
Por Rafael Urriola.- El precio del petróleo ha mostrado una fuerte volatilidad durante las últimas seis semanas, luego de que Estados Unidos intensificara el conflicto con Irán. Inicialmente, el crudo Brent se mantuvo por debajo de los 90 dólares por barril, pero posteriormente registró un alza abrupta y cerró abril con valores cercanos a los 100 dólares. Este 11 de junio de 2026 volvió a dispararse, superando los 105 dólares, después de que el presidente de Estados Unidos calificara como “completamente inadmisible” la propuesta iraní para poner fin al conflicto.
Este escenario debilita el optimismo de algunos analistas que habían anticipado una caída de los precios en el mercado de futuros, sustentados en la expectativa de un acuerdo rápido entre Washington y Teherán.
Según The Economist (2 de mayo de 2026), esa visión parece cada vez más alejada de la realidad. La publicación advierte que las reservas mundiales de petróleo están disminuyendo aceleradamente y han alcanzado mínimos históricos. Al mismo tiempo, combustibles clave como gasolina, diésel y combustible para aviones comienzan a mostrar señales de escasez, justo cuando la demanda estacional en Estados Unidos se incrementa con la llegada del verano.
En Asia, la industria petroquímica ya ha reducido su actividad debido al encarecimiento energético, mientras que los precios de los combustibles se han disparado tanto en Europa como en Asia. Incluso en caso de alcanzarse un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, The Economist sostiene que la reapertura del estrecho y la normalización del suministro serían lentas debido a problemas logísticos, de seguridad y de capacidad productiva.
La revista advierte, además, que el mundo podría enfrentar un nuevo shock inflacionario de alcance global, con severas consecuencias económicas. Gobiernos y mercados estarían subestimando la magnitud del problema al confiar excesivamente en una pronta resolución del conflicto, cuando en realidad el escenario apunta hacia un periodo prolongado de inestabilidad y ajuste económico.
Los trabajos de estimación macroeconómica de APROB además confirman la sospecha de un ciclo complejo. En efecto, si la inflación supera la meta del 3% -como está pasando-, el BCCh, normalmente, sube la Tasa de Política Monetaria (TPM) lo que, a su vez, encarece el crédito y endurece las condiciones financieras, especialmente para los hogares de los deciles bajos. Esto comprime la inversión y el consumo durable. Es decir, se estaría en presencia de un “ciclo auto flagelante”.
En este contexto, asumir en Chile que la inflación comenzará a moderarse hacia fines de año o que el PIB retomará las tendencias previas al conflicto parece cada vez menos probable, según el Informe de Precios y Coyuntura de APROB (8 de mayo de 2026). Por el contrario, el Boletín Mensual de la entidad advierte que la economía se aproxima a un escenario de estanflación hacia finales de año, caracterizado por altos niveles de inflación combinados con un débil crecimiento de la producción.
Rafael Urriola. Area Macroeconomía APROB
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