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La sociedad de la desconfianza: cómo el neoliberalismo fabrica sujetos inmorales

«Al imponer una lógica de mercado que se basa en el interés propio, la competencia y el beneficio, el neoliberalismo fabrica sujetos inmorales, que desconfían de todo y de todos, y que solo buscan su propio beneficio, sin importarles el daño que causan», dice el académico Manuel González Villamil.

Por Manuel González Villamil.- “Votó con ilusión, creyendo en las promesas del candidato que le habló al corazón. Le dijo que era el único que podía salvar al país de la crisis, que iba a defender su identidad y sus valores, que iba a bajar los impuestos y a controlar la inflación. Le dijo que confiara en él, que era diferente a los demás, que no le iba a fallar.

Cuatro años después, se arrepintió de su voto. El candidato resultó ser un mentiroso, un corrupto, un estafador. Subió los impuestos, disparó la inflación, recortó los derechos, reprimió las protestas, censuró los medios, persiguió a los opositores. Traicionó a su pueblo, a su país, a su confianza.

Y así, cada cuatro años, la historia se repetía. Cada cuatro años, un nuevo candidato le prometía cambiar su vida. Cada cuatro años, él volvía a votar con ilusión. Cada cuatro años, él volvía a decepcionarse. Y así, cada cuatro años, él se convertía en un sujeto inmoral. Un sujeto que desconfiaba de todo y de todos. Un sujeto que sólo buscaba su propio beneficio, sin importarle el daño que causaba. Un sujeto que se adaptaba al sistema neoliberal, que lo moldeaba y lo dominaba. Un sujeto que se había vuelto nihilista, que no creía en nada ni en nadie, que sólo se guiaba por el instinto de supervivencia, que imitaba los comportamientos de una sociedad enferma”.

Este relato ficticio ilustra las razones del escepticismo político del individuo contemporáneo. Su actitud nihilista hacia la política es comprensible, porque se decepciona de un régimen que no administra el poder de manera adecuada, autoridad que le ha sido otorgada por el pueblo, y que además incumple su programa electoral y sus compromisos de campaña.

Sin embargo, cuando los victoriosos llegan al poder, sigue la corrupción, la delincuencia, la inflación galopante, y el pueblo se siente traicionado y decepcionado. Así se va forjando una sociedad que no confía en nada, sólo en lo que puede materializar por su propio esfuerzo; bueno, esa es la idea que le vende el neoliberalismo.

Además, vivimos en una sociedad de la desconfianza, porque en muchos casos (no todos) desde el vendedor ambulante hasta el más grande magnate, tratan de engañarnos, de estafarnos, de vendernos algo a un precio más alto en búsqueda de la “maximización de los beneficios”.

Entonces, ¿qué papel juega el neoliberalismo en la generación de una sociedad de la desconfianza, donde las personas se ven como rivales, enemigos o medios para fines, y no como iguales, aliados o fines en sí mismos? En este ensayo, sostendré que el neoliberalismo, al someter a la sociedad a una lógica de mercado que se basa en el interés propio, la competencia y el beneficio, corrompe la naturaleza humana y la hace propensa a la maldad.

El neoliberalismo como forma de gobierno

El neoliberalismo es una ideología y un modelo de política que surge en la segunda mitad del siglo XX, como una reacción al Estado de bienestar y al intervencionismo estatal que caracterizaron el periodo de posguerra. El neoliberalismo defiende la libertad del mercado, la propiedad privada, la competencia, el individualismo y el minimalismo del Estado.

El neoliberalismo considera que el mercado es el mejor mecanismo para asignar los recursos, regular la actividad económica y garantizar el bienestar social. El neoliberalismo sostiene que el Estado debe limitarse a garantizar el orden, la seguridad y el cumplimiento de las leyes, y dejar que el mercado se ocupe de todo lo demás.

El neoliberalismo se opone a cualquier forma de regulación, control, subsidio, impuesto o redistribución que interfiera con el funcionamiento del mercado o que afecte a los intereses de los agentes económicos.

Según Brown (2015), el neoliberalismo no es simplemente una forma de organizar el mercado, sino una forma de organizar el Estado y la sociedad en función del mercado. El neoliberalismo no solo afecta a la economía, sino también a la política, la cultura, la educación, la salud, el medio ambiente, la sexualidad, la familia, la religión y la subjetividad.

Produce una racionalidad que se basa en el cálculo, la eficiencia, el rendimiento, el beneficio y el interés propio. El neoliberalismo somete a la sociedad a una lógica de mercado que se extiende a todos los ámbitos de la vida, y que transforma a las personas, las instituciones, las normas y los valores en mercancías, clientes, competidores y recursos.

El neoliberalismo, en definitiva, es una forma de gobierno que se ejerce a través del mercado, y que tiene como objetivo crear un tipo de sujeto que se adapte a las exigencias de este mismo.

El neoliberalismo como fabricante de sujetos inmorales

El neoliberalismo produce un tipo de sujeto que se concibe a sí mismo como un capital humano, que debe invertir en sí mismo, mejorar su rendimiento, maximizar sus oportunidades y asumir todos los riesgos. Este sujeto, que se rige por la lógica empresarial, no tiene más horizonte que el de su propio beneficio, y no reconoce ningún valor que no sea el de su utilidad.

Este sujeto, que se autoexplota y se autogestiona, no tiene más identidad que la de su marca personal, y no tiene más proyecto que el de su carrera profesional. Este sujeto, que se somete a la competencia y a la evaluación constantes, no tiene más derechos que los que puede comprar, y no tiene más deberes que los que le impone el mercado.

