
Por Max Oñate Brandstetter.- «El voto obligatorio es reclamado en general por los partidos de derechas que piensan que las abstenciones son más numerosas entre los electores de sus tendencias que en los medios populares». Duverger, Instituciones Políticas y Derecho Constitucional.
Los procesos electorales no son rituales que parten desde cero, elección tras elección, donde todos tengan las mismas oportunidades de ganar o competir en igualdad de condiciones. Estos rituales democráticos se definen a través de la distribución de los llamados bolsones electorales, pieza clave sujeta a las formas de participación y a la demografía. Una modificación en el sistema electoral redefine los resultados. Teniendo esto en consideración, podemos comparar elecciones en esas dimensiones, aunque se encuentren alejadas en otras variables importantes.
En las elecciones presidenciales de 2021, la distribución de respaldos electorales fue similar a la actual de 2025, aunque en esta oportunidad el voto es obligatorio.
En la primera vuelta presidencial de 2021 votaron 7.114.800 personas (47,33%), menos 31.148 votos en blanco y 57.044 nulos, lo que dejó un total de 7.026.608 votos válidamente emitidos, distribuidos de la siguiente manera:
José Antonio Kast se consolidó como un competidor outsider, quebrando el apoyo electoral de la derecha tradicional y siendo el candidato individual más votado en primera vuelta. La tradición indica que quien obtiene mayoría en primera vuelta suele repetir la fórmula en la segunda. Franco Parisi irrumpió con su mejor candidatura hasta la fecha, posicionándose en tercer lugar, por sobre la derecha tradicional y la Concertación, así como sobre las candidaturas de izquierda de menor respaldo.
La centroizquierda sumó un total de 3.267.562 votos, mientras que la derecha alcanzó 2.859.617. De este modo, los votos de Parisi fueron gravitantes y definieron el resultado electoral.
En la segunda vuelta participaron 8.364.534 personas (55,64%), menos 24.130 votos en blanco y 68.802 nulos, lo que arrojó un total de 8.270.978 votos válidamente emitidos, distribuidos de la siguiente manera:
La candidatura de Boric giró en torno a la estrategia clásica de la Concertación, haciendo uso de un perfil “moderado y convocante”, con el objetivo de obtener el respaldo electoral de Parisi. Sin embargo, esta estrategia se dirigía principalmente a votantes tradicionales, lo que dificultaba atraer a un público nuevo y mayoritario. Con todo, la suma del respaldo electoral de Parisi se tradujo en un total de 4.166.972 votos, superando a Eduardo Frei Ruiz-Tagle, quien hasta entonces era el presidente electo con mayor cantidad de votos nominales en la historia electoral de Chile.
La segunda vuelta atrajo 1.249.734 nuevos electores, distribuidos en 454.098 para Boric y 790.471 para Kast. Esto muestra que, a medida que aumenta la participación electoral, la incorporación de nuevos votantes favorece proporcionalmente a las candidaturas con mayor gasto en publicidad, ya que su presencia mediática es más frecuente. Comparar el gasto electoral con el aumento en la participación es un desafío pendiente: no significa que quien gasta más dinero gane la elección, pero sí que obtiene una mayor proporción en ese nuevo bloque de votantes.
En esta oportunidad, ese bolsón electoral adicional no fue decisivo frente al bloque tradicional, aunque se aproximó a la adhesión de Parisi. Tras este evento, Gabriel Boric se convirtió en el presidente electo con mayor respaldo nominal en la historia de Chile, aunque Frei sigue siendo el único que ganó en primera vuelta con esa magnitud de votos.
Elecciones presidenciales 2025
En la primera vuelta presidencial de 2025 se emitieron 13.452.724 votos, menos 142.083 en blanco y 360.926 nulos, dejando un total de 12.949.715 votos válidamente emitidos, bajo el formato de voto obligatorio. La distribución fue la siguiente:
Jeannette Jara tiene mayor respaldo electoral que la centroizquierda en la primera vuelta de 2021. José Antonio Kast nuevamente juega un papel outsider en relación con la derecha tradicional, aunque en esta ocasión obtiene mayor respaldo electoral que en la primera vuelta de la elección pasada, pero menor que en la segunda —dato relevante, dado el contexto del voto obligatorio—. Esto podría explicarse por la competencia de Johannes Kaiser, con quien compartía lista parlamentaria.
Evelyn Matthei cuenta con un mayor respaldo electoral que Sebastián Sichel, en calidad de homólogo de candidato de la derecha tradicional en las elecciones pasadas. Franco Parisi se posiciona nuevamente en el tercer lugar, por sobre la derecha tradicional. Johannes Kaiser obtuvo un respaldo electoral levemente inferior al de Gabriel Boric en la primera vuelta de la elección anterior. El apoyo hacia las candidaturas de Marco Enríquez-Ominami y Eduardo Artés cayó de manera considerable.
Escenarios de segunda vuelta presidencial
Partiendo de los bolsones electorales ya expuestos:
Escenario 1: Se divide el respaldo electoral en la derecha, generando un quiebre en la distribución de apoyos. Esto produce un resultado estrecho en favor del oficialismo y, de este modo, se impide la alternancia en el poder, aunque con la posibilidad de alimentar un relato de fraude electoral, al estilo de Donald Trump.
Escenario 2: Jeannette Jara concentra todos los votos de la centroizquierda, además de los de Mayne-Nicholls y Parisi, alcanzando un total de 6.433.428. Sin embargo, esta cifra queda por debajo del respaldo de la derecha, perdiendo así la contienda.
Escenario 3: Se dividen los apoyos de Parisi, lo que no cambia el resultado del escenario 2, solo modifica la brecha entre las candidaturas en disputa.
Conclusiones
La tragedia de salir primero consiste en que, en las elecciones presidenciales pasadas, quien ganó la primera vuelta perdió en la segunda, contrario a la tradición electoral. Este parece ser el escenario más probable en la próxima fecha.
Parisi es nuevamente la tercera mayoría, pero ya no juega el rol gravitante que define un resultado: solo ofrece derrota aplastante o más estrecha en términos absolutos. El techo electoral del oficialismo oscila entre 4.620.890 (Boric, por encima de Eduardo Frei Ruiz-Tagle) y 4.859.039 (plebiscito de salida), cifras insuficientes en este nuevo contexto, a pesar de la insistencia en la estrategia de “moderado y convocante”, que no logra atraer nuevos votantes.
La derecha, dividida en tres candidaturas, suma 6.516.287 votos, aún por debajo de los 7.882.238 del Rechazo en el plebiscito de salida, que incluyó votos circunstanciales. Todo apunta a que es una carrera definida: solo falta confirmar la magnitud de la diferencia. La derecha ya cuenta con los votos necesarios para ganar esta elección sin sumar nada más. Habrá alternancia y, dada la tendencia de los gobiernos de derecha tras la recuperación de la democracia, se anticipa una grave y profunda crisis social y política hacia la mitad del próximo mandato.
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