
Por Bernardo Javalquinto.- Un IPC de 1% en un mes es un incremento muy significativo para Chile. Es más del triple de lo que el Banco Central considera normal y un evento poco común, que se asocia a grandes perturbaciones. De hecho, el 1% de abril de 2026 fue el resultado de una tormenta perfecta que comenzó en marzo, pero cuyo impacto total se sintió al mes siguiente.
Este dato no es sólo una estadística del pasado. Marca un antes y un después, ya que obligó al Banco Central a detener las bajas de tasas de interés y redefinió las proyecciones económicas para todo el año.
Significado de un 1% mensual: Un aumento mensual de esta magnitud suele ser excepcional. Para ponerlo en contexto, la inflación anual acumulada hasta febrero de 2026 era de sólo 2,4%, muy cerca de la meta del 3% del Banco Central. Que los precios suban un 1% en un solo mes es una fuerte señal de un shock económico.
Contexto histórico y causas: El IPC de marzo fue 1,0% y el de abril también sorprendió, alcanzando un 1,1%. Esta escalada fue causada por un «shock externo» sin precedentes: el precio del petróleo se disparó por encima de los 120 dólares por barril debido al conflicto en Medio Oriente. Esto llevó al mayor ajuste del precio de los combustibles en Chile desde 1973 (gasolina +$370, diésel +$580 por litro). En la canasta del IPC, la gasolina por sí sola tiene una ponderación de 3,39%, por lo que su encarecimiento impulsó directamente el IPC.
El papel del diésel y los efectos indirectos: El impacto fue mucho más allá de la gasolinera. El fuerte aumento del diésel encareció el costo del transporte de carga , lo que se trasladó al precio final de prácticamente todo, especialmente los alimentos, que subieron por el alza en los fletes. Por eso, tu apreciación sobre el impacto limitado de un elemento es clave; el verdadero golpe llegó después, con los precios de los alimentos y otros bienes.
Consecuencias para la política monetaria: Esta situación dejó al Banco Central sin margen de maniobra. Había señalado que continuaría bajando la tasa de interés, pero el IPC de 1% lo forzó a mantenerla en 4,5% para frenar la inflación. Si la hubiera seguido bajando, habría acelerado aún más la inflación.
En resumen, los IPC de marzo y abril de 2026 son más que un simple registro: son la manifestación de cómo un shock externo (petróleo) se transformó en una crisis doméstica, cuyo impacto final se sigue evaluando en la economía chilena.»
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