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El impacto de las palabras

Por Pilar Valenzuela Rettig.- Sobre el oficio proveniente de la Cámara de Diputados dirigido a la Universidad de Chile y a la Universidad de Santiago donde se solicitan un «informe sobre cuántos cursos, centros, programas y planes de estudio se refieren a temáticas relacionadas con estudios de género, ideología de género, perspectiva de género, diversidad sexual y feminismo, detallando sus principales características e individualizando a los funcionarios o docentes que están a cargo de ellos». A pesar de que esta solicitud oficial tiene fecha en julio del presente año, el tema surge a discusión a partir de una declaración pública que rechaza el oficio por las connotaciones de esta «suerte de inquisición», argumentando que la ideología de género es un término que se ha usado para denostar los estudios sobre feminismo que son abordados de la academia como «teoría crítica» y nunca como «ideología».

Como estudiosa de la cultura y el discurso, llamo la atención a la necesidad de ser críticos con nuestro lenguaje. Efectivamente, el concepto de ideología es definido por la Real Academia Española (RAE) como «conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político» y «doctrina que, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, tuvo por objeto el estudio de las ideas». Hilando en esta consulta al diccionario (la más sencilla y accesible a toda la ciudadanía), accedemos al término de doctrina, que es definido por la RAE como «enseñanza que se da para instrucción de alguien», «norma científica, paradigma», «conjunto de ideas u opiniones religiosas, filosóficas, políticas, etc. Sustentadas por una persona o grupo», vinculando el término a predicación y plática al pueblo.

Ahora, hay que entender que el lenguaje es un aspecto cultural y, por tanto, no se basa, exclusivamente, en una regulación normativa de un diccionario. Intervienen muchos aspectos de saberes y acciones vinculadas a la cultura. En este caso en particular, la ideología desde el punto de vista de la cultura académica, efectivamente está cargada de un significado de poder, puesto que hay un agente que crea, defiende y comunica y/o adoctrina respecto a estas ideas. En este argumento está el peligro y el error de los diputados: al incluir este término en su solicitud, dando espacio para interpretar que consideran que estas instituciones de educación presentan cursos, centros, programas y planes de estudio relacionados con «ideologías de género», es decir, incluyen la posibilidad de sostener que puede presentarse en vínculo a un adoctrinamiento respecto al género.  En este sentido es importante destacar en esta discusión, y poner en relevancia respecto a la educación de la ciudadanía, que parece estar en deuda con una enseñanza crítica respecto a la/s ideología/s y el análisis crítico del discurso, puesto que los diputados, al parecer, no previeron el impacto de sus palabras.

Pilar Valenzuela Rettig es doctora en Ciencias Humanas mención Discurso y Cultura. Académica Investigadora de la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Chile

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