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La necesidad de tejer hebras de paz en el Perú

Por Sergio Salinas Cañas.- Informaciones de fuentes abiertas, apuntaron que la encuesta IEP de diciembre mostró que un 83% cree en el Perú que se deben adelantar las elecciones generales. Es decir, para el escenario actual, siete de cada 10 personas encuestadas están en desacuerdo con que Dina Boluarte haya asumido como jefa de Estado ante la vacancia de Pedro Castillo. La encuesta mostró además que solo un 13% piensa que Dina Boluarte debe mantenerse y finalizar su gestión en 2026.

Además, casi la mitad de las personas encuestadas (46%) cree que empeorará la situación política en el Gobierno de Boluarte, mientras que un 29% considera que estará igual y un 17% que mejorará. De manera muy similar con la medición de mayo de 2022, hay un alto descontento social con el funcionamiento de la democracia en el país, ya que un 80% está insatisfecho (50%) o muy insatisfecho (30%) con su desarrollo.

Para el experto en comunicación política y en la política peruana, Andrés Palacios, el gobierno de Dina Boluarte tiene un diagnóstico equivocado del escenario actual. Su respaldo es más bajo del esperado y el del ex presidente Castillo más alto de lo que se estimaba. El quiebre de Lima y el resto de las regiones es muy profundo y se está agudizando día a día.

En este escenario, el 17 de diciembre, Antauro Humala, líder etnocacerista, señaló a la prensa chilena que “cuando Perú recupere Arica y Tarapacá habrá una hermandad real con Chile”. Además, dijo que “Boluarte es la presidenta de Perú, pero no es legítima”, cambiando sus primeros discursos.

Para Humala -recién liberado el 20 de agosto pasado por perpetrar un sangriento motín contra el gobierno de Alejandro Toledo, el 1 de enero de 2005- realizar elecciones en un año más es totalmente insuficiente porque la situación no da para más. Sostiene que “tiene que ser de inmediato. Es decir, o ella directamente convoca desde ya a elecciones o simplemente renuncia y ahí por ley el presidente del Congreso, no importa quién sea, debe convocar inmediatamente a las elecciones”.

En Ayacucho, el gobierno decretó (17) el toque de queda a la provincia de Huamanga por protestas. La medida regirá por cinco días calendario de 6.00 p. m. hasta las 4.00 a. m. para esta provincia debido a las manifestaciones que exigen el adelanto de elecciones generales. El tema en esta provincia es muy complejo ya que es muy simbólica políticamente, ya que acá nació Sendero Luminoso. En estos momentos se han reactivado las “rondas campesinas”, grupos nacionalistas de extrema derecha, que enfrentaron armados a este grupo. Su consigna actual es “Vamos Perú, a la guerra civil”.

Perú vive una alta agitación creciente, por la alta polarización que viven los partidos políticos, el parlamento y los movimientos sociales, algo que no comenzó con la caída del presidente Pedro Castillo, sino que proviene de un escenario convulso, jodido, quizás el único país en el mundo que en seis años cambió seis veces presidente.

Y sin pretender usar frases gastadas, pero atingentes, como la aparecida en el libro Conversaciones en la Catedral de Mario Vargas Llosa en 1969: “¿Cuándo se jodió Perú?”. Ni la dicha por el ex Rey de España, Juan Carlos I, en una entrevista otorgada a la revista Newsweek en 1976, al referirse al presidente del gobierno heredado del franquismo, Carlos Arias Navarro, como “un desastre sin paliativos”, usaré una de un destacado académico vasco, Juan Gutiérrez[1], de Gernika Gogoratuz, pero transformada en pregunta ¿Cómo construimos hebras de paz?

Las hebras de paz son actos insumisos de la gente que ayuda a los demás. La paz es débil. Todos queremos la paz, pero queremos otras cosas más que a la paz, cosas que están por encima de ella y eso nos enfrenta. Por eso nos armamos para imponer nuestra voluntad, lamentó Juan Gutiérrez, investigador y asesor de paz, quien en 2011 puso en marcha el proyecto Hebras de Paz Viva.

Juan Gutiérrez lleva más de media vida estudiando el conflicto en España, Colombia, Alemania, Italia y la antigua Yugoslavia. Su hebra, sólo la contó 48 años más tarde, llevándola a la luz: A su padre le salvó la vida un taxista republicano que avisó para que no lo torturaran y que pese a no compartir sus ideas políticas lo conoció como persona, como ser humano.

Ya partimos desde el final de esta dramática película, como en Ciudadano Kane, Memento, Pulp Fiction o Doce Monos y es arriesgado en una columna, por lo difícil que mantener la atención del público, sin imágenes ni sonido, sólo letras, frases, ideas.

Seamos claros, tras asumir el poder el 28 de julio de 2021 Pedro Castillo era la representación del “Perú profundo”, ese país dividido históricamente, entre la costa y la sierra, como aparece en algunos libros y escritos de alguno de los acá firmantes. Pero Pedro Castillo nunca encontró un rumbo. Cambió un gabinete de ministros tras otro, perdió aliados, se mostró políticamente errático y terminó dependiendo de círculos oscuros de asesores y envuelto en crecientes denuncias de corrupción de su entorno y su familia.

