En “Las palmeras salvajes”, William Faulkner entrelaza dos historias sobre la libertad, el encierro y la naturaleza para explorar una paradoja profundamente humana: a veces, escapar de una prisión puede conducirnos a otra.
Por Samuel Medina.- William Faulkner publica Las palmeras salvajes en 1939, título que le da el editor del libro, en contra del deseo del autor de que fuese llamado Si yo de ti me olvidara, Jerusalén. Personalmente, siento que el resultado final le hace más justicia al texto.
La historia nos sumerge en dos escenarios que, si bien al inicio de mi lectura no hallaba conexión alguna, luego de hacer el ejercicio de imaginar qué es lo que el autor quisiera transmitir a través de ambos, me di cuenta de que Las palmeras salvajes y El viejo eran dos caras de una misma moneda. Quizás por eso mismo Faulkner quiso intercalarlos en un solo libro, tal como dos materiales inmiscibles que forman parte de un mismo sistema.
El primer relato cuenta la historia de Harry Wilbourne y Carlota (Charlotte) Rittenmeyer, una pareja que decide escapar y abandonar los valores tradicionales del matrimonio, la familia y la sociedad en pleno 1937. Él, un joven recién egresado de medicina, y ella, una mujer casada y con dos hijas, también joven, que tiene por oficio esculpir figuras de arcilla, son el retrato de la lucha constante entre la duda (Harry) y la decisión (Carlota), que en un inicio marca la relación entre ambos personajes.
Luego de vivir en diferentes lugares transitorios, es interesante ver cómo evoluciona la percepción acerca del amor que tiene Harry hacia Carlota: al principio, la convicción de un amor absoluto que es justificación suficiente para la odisea que ambos emprenden en busca de la libertad. Luego, Harry entiende que ese amor platónico va mucho más allá de la plenitud y la felicidad; se trata también de lealtad y permanencia ante toda circunstancia, sobre todo en el sufrimiento, cerrando con esta hermosa frase: “Entre el dolor y la nada, elijo el dolor”.
Mientras leas los obstáculos que debieron sortear Harry y Carlota, te pido que pongas especial atención en estos detalles: ¿qué mueve realmente a Harry? ¿Y qué representa la figura de “El Mal Olor” en torno a la vida que eligen Harry y Carlota?
En contraparte, el segundo ambiente se desarrolla en torno a la Gran Inundación del río Misisipi (Ol’ Man River) de 1927, donde un grupo de “penados” de la penitenciaría de Parchman son enviados a un sector afectado para realizar trabajos forzosos. Es curiosa la manera en que presentan a los penados alto y bajo, quienes llegan a ser apresados por causas diferentes, y que luego reciben el encargo de ir a buscar a una mujer que se encuentra atrapada en medio de las aguas y enviar un paquete a un hilandero.
El joven penado alto, cuyo nombre parece no existir en las páginas, se embarca en una lucha contra la naturaleza y el cumplimiento de su deber, su misión. El bote se vuelca y el penado debe surcar las turbulentas aguas y enfrentarse a los animales silvestres que lo acechan, sin perder de vista a la mujer y al paquete —al que pronto se sumará otro—. Solo espera llegar al final, porque la frase con que cierra el penado alto al volver de su encargo me soltó una buena risa.
Te recomiendo poner énfasis en el siguiente detalle mientras leas: la figura del Arca, representada en el botecito (esquife) del penado alto, que lleva consigo la esperanza en la humanidad: dentro de un hombre que rema incansablemente, el hijo que representa el futuro venidero y su madre, que lo cuida en medio de todo el caos.

