Las declaraciones de Ximena Lincolao en orden a que los profesores pueden dedicarse a vender inteligencia artificial o atender clientes indica que el individualismo meritocrático gobierna el ministerio de Ciencia.
Por Claudio Masson.- La ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, quiso encontrarles un futuro a los profesores y humanistas frente al avance de la inteligencia artificial mencionando que saben usar el lenguaje, comprender contextos y formular buenas preguntas. Hasta ahí, bien. El problema vino después. Según ella, esas capacidades podrían permitirles convertirse en vendedores de inteligencia artificial o trabajar atendiendo clientes. ¡Plop!, diría Condorito.
No hay nada indigno en vender ni en atender público. El punto es otro: ¿de verdad ese es el futuro que una ministra de Ciencia puede imaginar para un profesor de historia, filosofía o lenguaje?
La Red Docente Feminista lo resumió mejor: “La educación no es un plan B. Las Humanidades tampoco”. No se trata de defender privilegios profesionales, sino de entender que un profesor no es simplemente alguien con buena dicción disponible para capacitar compradores.
La frase de Lincolao no fue solo una torpeza mayúscula. Detrás aparece una idea bastante completa del ser humano, del trabajo y de la educación. Una idea que ella viene repitiendo desde hace años: el individualismo meritocrático.
El evangelio del esfuerzo
La historia de Lincolao es notable. Estudió Pedagogía en Castellano y Filosofía en la Universidad de La Serena, emigró a Estados Unidos y trabajó como niñera, mesera, aseadora y bartender. Luego ingresó al sistema escolar, hizo un doctorado, dirigió escuelas, llegó a cargos públicos y terminó convertida en una empresaria tecnológica cuyo patrimonio familiar declarado bordea los 60 millones de dólares. Hoy es ministra.
Todo eso merece, sin duda, reconocimiento. El problema comienza cuando convierte su experiencia en una receta obligatoria para los demás y en una justificación para achicar y empobrecer el sistema educacional.
En una entrevista de 2018 titulada Soy una prueba viviente del sueño americano, Lincolao contó que llegó con 500 dólares a Estados Unidos, sin hablar inglés y que trabajaba hasta dieciséis horas diarias, siete días por semana. Al quebrarse una pierna, perdió sus empleos y debió planchar ropa para pagar la habitación. Pasó hambre, pero concluyó que vivir eso había sido “empoderador”.
Años después diría que haber sido pobre fue uno de los mejores regalos de su vida.
No fue, entonces, una frase desafortunada. Es una convicción antigua: el sufrimiento fortalece, la pobreza despierta la creatividad y trabajar más permite superar cualquier barrera. En aquella entrevista incluso recomendó su “regla del 20%”: llegar un poco antes, retirarse un poco después y hacer el trabajo con una sonrisa.
Su esfuerzo fue real. También lo fueron las instituciones que la sostuvieron: una universidad pública chilena, el sistema escolar estadounidense, programas estatales, un doctorado, escuelas que confiaron en ella y Michelle Rhee, la poderosa funcionaria que la incorporó a su equipo.
Su carrera empresarial tampoco se construyó únicamente con esfuerzo individual y capital privado. En 2022, BuildWithin, empresa que cofundó, recibió una subvención federal competitiva de casi ocho millones de dólares para desarrollar programas de aprendizaje laboral. No hay nada irregular en ello. Lo significativo es que el apoyo público fue importante en su propia trayectoria, pero desaparece cuando aconseja a los demás adaptarse por su cuenta.
Su paso por la administración de Washington, sin embargo, no fue una historia de ascenso sin conflictos. Cuando dirigió interinamente el Departamento de Parques y Recreación, el sindicato la acusó de promover el cierre y la privatización de guarderías públicas que atendían a familias trabajadoras. También cuestionó los despidos y su relación con los funcionarios.
En 2009, el Concejo de Washington rechazó su nombramiento por siete votos contra cinco. Durante la discusión hubo comentarios discriminatorios contra ella, pero eso no elimina las críticas de fondo sobre su gestión. En 2011, además, un informe del inspector general cuestionó una declaración de residencia y la contratación de una amiga. Los antecedentes fueron remitidos a la fiscalía, que decidió no presentar cargos.
En 2026, ya como ministra, su subsecretario, Rafael Araos, renunció después de afirmar que se le había encargado preparar la desvinculación de unas cuarenta personas, cifra que en la disputa pública también se habló como un 30% de la planta del ministerio. Lincolao lo negó: “Fue bastante sorpresivo para mí escuchar que había una lista de 40 personas o 30%. (…) Es un rumor, nunca existió una lista”, declaró. Araos sostuvo lo contrario: “la orden… es real y hay testigos”. Las responsabilidades siguen discutidas, pero la semejanza con el episodio de Washington resulta difícil de ignorar.
