
Texto y croquis de Patricio Hales.- Los cables eléctricos sobre postes urbanos eran una solución de principios del siglo XX.
Hoy, optimizando costos, las empresas no los reemplazan por redes subterráneas. Incluso recargan el peso con cables aéreo de otros servicios.
Algunos cables ya están sin uso, inutilizados, pero los mantienen en los postes para ahorrarse los costos de su retiro, con lo cual se recarga el peso, aumentando el riesgo de caídas y cortes de energía.
Se caen, produciendo cortes de energía eléctrica. El perjuicio es para los consumidores y para el paisaje urbano.
Las ciudades se afean con enredaderas de alambrados. Una malla visual cubre nuestras fachadas. Esa cablería hace arquitectura contra la belleza.
Los políticos no hemos hecho casi nada por resolver esta degradación de la vida en ciudad.
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