Mundo Académico

¿Hablamos inglés? ¿O solo creemos que lo hablamos?

El uso cotidiano de anglicismos nos da la ilusión de dominar el inglés, pero la verdadera prueba aparece al hablar: ahí se revela que reconocer palabras no basta, lo esencial es comunicarse.

Por Carlos Barraza.- Cada vez es más común escuchar a alguien decir “yo entiendo inglés. Lo curioso es que esa afirmación suele ir acompañada de un pequeño asterisco invisible: entiendo… pero me cuesta hablarlo. Basta con que la conversación pase del chat al face to face, del reading al speaking, para que aparezca el silencio, el nerviosismo y una frase de escape del tipo: “I don’t speak very well”.

En este mundo globalizado, vivimos rodeados del inglés. Está en el marketing, en las apps, en los trends, en el feed de Instagram, en los fandoms, en tu playlist favorita, en el streaming, en el feedback del trabajo, en cada meeting, en los emails, en los likes, en el casting del reality de turno y hasta en el coffee break. Usamos estas palabras todos los días, con naturalidad, sin esfuerzo y sin darnos cuenta. Y tal vez ahí comienza el verdadero problema.

El uso masivo de diversos anglicismos genera una sensación engañosa de dominio. Como entendemos un post, reaccionamos a una story, pedimos delivery o enviamos el informe justo antes del deadline, creemos que ya estamos dentro del idioma. Pero reconocer palabras no es lo mismo que manejar una lengua. En un ranking lingüístico eso es solo el primer paso.

Podríamos comparar este fenómeno con conocer los nombres de los ingredientes de una receta y pensar que, por eso, ya sabemos cocinar el plato. El inglés cotidiano que usamos en español funciona como un shortcut: nos hace sentir cómodos, modernos, globales. Sin embargo, no nos exige construir frases, negociar significados, equivocarnos ni sostener una conversación real.

Cuando llega el momento de hablar, el escenario cambia. Ya no basta con decir que tu ticket viene con un meet & greet para el show de la boy band de la que eres fan, o que vas al mall porque hay que aprovechar el sale del Black Friday. Hay que explicar ideas, expresar opiniones, reaccionar en tiempo real. Ahí la ilusión se rompe, el vocabulario suelto no se conecta, la gramática no aparece y el miedo al error toma el control: un absoluto epic fail.

Como sociedad hemos estado expuestos al inglés durante años, pero esa exposición ha sido, en su mayor parte, pasiva. Estamos rodeados de mucho inglés decorativo, pero con poco uso activo. El uso de palabras en inglés dentro del español no genera amenaza social; nadie se siente evaluado por decir online o gift card, pero hablar inglés sí expone: aparece el miedo a sonar mal, a equivocarse, a no ser lo suficientemente fluido. Es ahí cuando preferimos quedarnos en ese terreno seguro donde creemos saber, sin comprobarlo.

Este fenómeno abre una oportunidad importante para que nosotros, como docentes, podamos seguir avanzando hacia una enseñanza del inglés que ponga en el centro el uso real del idioma y no solo su conocimiento teórico. Este enfoque más funcional nos invita a crear espacios donde podamos usar a nuestro favor todo ese vocabulario que nos rodea, y podamos hacer que el hablar sea parte natural del aprendizaje, donde la comunicación sea más importante que la perfección y donde equivocarse —que es parte fundamental del proceso de aprendizaje de una segunda lengua— no genere frustración, sino confianza.

Carlos Barraza es académico en la Universidad del Alba

Alvaro Medina

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