
Por Susan González.- La cultura contemporánea parece haber extendido la lógica del consumo más allá de los objetos. Cada vez con mayor frecuencia, los vínculos humanos también son tratados como bienes reemplazables. Cuando una relación incomoda, confronta o exige transformación, la respuesta habitual no siempre es comprenderla, sino sustituirla. Esta tendencia invita a preguntarnos qué ocurre con el ser humano cuando comienza a vivir las relaciones desde la lógica del descarte.
El sociólogo Zygmunt Bauman describió una sociedad caracterizada por la fragilidad de los vínculos y la incertidumbre permanente, una idea desarrollada especialmente en su concepto de modernidad líquida. En ese contexto, la estabilidad relacional pierde valor frente a la inmediatez y la satisfacción instantánea. Por otra parte, Ludwig von Bertalanffy, creador de la Teoría General de Sistemas, planteó que los fenómenos humanos solo pueden comprenderse considerando las relaciones entre los elementos de un sistema y no únicamente a los individuos por separado. Ambas perspectivas permiten comprender que las relaciones no son simples encuentros entre personas, sino espacios donde emergen significados, identidades y posibilidades de transformación.
Desde la Ontoterapia proponemos ampliar esta comprensión. Ningún vínculo es completamente externo a quien lo vive. Cada relación moviliza aspectos de nuestra historia, nuestras creencias y nuestra manera de construir la realidad. En este sentido, proponemos el Principio del Espejo Ontológico: el otro no es únicamente otra persona; es también un otro posible. Aquello que logro percibir en él está mediado por mi propia estructura de conciencia. Mi historia, mis heridas, mis recursos y mis aprendizajes participan en la forma en que interpreto el mundo.
Cuando afirmamos que «el otro es otro yo y me relaciono con otros posibles yoes», no sostenemos que el otro sea una simple proyección. Planteamos que toda relación ocurre entre dos subjetividades que construyen significado. Nunca me relaciono únicamente con una persona; también me relaciono con la interpretación que construyo acerca de ella y con las partes de mí que ese encuentro despierta.
Desde una perspectiva sistémica, abandonar un vínculo sin comprender aquello que se repite puede significar trasladar el mismo patrón hacia una nueva relación. El conflicto deja de ser únicamente un problema interpersonal y se convierte en información acerca del sistema y de nuestra propia organización interna.
La Ontoterapia propone desplazar el foco desde la búsqueda de culpables hacia la ampliación de la conciencia. Sanar no consiste únicamente en resolver un conflicto, sino en integrar aquellas partes del ser que permanecían fragmentadas. La transformación ocurre cuando dejamos de reaccionar automáticamente y comenzamos a observar desde dónde estamos construyendo nuestra experiencia.
Quizá el mayor desafío de nuestra época no sea aprender a encontrar nuevas relaciones, sino aprender a habitar con mayor profundidad las que ya existen. En una sociedad donde todo parece reemplazable, el verdadero acto transformador puede ser permanecer conscientes, comprender el sentido del vínculo y crecer a través de él.
Susan Elena González Díaz – Fundadora de Ontoterapia
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