Lincolao puede haber llegado sin conexiones, pero no ascendió sin construirlas. Nadie lo hace.
Lo curioso es que reconoce las estructuras cuando explica los obstáculos que debió vencer: habla del clasismo chileno, de la pobreza, de la discriminación y de la falta de redes. Pero esas estructuras desaparecen cuando explica su éxito. Entonces todo se reduce a mérito, resiliencia y trabajo duro.
Y si ella pudo, los demás también deberían poder. Esa es la trampa.
El éxito en reversa
Aquí aparece una paradoja difícil de ignorar. En la vida de Lincolao, los trabajos de servicio fueron una etapa transitoria hacia la educación, la empresa y el poder. Pero cuando piensa en el futuro de otros profesores, imagina el recorrido inverso: abandonar las aulas para terminar vendiendo tecnología o atendiendo a sus compradores.
La crítica no apunta a que esos trabajos sean inferiores. Apunta a que no corresponden a la formación, experiencia y vocación de una persona que eligió enseñar. En el sueño americano de Lincolao, la realización profesional parece importar menos que el éxito económico: haga dinero, adáptese al mercado y considere progreso cualquier empleo mejor pagado, aunque para obtenerlo deba abandonar aquello para lo cual estudió.
Ante las críticas, Lincolao explicó que se refería al cargo de Customer Success Manager, es decir, “gerente de éxito del cliente”. No es exactamente un vendedor: acompaña al comprador, lo capacita, favorece el uso del producto y procura que continúe contratándolo. Pero la aclaración no cambia la mirada. El profesor sigue convertido en una pieza del aparato comercial de una empresa tecnológica, solo que ahora lleva un título más elegante en LinkedIn.
Lo que para un profesor puede significar perder la profesión para la cual estudió, Lincolao lo presenta como una oportunidad de adaptación: capacítese, aprenda otra cosa y siga adelante. No explica quién pagará esa capacitación, qué protección tendrá durante el cambio ni qué responsabilidad asumirán el Estado y las empresas que introducen estas tecnologías.
El individuo debe resolverlo solo.
Más Lego, menos TikTok
La misma lógica apareció cuando le preguntaron por la falta de mujeres en ciencia y tecnología. Lincolao respondió que los padres deberían regalarles más Lego a las niñas y procurar que los fines de semana estudien en vez de pasar tanto tiempo en Instagram y TikTok.
Jugar con bloques puede ayudar a desarrollar habilidades espaciales. Nadie discute eso. Pero responder con Lego a una desigualdad que dura décadas es casi una burla.
Su planteamiento hace “desaparecer” mágicamente los estereotipos escolares, la discriminación, los ambientes laborales dominados por hombres, el acoso, la maternidad, los cuidados y las dificultades para ascender. El problema vuelve a instalarse dentro de la casa: las niñas no accederían al mundo científico porque sus padres compraron los juguetes equivocados y ellas pasaron demasiado tiempo mirando el teléfono. Su simplismo, inadmisible en una académica y una autoridad responsable de políticas públicas, es además una bofetada a su propio género. Su respuesta destila machismo, aunque provenga de una mujer. No porque recomiende juegos de construcción, sino porque responsabiliza a las propias niñas y a sus familias de la discriminación que las afecta mientras el Estado no asume su rol.
En vez de explicar lo que hará su ministerio, deja la tarea para el fin de semana.
La escalera que comienza a retirarse
Lincolao también confirmó la suspensión durante 2026 de las becas de magíster y posdoctorado en el extranjero. Las becas nacionales y los doctorados internacionales se mantienen.
Ella no fue beneficiaria de Becas Chile, programa creado después de que terminara su doctorado. Pero sí aprovechó algo que hoy comienza a restringir para otros: la posibilidad de estudiar, crear redes y transformar una carrera mediante una experiencia internacional.
Su argumento es que Chile posee ahora más programas de posgrado. Puede ser cierto, pero contar con “programas” no asegura que todos ofrezcan la misma calidad, especialización, infraestructura o vínculos científicos. La internacionalización que en su biografía aparece como una aventura transformadora, para los demás se convierte en un gasto que puede suspenderse.
Quienes poseen dinero seguirán estudiando donde quieran. Quienes dependen del apoyo público tendrán que conformarse con las alternativas disponibles. La medida no pone fin a la educación en el extranjero: la vuelve más clasista.
Lincolao ascendió por una escalera hecha de educación, esfuerzo, instituciones y oportunidades. Una vez arriba, empieza a retirar algunos peldaños. Curioso, ¿no?
