Opinión

La derecha que vuelve: genealogía de un poder que nunca se fue

La reunión de la ultraderecha en Santiago reabre una historia larga: fracturas, herencias y mutaciones de un sector que ha moldeado la política chilena por más de medio siglo.

Por Hugo Cox.- La reunión de la “internacional” de ultraderecha en Chile, no debería constituir novedad alguna. Más allá de las consecuencias políticas en el plano interno que deberá asumir el gobierno, es conveniente precisar algunos hechos que ilustran cómo ese tipo de derecha ha estado presente en la historia de Chile.

Los sectores más conservadores siempre han sido parte importante del poder en este país. En la historia reciente, no olvidar Patria y Libertad, Avanzada Nacional y otros grupos. Ya en plena recuperación de la democracia se crea Renovación Nacional, que al poco tiempo se divide, y un sector encabezado por Jaime Guzmán se retira de ese partido y forma la UDI, dejando a los sectores de la derecha liberal y asumiendo ellos la defensa de los valores “tradicionales” y la defensa de la dictadura.

Pero la UDI se divide, dando origen a Republicanos con José Antonio Kast y varios diputados, acusando a la directiva de la UDI de traicionar los principios del partido. En ese momento se lanza la “UDI Popular” (los coroneles dirigían la UDI).

Por tanto, ese sector, producto de una serie de hechos conocidos por todos, llega al poder.

Las características iliberales del gobierno como del presidente no se esconden: la historia del partido y del propio presidente así lo demuestran. Aquí algunas variables:

Kast se define como un político de “derecha a secas”, combinando una corriente conservadora en lo social con el neoliberalismo económico. Se enmarca dentro de la derecha radical o ultraderecha conservadora, alineado a nivel internacional con movimientos de la derecha populista y soberanista, al igual que el Partido Republicano (ellos no son “la derecha cobarde”).

Origen y trayectoria de Kast

Formado en la UDI y bajo la influencia del pensamiento gremialista de Jaime Guzmán, Kast construyó su perfil enfatizando el orden institucional y el valor de la familia tradicional. Más tarde fundó el movimiento Acción Republicana y el Partido Republicano para agrupar a los sectores disconformes con la derecha tradicional chilena.

A diferencia de otros líderes populistas de derecha de la región, su retórica suele caracterizarse por un tono calmado, formal y disciplinado, centrando su discurso en la defensa del Estado de derecho, el respeto a la fuerza pública y el combate a la delincuencia y la inmigración irregular.

Interpretar el fenómeno exige mayor énfasis en la reacción conservadora y la polarización estructural. La irrupción de Kast y Republicanos no es solo una contingencia electoral por la seguridad, sino el reflejo de un “neoconservadurismo reactivo” que busca revertir los avances en derechos sociales y derechos de género consolidados en la última década.

Por otra parte, el problema desde la teoría liberal kantiana y popperiana: el Estado debe ser un marco neutral donde convivan distintas visiones del mundo. Por ello, Kast y Republicanos entienden la política como una “batalla cultural y moral”.

Gramsci y los “monstruos” del interregno

La famosa frase atribuida a Antonio Gramsci—popularizada como “El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer y en ese claroscuro surgen los monstruos”— sintetiza el concepto gramsciano de interregno o crisis orgánica.

En Santiago se reúnen los nuevos “monstruos” del siglo XXI

El significado de la frase se encuentra en los Cuadernos de la cárcel: la crisis de hegemonía se produce cuando las clases dominantes han perdido el consenso (ya no dirigen, solo dominan mediante la fuerza) y las masas han dejado de creer en las ideologías tradicionales, pero las fuerzas alternativas aún no logran articular un proyecto histórico sustitutivo. Los “fenómenos morbosos” o “monstruos” son las respuestas autoritarias, demagógicas o reaccionarias que llenan provisionalmente ese vacío de representación y sentido.

Para combatir estos “monstruos” y resolver el interregno, la teoría política de Gramsci plantea una estrategia integral articulada en los siguientes ejes:

  1. Desarrollar la Guerra de Posiciones

Frente a sociedades complejas donde el Estado no es solo el aparato coercitivo sino también la red de instituciones civiles que lo sostienen (sociedad civil), no basta con un ataque frontal o insurrección directa (guerra de movimiento).

Trinchera por trinchera: Se requiere un trabajo constante de construcción cultural, social y político en los espacios de la sociedad civil: escuelas, sindicatos, medios, comunidades, intelectualidad.

Desarticulación del sentido común: Los monstruos se alimentan del sentido común dominante (pasivo, fragmentado y conservador). La estrategia exige transformarlo en un buen sentido crítico y coherente.

  1. Construir una Nueva Hegemonía

Combatir la reacción no consiste únicamente en la denuncia o la resistencia defensiva, sino en la capacidad de proponer una dirección moral y cultural alternativa.

Dirección antes que dominación: Generar un proyecto de sociedad que articule las demandas de diversos sectores desencantados.

Bloque histórico: Crear una alianza sólida entre la estructura económica y las superestructuras ideológicas y culturales, de modo que la alternativa sea percibida como viable, justa e inevitable.

  1. La labor de los Intelectuales Orgánicos

Los monstruos prosperan cuando la desconexión entre dirigentes y dirigidos produce apatía y cinismo.

Superar el divorcio entre saber y sentir: El intelectual orgánico no es el académico distante, sino el organizador y educador que vive las necesidades de la ciudadanía.

Formación política permanente: Crear instituciones y herramientas de autoeducación colectiva para evitar que las masas sean presas de la manipulación demagógica.

  1. Mantener el Optimismo de la Voluntad

Ante el desánimo que producen las opciones autoritarias o regresivas durante la crisis, Gramsci plantea su célebre consigna:

«Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad.»

El análisis debe ser riguroso y frío (pesimismo de la inteligencia), pero la acción política exige determinación (optimismo de la voluntad).

Chile y el cierre del interregno

En suma, para Gramsci los monstruos no se combaten únicamente resistiendo sus embestidas, sino acelerando la gestación de lo nuevo: construyendo hegemonía, organización y madurez política para cerrar el interregno.

Esto, en Chile, tiene un significado profundo: crear un movimiento político amplio que reúna a las fuerzas democráticas en torno a objetivos claros y precisos que interpreten a las mayorías.

El llamado en la carta de los alcaldes Bellolio y Vodanovic apunta en una dirección interesante que necesariamente hay que profundizar e integrar al mayor número de personas, partidos políticos y movimientos sociales. Ese debería ser un camino.

 

Alvaro Medina

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