Este sujeto, que se desvincula de los demás y de la sociedad, no tiene más vínculos que los que le proporcionan las redes sociales, y no tiene más solidaridad que la que le brinda el consumo. Este sujeto, que se aliena de sí mismo y de su entorno, no tiene más libertad que la que le otorga el mercado, y no tiene más felicidad que la que le ofrece el placer.

El neoliberalismo, al producir este tipo de sujeto, erosiona las bases de la ética, la solidaridad y la ciudadanía, y genera una sociedad de individuos aislados, egoístas y desconfiados. El neoliberalismo, al someter a la sociedad a una lógica de mercado que se basa en el interés propio, la competencia y el beneficio, corrompe la naturaleza humana y la hace propensa a la maldad.

¿Es esta la naturaleza humana o es el resultado de la influencia del neoliberalismo? Esta es la pregunta que se plantea el debate entre Rousseau y Hobbes, dos filósofos que tienen visiones opuestas sobre el origen y el destino del hombre. Para Rousseau, el hombre nace bueno y libre, pero la sociedad lo corrompe y lo esclaviza. El hombre natural vive en un estado de inocencia, armonía y felicidad, pero al entrar en contacto con los demás, desarrolla la propiedad, la desigualdad, la envidia y la violencia.

Para Hobbes, el hombre nace malo y egoísta, y necesita de un poder soberano que lo controle y lo proteja. El hombre natural vive en un estado de guerra, donde impera la ley del más fuerte, y donde no hay lugar para la justicia, la seguridad o la paz.

¿Qué visión se acerca más a la realidad del neoliberalismo? ¿Es el neoliberalismo el que crea al hombre malo, o es el hombre malo el que crea al neoliberalismo? Podríamos decir que el neoliberalismo se basa en una visión hobbesiana del hombre, que lo considera como un ser racional, pero también como un ser egoísta, que solo busca su propio beneficio, y que está dispuesto a entrar en conflicto con los demás para conseguirlo.

El neoliberalismo, al asumir esta visión, no hace más que reforzarla y legitimarla, y al hacerlo, genera una sociedad de la desconfianza, donde no hay lugar para la cooperación, la confianza o el bien común. El neoliberalismo, al crear una sociedad de la desconfianza, hace que el hombre se vuelva más malo, más egoísta y más desconfiado.

Sin embargo, también podríamos decir que el neoliberalismo se aleja de la visión hobbesiana del hombre, en el sentido de que no reconoce la necesidad de un poder soberano que lo regule y lo proteja. El neoliberalismo, al reducir el papel del Estado, deja al hombre a merced del mercado, que no es más que la expresión de la voluntad de los más fuertes, de los más ricos, de los más poderosos.

El neoliberalismo, al dejar al hombre sin protección, lo hace más vulnerable, más inseguro y más dependiente. El neoliberalismo, al crear una sociedad sin protección, hace que el hombre se vuelva más infeliz, más angustiado y más desesperado.

Por otro lado, podríamos decir que el neoliberalismo se opone a la visión rousseauniana del hombre, que lo considera como un ser bueno, pero también como un ser social, que necesita de los demás para desarrollarse y realizarse.

El neoliberalismo, al negar esta visión, no hace más que destruirla y negarla, y al hacerlo, genera una sociedad del individualismo, donde no hay lugar para la comunidad, la amistad o el amor. El neoliberalismo, al crear una sociedad del individualismo, hace que el hombre se vuelva más solo, más aislado y más indiferente.

Conclusiones

Para concluir, podemos afirmar que el neoliberalismo es una ideología y un modelo de política que no sólo afecta a la economía y a la sociedad, sino también a la subjetividad y a la moralidad de las personas. Al imponer una lógica de mercado que se basa en el interés propio, la competencia y el beneficio, el neoliberalismo fabrica sujetos inmorales, que desconfían de todo y de todos, y que solo buscan su propio beneficio, sin importarles el daño que causan.

Esta situación genera una crisis de la política, de la democracia, de la ciudadanía, de la ética, de la solidaridad y de la dignidad humana, que pone en riesgo el futuro de la humanidad.

¿Hay alguna alternativa al neoliberalismo? ¿Hay alguna esperanza de superar la sociedad de la desconfianza? ¿Hay alguna posibilidad de recuperar la naturaleza humana y la bondad? Estas son las preguntas que nos quedan después de analizar el tema.

Sin embargo, no tenemos respuestas claras ni fáciles. Solo tenemos la certeza de que el neoliberalismo nos ha llevado a un callejón sin salida, donde no hay luz ni salida. Solo tenemos la sensación de que el neoliberalismo nos ha robado la confianza, la ilusión y la felicidad.

Manuel Fernando González Villamil, Magister en Ciencias políticas y pensamiento contemporáneo, Universidad Mayor de Chile, Estudiante de Doctorado en ciencias políticas y administración pública, Universidad de Murcia de España

Bibliografía

Brown, W. (2015). Undoing the demos: Neoliberalism’s stealth revolution. New York: Zone Books.

Freud, S. (2008). El malestar en la cultura. Madrid: Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1930).

Hobbes, T. (1998). Leviatán o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil. Madrid: Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1651).

Rousseau, J.-J. (2008). El contrato social. Madrid: Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1762).

Teixeira, A. V. (2014). Los orígenes filosóficos de la noción de soberanía nacional en el contractualismo político de Thomas Hobbes, John Locke y Jean-Jacques Rousseau. Revista de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, (43), 723-748

Bloghemia. (2021). Hobbes vs Rousseau: ¿Somos buenos o malos por naturaleza? [Entrada de blog]

BBC News Mundo. (2021). Qué es el neoliberalismo, quién lo impulsó y por qué algunos niegan que existe. [Artículo]