiestan que «las personas son lo más importante», pero las decisiones importantes suelen enfocarse en indicadores financieros. Se promueve la innovación, pero cualquier propuesta que altere el statu quo debe recorrer un laberinto de autorizaciones propio de una novela de Franz Kafka.

Veamos los procesos de selección de personal. Se buscan candidatos con diez años de experiencia, dominio de cinco idiomas, liderazgo y disposición para trabajar bajo presión… todo ello por un sueldo que apenas cubre el transporte. Al parecer, el candidato ideal debe poseer los superpoderes de un héroe corporativo, pero con la humildad de un monje.

La evaluación del desempeño tampoco se escapa. Mientras la empresa dice que valora la creatividad, el colaborador asume que, para obtener una buena calificación, no debe cuestionar y debe asentir en las reuniones. Se premia la conformidad mientras se exige creatividad.

La comunicación interna es digna de un estudio doctoral. Se organizan continuas reuniones para explicar la importancia de la eficiencia en el uso del tiempo; sin embargo, lo único que se obtiene es una pérdida de tiempo y de eficiencia.

Respecto del bienestar laboral, el absurdo alcanza niveles casi artísticos. Después de meses de sobrecarga, jornadas extensas y metas inalcanzables, la solución es una charla motivacional o una sesión de aromaterapia. Es como intentar reparar una filtración colocando una maceta debajo de la gotera: el agua sigue cayendo, pero ahora luce más estética.

Reconocer estas incoherencias es el primer paso para construir organizaciones más coherentes. La gestión debería inspirarse en el sentido común, la transparencia y el respeto por las personas. Una empresa puede sobrevivir con procesos imperfectos, pero difícilmente crecerá si sus trabajadores sienten que laboran en una comedia donde nadie recuerda por qué se escribió el guion.

Patricio Yuras es académico, director de la Carrera de Ingeniería en Administración de Empresas, Universidad Central de Chile.

 

Alvaro Medina

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