
Por Diego Silva.- El fenómeno de El Niño suele analizarse desde la meteorología, pero sus efectos también pueden convertirse en un desafío para la salud pública. En septiembre de 2026, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtió que El Niño continúa fortaleciéndose y que existe una probabilidad superior al 90 % de que alcance una intensidad muy fuerte entre fines de 2026 e inicios de 2027. Esto obliga a Chile a mirar el fenómeno como un evento climático, pero también como un escenario que requiere preparación sanitaria.
Para Chile, la situación debe analizarse con cautela. El Niño no produce los mismos efectos en todos los territorios y cada episodio tiene características particulares. Los pronósticos señalan una mayor probabilidad de precipitaciones por sobre lo normal en sectores del sur, centro e incluso el norte del país. Por ello, no corresponde afirmar que El Niño necesariamente provocará determinados desastres, sino reconocer que puede aumentar la probabilidad de eventos capaces de generar impactos sanitarios.
¿Qué podría significar esto para Chile? Las lluvias intensas e inundaciones pueden afectar viviendas, caminos, sistemas de agua potable y establecimientos de salud. En verano, los incendios forestales y el humo pueden aumentar los problemas respiratorios, mientras que las alteraciones en las temperaturas y las precipitaciones pueden modificar el comportamiento de algunas enfermedades transmitidas por vectores, por el agua y por los alimentos. También pueden producirse dificultades en el abastecimiento de agua, alimentos y medicamentos, junto con interrupciones temporales de la atención sanitaria.
Chile tiene una oportunidad para anticiparse. La respuesta no debería comenzar cuando ocurre la emergencia, sino antes, fortaleciendo la vigilancia epidemiológica y ambiental, integrando información climática y sanitaria, protegiendo la continuidad de los servicios de salud y preparando especialmente a los territorios y grupos que presentan mayor vulnerabilidad.
La OPS ha insistido en la necesidad de transformar los pronósticos climáticos en acciones anticipatorias. Esto implica que la información meteorológica llegue oportunamente a quienes toman decisiones en salud y gestión del riesgo. El Niño 2026-2027 no permite anticipar exactamente qué ocurrirá en Chile, pero sí entrega una señal suficientemente clara para prepararnos. La experiencia demuestra que, cuando los fenómenos climáticos extremos encuentran sistemas poco preparados, sus consecuencias pueden multiplicarse.
Por eso, el desafío para Chile es pasar de la reacción a la anticipación. Prepararnos para El Niño no significa esperar una catástrofe, sino utilizar la evidencia disponible para reducir riesgos, proteger a las personas y asegurar que nuestro sistema de salud pueda seguir funcionando cuando más se necesita.
La verdadera pregunta no es solamente qué clima tendremos en los próximos meses, sino qué tan preparados estaremos para proteger la salud de la población frente a ese escenario.
Diego Silva Jiménez es académico de la Facultad de Medicina, U. Central
La eventual eliminación del programa «Yo elijo mi PC» en el Presupuesto 2027 amenaza con…
En tiempos de inteligencia artificial y profundas transformaciones educativas, la figura del profesor adquiere una…
Desde los primeros registros de mortalidad hasta la inteligencia artificial, la estadística ha sido fundamental…
La transición de la enseñanza media a la universidad plantea desafíos que van mucho más…
A pesar de décadas de esfuerzos internacionales, millones de personas continúan enfrentando la pobreza y…
Nuevas evidencias muestran que altos mandos militares alertaron sobre un posible operativo para atribuir violencia…