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El destino de la democracia no se agota en la propuesta de la Convención Constituyente

Por José María Vallejo.- La Convención Constituyente se ha transformado en un verdadero zapato chino para el gobierno del Presidente Gabriel Boric y, al mismo tiempo, ha sido usada como elemento de división nacional.

La primera afirmación es evidente. Después de que el Mandatario pidiera a la asamblea poner el pie en el embrague y no ser “partisana”, se ha hecho manifiesto que los destinos de su administración están estrechamente unidos a los destinos de la Convención.

De ahí se deriva la segunda afirmación: efectivamente, la oposición ha desarrollado una activa campaña de información y desinformación tendiente a dar cuenta tanto de las dificultades legítimamente abordables, como de mentiras abiertas e invenciones.

Ambos escenarios de angustia y ansiedad son producto de una premisa errada: la creencia de que la democracia se juega en la convención y en la aprobación o rechazo de su producto, la propuesta de nueva constitución. Pero si entendemos que no es así, que la democracia no se agota con esta instancia, podemos dar un punto de vista más sensato a la comprensión de los acontecimientos.

En efecto, una parte de la ansiedad proviene del ejercicio mismo de la democracia, por el pueblo y desde el pueblo. Organizado o no, desde los partidos o no, la convención ha sido una muestra de democracia 24/7, una especie de reality de la democracia al que no estábamos acostumbrados. Las únicas experiencias de ello las habíamos tenido en el centro de padres o en el centro de alumnos, donde a ratos aparecían propuestas descabelladas que atribuíamos a algunos destemplados aislados, que siempre los hay.

Pero ahora los destemples los comenzamos a escuchar en la “política real”, en la asamblea encargada de darnos una nueva propuesta constitucional. Y nos desconcertamos. Se produjo una “disonancia cognitiva”: nuestro conocimiento de la “gran política” era que los acuerdos se hacían entre cuatro paredes y luego nos los presentaban, a todos los demás, a nosotros, al pueblo. Pero nunca vimos los debates, no presenciamos la mayoría de las chambonadas (algunas sí, pero no la mayoría, y ciertamente no todos los días).

Si nos acostumbramos a que el ejercicio democrático es así, con luces y sombras, con gente que dice cosas inteligentes y otros que no… podemos disminuir el grado de ansiedad.

En seguida, otro error que nace de una premisa falsa es unir la convención con su resultado. La convención es un ejercicio democrático y los ejercicios de la democracia son siempre buenos. Debatir, dialogar, contrarrestar posiciones y decirse las cosas en la cara siempre va a ser algo bueno. Construir, manifestar los derechos, traspasarlos a un texto y proponer, proponer, proponer… siempre va a ser algo positivo, y que se va a contraponer a la opacidad de las élites, las aristocracias criollas que han gobernado el país con discriminación y autoritarismo.

Pero el hecho que el ejercicio sea positivo, no quiere decir que el producto del debate sea positivo. Lo que quiero decir es que no es obligatorio defender el producto (la propuesta constitucional) solo porque nace de una convención democrática. Es más, cuando venció el Apruebo en el plebiscito de entrada todos los chilenos acordamos que como parte de las reglas del juego iba a haber un plebiscito de salida. Esto significa que se evalúa el producto, no su origen. Su origen lo votamos en el plebiscito de entrada. Pero ahora es otra cosa.

Si logramos separar la propuesta del órgano que la elabora, entenderemos que se puede valorar el ejercicio democrático sin amarrarlo a lo que salga de él y que el ejercicio democrático no es garantía de una buena propuesta. Por supuesto, será un producto mucho más legítimo en su origen que las constituciones anteriores que han regido a Chile, pero eso no significa que sea necesariamente bueno. Y por ello siempre entendimos que teníamos la posibilidad de evaluar la propuesta en su propio mérito.

Si la propuesta constitucional no es aprobada, no quiere decir nada respecto al positivo y valorable ejercicio de la democracia que hemos vivido y que debería continuar. El destino de la democracia no se agota en la propuesta que salga de la constituyente. Habrá otras posibilidades para mejorar como país. De hecho, entendamos que el solo ejercicio ha sido un mejoramiento, pues nos ha permitido mirarnos como país, y reconocer a otros que antes no estaban en el espectro y que tenían una voz.