El castellano, ese legacy system
Hay también algo contradictorio y perturbador en su empleo del inglés. La ministra alaba a los humanistas chilenos por su dominio de nuestra lengua, pero todo lo explica encadenando expresiones como system prompts, fine tuning, software de IA o Customer Success Manager. Estos son términos técnicos que a veces pueden ser útiles. Pero después de estudiar Castellano y Filosofía, viajar y doctorarse, pareciera que el español en ella hubiese quedado convertido en un legacy system (sistema obsoleto): todavía funciona, aunque da cierto pudor usarlo sin parches importados.
El razonamiento de la ministra convoca sin pudor a los nuevos profesores de lenguaje a abrazar nuevas “oportunidades de empleo” adiestrando a los funcionarios del Estado sobre conceptos como “instrucciones de sistema”, “ajuste fino” y descripción de responsabilidades de un “gerente de éxito del cliente”.
La ironía de ese planteamiento es más elocuente que el discurso ministerial: proclama que el inglés funciona como certificado de modernidad mientras la cultura se reduce a un accesorio antiguo que debe demostrar para qué sirve en términos puramente económicos.
La utilidad de lo inútil
Para comprender el problema hay que leer a Nuccio Ordine. La utilidad de lo inútil debería ser lectura obligatoria en el Ministerio de Ciencia.
Ordine advirtió que una sociedad enferma comienza a medirlo todo por su rentabilidad. Las escuelas se transforman en empresas, los estudiantes en clientes y el conocimiento en una inversión que debe producir ganancias rápidas.
Afortunadamente, la razón de ser de la literatura, la filosofía, el arte y la investigación no se reduce a aumentar las ventas del próximo trimestre. Nos permiten comprender nuestro entorno, aportar a la memoria colectiva, imaginar otras vidas y desconfiar de las respuestas simples. Según la lógica de Lincolao, Platón, Cervantes, Kafka, y hasta Gabriela Mistral deberían reconvertirse hoy para eludir la cesantía.
Pensar con la mente abierta, y reflexionar sobre el por qué y el para qué de nuestras actividades humanas es la base sobre la cual se sostiene cualquier empresa humana, aunque no aparezca en una planilla.
Lincolao afirmó alguna vez que la educación era “el gran igualador” social. Por eso resulta inexplicable que hoy la reduzca a empleabilidad, adaptación y servicio al mercado.
La ministra no se ha propuesto explícitamente destruir la educación. Pero su manera de entenderla permite que sea destruida y reemplazada por meras herramientas de marketing. Aristóteles debe estar revolcándose en su tumba.
Fuentes y referencias
Bradbury, Ray. Fahrenheit 451. Ballantine Books, 1953.
Diario El Día. “ULS, Circo Minero y Colegio Andrés Bello: la conexión de ministra de Ciencia con la región”, 21 de marzo de 2026.
Ex-Ante. “El sueño americano de Ximena Lincolao: la historia de su ascenso en EE.UU. y cómo logró un patrimonio de US$60 millones”, 18 de abril de 2026.
InfoProbidad. Declaración de intereses y patrimonio de Ximena Lincolao, 2026.
Laborde, Antonia. “El liderazgo de Lincolao a prueba: renuncias, funcionarios atemorizados y las dudas sobre su declaración de patrimonio”. El País Chile, 16 de mayo de 2026.
Lincolao, Ximena. “I Am Living Proof of the American Dream”. Entrevista de Yitzi Weiner, Authority Magazine, 8 de julio de 2018.
Ordine, Nuccio. La utilidad de lo inútil. Manifiesto. Traducción de Jordi Bayod. Barcelona: Acantilado, 2013.
Red Docente Feminista. “La educación no es un plan B. Las Humanidades tampoco”, reproducido por Resumen.cl, 2026.
Salesforce. “Careers in Customer Success”. Descripción empresarial de las funciones de un Customer Success Manager.
BioBioChile. “El futuro que la ministra Ximena Lincolao proyecta para profesores y humanistas: vender IA y atender clientes”, 20 de agosto de 2026.
BioBioChile. “Lincolao explica futuro de profesores como vendedores: ‘Me refería al rol de Customer Success Manager’”, 20 de agosto de 2026.
BioBioChile. “Gobierno suspende becas de magíster y posdoctorado en el extranjero por reajuste presupuestario”, 24 de marzo de 2026.
United States Department of Labor. “US Department of Labor Awards $121M in Apprenticeship Building America Grants”, 7 de julio de 2022.
The Washington Examiner. “Report: Former D.C. Parks Director Lied About Residency, Hired Friend”, 30 de enero de 2011.
The Washington Post. “Fenty’s Pick to Lead Parks Agency Rejected”, 6 de octubre de 2009.
The Clinic. “El plan de desvinculaciones es real y hay testigos”: pese a negación de Lincolao, exsubsecretario Araos confirmó que su renuncia fue por orden de despidos masivos, 13 de mayo de 2026.

