
Por Juan Medina Torres.- La situación venezolana, luego de la caída de Nicolás Maduro, nos permite preguntar si el actual proceso político conducirá a la democracia.
El politólogo Guillermo Tell Aveledo, doctor en ciencias políticas, declaró en entrevista para El Diario que “Washington parece preferir la estabilidad del remanente autoritario a la incertidumbre de una apertura que juzgan potencialmente caótica. Para que la transición sea exitosa y no un retroceso, los actores partidarios de la democratización deben demostrar que son más capaces de garantizar la estabilidad que el actual modelo de continuidad. No hemos retrocedido, pero tampoco hemos avanzado”.
Tell Aveledo enfatiza que “no estamos ante un nuevo gobierno negociando con el anterior, sino ante un remanente que gestiona su continuidad bajo nuevas tutorías externas. La etapa ineludible es la liberalización política, lo que implica la vigencia efectiva de libertades civiles que hoy solo existen en el papel: apertura de espacios de opinión, fin de la proscripción de organizaciones políticas y liberación de presos políticos”.
El sociólogo David Smilde, autor de varios libros sobre Venezuela y profesor de la Universidad de Tulane, sostuvo en entrevista para BBC News Mundo que teme que la transición real sea parcial, y cree que el gobierno chavista “hará lo mínimo, liberando algunos prisioneros mientras hostiga a periodistas y activistas”. La transición, dijo, se centraría en la apertura económica hacia Estados Unidos, buscando “navegar este periodo de Trump hasta que termine en tres años más”.
Esta visión “pesimista”, concluye Smilde, se basa en la percepción de que la administración Trump “no está interesada en una transición democrática profunda”.
El sociólogo y profesor español de ciencia política Juan J. Linz —autor del clásico Del autoritarismo a la democracia— señala que “el colapso de un régimen autoritario puede o no generar las condiciones para la instauración de la democracia política. Por este motivo, el problema de la crisis, decadencia y agotamiento de un régimen autoritario debe mantenerse aparte del tema de la transición hacia la democracia. No pocas veces, la crisis de un determinado gobierno e incluso de un régimen autoritario conduce hacia su sustitución por otro similar”.
La historia parece darle la razón al profesor Linz.
Es lícito pensar, entonces, que el tema de la transición a la democracia en Venezuela constituye un desafío complejo que encierra múltiples aristas que, hasta el momento, no están resueltas.
¿Cuáles son las principales dificultades?
El chavismo, con 25 años en el poder, ha tenido tiempo suficiente para formar un régimen diseñado e instrumentalizado para garantizar su permanencia.
Desde esta perspectiva, uno de los desafíos más complejos para avanzar hacia un régimen democrático sería transformar, en primer término, los procesos de adoctrinamiento ideológico de las fuerzas armadas y de seguridad, con el fin de insertarlas en un proyecto de gobierno democrático. Esto requiere tiempo y una profunda reestructuración institucional.
Además, se sabe que la estructura y unidad de mando han sido fragmentadas, especialmente con la creación de las milicias bolivarianas. Asimismo, existe un amplio sistema de vigilancia interna que impide la cohesión institucional.
¿Quién manda en Venezuela?
Otro tema complejo es determinar quién ejerce realmente el poder en Venezuela. Luego de la captura de Maduro, asumió —con la venia de Trump— como presidenta interina Delcy Rodríguez. Sin embargo, el presidente Donald Trump ha declarado públicamente que él está “al mando” en Venezuela y que no se prevén elecciones a corto plazo, dando a entender que mantiene el control político.
Delcy Rodríguez, en un acto ante trabajadores petroleros en la ciudad costera de Puerto La Cruz, declaró: “Ya basta de órdenes de Washington sobre los políticos en Venezuela”, reconociendo con ello la tutoría estadounidense.
¿Cuánto durará Delcy Rodríguez?
Lo cierto es que Estados Unidos tiene, en este momento, el control efectivo de los recursos petroleros venezolanos. El Departamento del Tesoro ha emitido licencias selectivas para facilitar que el crudo represado llegue al mercado internacional y para permitir el retorno de empresas estadounidenses al país.
Administrar el petróleo venezolano le permite a Washington cortar al chavismo sus fuentes de financiamiento y sus nexos económicos con socios como Cuba. Pero no solo sirve para hacer negocios: también funciona como arma geopolítica frente a países como Rusia o Irán.
En este panorama, la realización de elecciones y la restitución del ejercicio efectivo de la democracia y la soberanía a los venezolanos sigue siendo una incógnita.
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