
Por Claudio Masson.- Ah, Chile querido. El país donde el Congreso no logra ponerse de acuerdo en salud pública, educación ni seguridad, pero sí detiene todo para rendir homenaje a Nicole “Luli” Moreno, porque ganó más medallas que un militar en retiro.
Sí. Esto pasó. Luli, ex chica reality con doctorado en reinvención mediática, fue homenajeada por la Cámara de Diputados por sus “logros deportivos” en el mundo del fisicoculturismo.
¿Por qué? Porque ganó seis medallas en certámenes internacionales de fisicoculturismo realizados en Panamá, Bolivia y Colombia. Países donde, al parecer, hay más competencias deportivas que sesiones legislativas efectivas en nuestro propio Congreso. Eso basta, aparentemente, para que los diputados se levanten y aplaudan.
¿Quién la impulsó? La diputada Marisela Santibáñez. Entre comisión y TikTok, hubo tiempo para todo. En 2019, la diputada fue sancionada por la Comisión de Ética tras una polémica declaración relacionada con el asesinato del senador Jaime Guzmán. Hoy, es ella quien invita a Luli al Congreso para rendirle homenaje.
La aplaudió el Congreso. Bueno, quienes no estaban almorzando o revisando perfiles de sus exparejas en redes sociales, claro.
No es culpa de Luli, desde luego. Ella al menos entrena. Pero esta obsesión con la celebridad musculada como símbolo de mérito nacional dice más de nosotros que de ella. Y no precisamente cosas lindas.
Por supuesto, el Congreso sigue sin homenajear a la vecina enfermera que salvó vidas en plena pandemia. Pero adelante: Luli tiene glúteos de titanio.
Luli lanza a veces frases desconcertantes que parecen parte de una rutina de stand-up improvisado más que de un discurso pensado.
Puede hacer sentadillas con más peso que el que soporta nuestra democracia.
Ha demostrado confusión al hablar de capitales, estructuras del Estado o incluso nociones básicas de calendario.
Y aun así, obtiene atención, tribuna y reconocimiento institucional que miles de personas con postgrados y diplomas no logran.
Vamos bien, Chile. Cada vez más vanos y más perdidos. La brújula institucional parece rota —o pisoteada debajo de una alfombra roja televisiva—.
Mientras eso ocurre en el Congreso, más de 13 000 funcionarios públicos asisten al casino “enfermitos”.
Un valiente arquitecto, en una reciente entrevista, denunció cómo el narcotráfico paga casas en Valparaíso a cambio de “nada”, en una estrategia para lavar activos e instalar poder territorial en zonas vulnerables.
Y un Carabinero lucha por un traslado para cuidar a su hijo neurodivergente, pero la institución rechaza su petición dos veces.
Mientras tanto, Luli se pasea en el hemiciclo, tan desprestigiado que no da para más que eso. No es la heroína que esperábamos… pero quizás sí la heroína que merecemos según nuestro algoritmo nacional de prioridades invertidas.
¿Dónde queremos llegar como país cuando un posado en el Congreso vale más que una política pública consistente o un servicio de salud digno? ¿Alguien piensa, en medio de esta parranda, en las consecuencias de sus actos y de nuestras omisiones?
Claudio Masson es Biólogo de la PUCV, consultor especializado en estrategia ambiental y desarrollo de equipos.
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