Solo fue un apto candidato, por favor no mirar a Chile, cuando aprovechó la sobreabundancia de candidatos (más de 20) y de la extrema fragmentación del voto. Por eso, supo sacar partido de las debilidades ajenas y de los problemas estructurales del colapsado sistema de partidos peruano, beneficiándose de la endeblez de un centro devaluado y dividido (Julio Guzmán y George Forsyth), de una derecha fragmentada (Rafael López Aliaga y Daniel Urresti) y de una izquierda desnortada (Verónika Mendoza y Yonhy Lescano).

Insisto, no queremos reflejar Chile, con sólo algo más del 19% de los votos, pudo pasar a la segunda vuelta. Castillo era un candidato débil que podía perder con cualquier otro rival, salvo con Keiko Fujimori, y eso fue lo que finalmente terminó ocurriendo. En el balotaje, fue capaz de canalizar a su favor el numeroso, heterogéneo y huérfano voto antifujimorista. Gracias a él se impuso a la hija del dictador por menos de 50.000 votos.

Una vez en el gobierno, Castillo fue capaz de ejemplificar la nada. Tampoco busco comparar con Chile. Solo cabe mencionar que los analistas internacionales dicen que cualquier comparación con un gobernante medianamente eficaz es inimaginable. Castillo, no Boric, fue incapaz de dotar de estabilidad, rumbo y gobernanza a su país. Sin plan ni agenda, su principal objetivo fue sobrevivir en el palacio de gobierno, aprovechándose de los errores de la clase política que lo puso y sostiene en el gobierno.

Según el cientista político Fernando Tuesta Soldevilla, “teníamos un presidente sin formación ni liderazgo y sujeto de toda sospecha de corrupción, así como representantes parlamentarios de pésimo desempeño legislativo, entusiastas del control político y, si la prensa hurgara como lo hace con el Ejecutivo, encontraríamos en varios congresistas a candidatos a estar tras las rejas”.

Pedro Castillo ha sido la mejor constatación de que, en muchas ocasiones, como en Chile, votar por el mal menor cristaliza en un mal mayor. Los cientistas sociales sostienen que los peruanos huyeron en los años 80-90 del siglo pasado del ajuste neoliberal personificado por Mario Vargas Llosa para caer en los brazos autocráticos de Alberto Fujimori. Al final, no sólo tuvieron un ajuste muy duro, sino también, después del autogolpe de 1992, un régimen autoritario que desembocó en una dictadura feroz y corrupta. Así, en 2011, 2016 y 2021, para huir del peligro que significaba una vuelta al fujimorismo, la ciudadanía peruana decidió respaldar a candidatos ubicados en las antípodas políticas, aunque en todas las ocasiones la victoria sobre Keiko Fujimori se dio por un margen estrecho de votos. En 2021, también absorto por el extendido antifujimorismo, se impuso Pedro Castillo, el representante de un partido autodefinido como marxista-leninista-mariateguista. Nada que decir de Chile.

Juan Gutiérrez señaló: “Ahora que puedo, interrogo exhaustivamente a mi madre sobre el pasado. Van quedando muy pocos de su generación, y pronto no habrá nadie a quien preguntar sobre aquellas vidas anónimas y humildes, y a punto ya de extinguirse del todo en la memoria colectiva. Me gusta mucho conversar con mi madre, escucharla. Da gusto oírla hablar. Habla de un modo natural y sencillo, con la viveza y el vigor del antiguo lenguaje oral, el que ella oyó de niña, y que sería más o menos el mismo que aprendieron su madre y su abuela de otras generaciones anteriores. Hablo mucho con ella, y sin embargo apenas sé nada de su infancia y de su juventud. Le pregunto y le pregunto, un año tras otro, pero ella no me cuenta. No porque no se acuerde o no quiera contarlo, sino porque su vida no le parece interesante”.

Debemos, imponer y hacer públicos gestos en los cuales la bondad humana se antepuso a la barbarie o sinrazón. Esos actos de apoyo entre las personas, es lo que se denomina Hebras de paz viva, fibras que actúan como puentes de vida en un tejido que parece rasgado por la violencia. Como dijo Juan Gutiérrez “¿Y qué pretende este proyecto?, hacer públicas las acciones y gestos de bondad entre seres humanos e ir introduciéndolas en la memoria colectiva de las sociedades”.

Sergio Salinas Cañas es Doctor en Estudios Latinoamericanos y autor del libro Del regreso del inca a Sendero luminoso. Violencia y política mesiánica en el Perú, junto con los académicos Gilberto Aranda y Miguel Ángel López.

Notas

[1] Durante varios años fue el director del Centro de paz Gernika Gogoratuz («recordando Gernika») y asesor de la Asociación 11-M Afectados por Terrorismo, entre 2004 y 2011. Es el coordinador en Medialab-Prado del proyecto de Memoria y Paz y es presidente de la Asociación de ámbito internacional Hebras de Paz Viva.