
Por Alejandro Torres Flores.- En nuestro país y en el mundo, una de las principales externalidades negativas que trae el mal uso del espacio vial (urbano y rural), son los accidentes de tránsito y las víctimas mortales (o lesionados).
En el mundo, 1,3 millones de personas mueren anualmente a causa de accidentes de tránsito y en nuestro país alrededor de dos mil personas. Esta última cifra lleva 30 años estancada (y sigue estancada, a la fecha 671 personas han perdido la vida a consecuencia de accidentes de tránsito, el año pasado a igual fecha fueron 676 personas).
Ver también: Tomémonos en serio la “pandemia” de los accidentes de tránsito
En Chile, de acuerdo con datos del Anuario de Tránsito publicado por Carabineros de Chile, 8 de las 10 principales causas de los accidentes de tránsito con víctimas mortales tiene como causa de base una imprudencia del conductor (las otras 2 son por imprudencia del peatón).
Es decir, la mayor parte de las muertes anuales son causadas por una falla o imprudencia humana. Una primera conclusión que se puede obtener es que los conductores en Chile no cuentan con la educación, habilidades ni conocimientos suficientes para ser responsables en la operación de un vehículo a motor y el potencial riesgo hacia la vida humana que una imprudencia puede provocar.
Tal vez se toman acciones, pero claramente éstas no permean a la sociedad en general ni a las y los conductores en particular.
Y tampoco a las Direcciones de Tránsito de los Municipios cuyo deber es otorgar los permisos para conducir o validarlos periódicamente como estipula la ley.
Al parecer les provoca “sólo un problema administrativo” y extienden los permisos para conducir un vehículo (con la venia de las/os legisladores) sin pasar por el proceso de “renovación de la licencia de conducir”.
Si las autoridades siguen dando este tipo de señales a la sociedad, difícilmente nos haremos cargo como país de disminuir el número de víctimas mortales, con las pérdidas millonarias que traen estas al país (2% del PIB en el año 2020).
Pero, sobre todo, el dolor que provoca la pérdida de un ser querido a dos mil familias anualmente.
El Dr. Alejandro Torres Flores es académico de la Escuela de Ingeniería de la U.Central
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