
Por Emilio Weber.- El Presidente de la República, Sebastián Piñera, se pasó de la raya al calificar el trabajo de un conductor del Metro, en una visita a las instalaciones del tren subterráneo. Le dijo: “Usted hace bastante poco”. A lo que el conductor replicó: “no, hace bastante en realidad. Cuando está acá adentro tiene que manipular las puertas, el sentido de marcha, hablarle a los pasajeros, mantener el control”. Para el Mandatario, esa explicación no fue suficiente y le dijo al trabajador que era “una estafa”.
Es cierto que el tono fue relativamente jocoso, pero también es cierto que las ironías y la risa se entienden en el contexto de la amistad y el conocimiento mutuo. Y ese no era el caso entre el Presidente y el conductor del vagón.
Hay dos cosas detrás de esto. La primera: ¿puede un Jefe de Estado denostar a un trabajador aunque sea en tono de “chanza”? En contrapartida, ¿tiene la obligación un interlocutor de “menor grado” (cualquiera de nosotros en definitiva) de soportar cualquier tipo de “broma” que lo humille, solo porque se la dice el Presidente?
Lo segundo es una visión un poco más profunda. ¿Realmente piensa Sebastián Piñera que un conductor del Metro “hace bien poco”? ¿Cuál es, entonces, su visión de alguien que trabaja? Esta es realmente una pregunta importante. Sobre su visión del trabajo es que se fundamentará su política laboral y la idea de una remuneración digna y justa y, por lo tanto, es justo tener una respuesta.
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