
Por Patricio Yuras Maltés.- En La Teoría del Pituto, este fenómeno es abordado como una práctica informal persistente, transversal y socialmente conocida, aunque sistemáticamente negada en el plano formal de las organizaciones, (Yuras, 2025). Lejos de constituir una simple desviación cultural o un residuo premoderno del mundo laboral, el Pituto emerge como un mecanismo plenamente funcional, capaz de coexistir con discursos sofisticados respecto del mérito, la ética y la transparencia.
Este artículo propone un análisis del Pituto como distopía organizacional, entendida no como una proyección futura indeseable, sino como un presente normalizado y legitimado. A diferencia de las distopías clásicas, donde el control se ejerce mediante coerción explícita, vigilancia o violencia institucional, la distopía organizacional asociada al Pituto opera mediante la administración silenciosa de la oportunidad, la simulación normativa y la normalización de la excepción.
Distopía organizacional: aspectos teóricos
La noción de distopía organizacional refiere a contextos institucionales en que los valores declarados —meritocracia, equidad, imparcialidad— se mantienen intactos en el plano discursivo, mientras que las prácticas efectivas producen resultados sistemáticamente contradictorios. No se trata de ausencia de normas, sino de una inflación normativa simbólica acompañada de una débil capacidad regulatoria (Bauman, 2000; Sennett, 2006).
Desde la teoría institucional, estos escenarios emergen cuando las reglas formales pierden eficacia práctica y son reemplazadas por pactos informales altamente eficientes para resolver tensiones organizacionales (North, 1990). La distopía, en este marco, no genera colapso ni resistencia abierta, sino adaptación, aprendizaje tácito y aceptación funcional.
El Pituto como dispositivo distópico
En La Teoría del Pituto, el fenómeno se caracteriza por una paradoja central: es ampliamente reconocido en la práctica, pero rigurosamente excluido del discurso oficial (Yuras, 2025). Esta negación no constituye una debilidad del sistema, sino una de sus principales fortalezas. El Pituto opera como un dispositivo de excepción permanente: no suspende la norma, pero la vuelve irrelevante en los momentos decisivos.
Así, las organizaciones conservan la apariencia de racionalidad meritocrática mientras distribuyen oportunidades mediante criterios relacionales, afectivos o estratégicos. El Pituto no destruye la meritocracia; la simula. No niega la gobernanza; la acompaña. El capital social y relacional desplaza al mérito formal como principio efectivo de movilidad (Bourdieu, 1986; Granovetter, 1973).
Gobernanza, compliance y simulación normativa
Uno de los aspectos abordados en La Teoría del Pituto es evidenciar la brecha entre gobernanza declarada y práctica organizacional efectiva. Las organizaciones contemporáneas exhiben códigos de ética, políticas de selección y marcos de compliance que excluyen explícitamente el Pituto, al tiempo que lo toleran informalmente (Yuras, 2025).
Desde la literatura vinculada al compliance, este fenómeno puede interpretarse como cumplimiento performativo, donde las normas cumplen una función simbólica orientada a resguardar legitimidad y reputación, más que a regular decisiones reales (Kaptein, 2011; OECD, 2015). En clave distópica, el compliance opera como escenografía institucional: tranquiliza, legitima y protege, sin interferir sustantivamente en la distribución efectiva del poder.
Distopía clásica y orden organizacional contemporáneo
La tradición distópica ofrece claves analíticas particularmente fértiles. En Orwell (1949), la distopía se sostiene en el control total y la vigilancia. En Huxley (1932), en la aceptación voluntaria de un orden desigual, mediada por la adaptación y la satisfacción. Kafka (1925), por su parte, expone la opacidad burocrática, la imposibilidad de identificar con claridad la fuente del poder y la internalización de la culpa.
El Pituto dialoga con estas tres tradiciones. No requiere vigilancia omnipresente (Orwell), pues basta con no nombrarlo. No genera rebelión, sino ajuste adaptativo (Huxley), sostenido por la promesa implícita de una eventual inclusión futura. Y, como en Kafka, opera a través de procedimientos opacos, redes invisibles y criterios nunca explicitados del todo. La distopía organizacional no necesita villanos; le basta con actores razonables que aprenden rápidamente cómo funciona el sistema.
Desigualdad, cierre social y trayectorias distópicas
El carácter distópico del Pituto se expresa con mayor claridad en sus efectos sobre la desigualdad. El acceso a oportunidades laborales y el desarrollo profesional queda mediado por el capital relacional, produciendo cierres sociales persistentes y trayectorias segmentadas (Barozet, 2006; Bourdieu, 1986).
Paradójicamente, esta desigualdad no genera necesariamente un conflicto abierto. La distopía se sostiene mediante la esperanza adaptativa: hoy el Pituto beneficia a otros, pero mañana podría beneficiarme a mí. La expectativa sustituye a la justicia; la adaptación reemplaza a la crítica. El resultado es un orden estable, eficiente y profundamente desigual.
Sugerencias y recomendaciones para evitar la consolidación de distopías organizacionales
Abordar el Pituto como distopía organizacional exige abandonar soluciones ingenuas. Las siguientes recomendaciones no buscan erradicar el fenómeno, sino debilitar sus condiciones de viabilidad:
Estas medidas no eliminan la distopía, pero pueden reducir su sofisticación, debilitar su invisibilidad y reintroducir deliberación allí donde hoy opera el silencio funcional.
Patricio Yuras Maltés es Director de la Carrera de Ingeniería en Administración de Empresas, Universidad Central de Chile. Es Ingeniero en Administración y Finanzas y Magíster en Gestión de Recursos Humanos. Ha desempeñado cargos gerenciales y directivos en el área de recursos humanos en organizaciones nacionales y multinacionales. Se ha dedicado a la consultoría de empresas, relatoría y actualmente a la gestión y docencia universitaria. Además, es autor del libro Management Chilensis y La Teoría del Pituto.
Referencias
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