En plena crisis hídrica y económica del siglo XIX, una expedición liderada por Benjamín Vicuña Mackenna se internó en la cordillera en busca de una solución para abastecer de agua a Santiago. Sus hallazgos anticiparon, con décadas de anticipación, la importancia estratégica de la Laguna Negra como reserva clave para el desarrollo de la capital.
Por Juan Medina Torres.- La sequía que afectó a Chile a partir de 1873-1874 tuvo efectos devastadores para la agricultura y marcó el inicio de una grave depresión económica, que se sumó a la crisis internacional de 1873, conocida como el Pánico de 1873.
La escasez de lluvias provocó una caída progresiva en la producción de trigo, cebada, maíz y papas, generando inquietud entre los habitantes de Santiago que veían cómo los campos que rodeaban la ciudad carecían de aguas de regadío para producir, lo cual implicaba una preocupante escasez de alimentos.
La situación era crítica, y la urgencia del momento motivó al intendente Benjamín Vicuña Mackenna a organizar una expedición destinada a buscar nuevas fuentes de agua en la cordillera para el consumo humano y el regadío agrícola de Santiago. Los objetivos de esta empresa quedaron consignados en su libro Exploración de las Lagunas Negra y del Encañado:
1º Reconocer las lagunas Negra y del Encañado desde el punto de vista de su valor como surgideros y depósitos permanentes de agua para el uso de la agricultura de la provincia de Santiago.
2º Verificar el mismo reconocimiento en el sentido de explotar las lagunas como depósitos de agua para los casos de sequías extraordinarias.
3º Examinarlas en relación con el interés geográfico y geológico que las formaciones de esta especie, tan frecuentes en nuestras cordilleras, pueden ofrecer para la ciencia.
Para cumplir con estos objetivos, Vicuña Mackenna formó el grupo que lo acompañaría, integrado por Francisco Vidal Gormaz, capitán de fragata y hábil explorador de las costas nacionales; Pacífico Álvarez, activo naviero de Valparaíso; Ernesto Ansart, ingeniero de puentes y caminos y director de los trabajos municipales; el ingeniero José Vicente Sotomayor, quien en 1868 había estado a cargo de la comisión que el intendente Echaurren envió al mismo lugar; Luis Figueroa, representante de la Sociedad del Canal del Maipo, una poderosa empresa de propietarios de aguas, principalmente del canal San Carlos, que regaba los terrenos al sur de Santiago; los ingenieros Alfredo Cruz Vergara y Belisario Díaz; Víctor Carvallo, representante de la Sociedad Nacional de Agricultura; Wenceslao Vergara, conocedor de la cordillera; un nieto de nombre desconocido de Lord Cochrane; y Eduardo Hempel, secretario de la comisión.
En total, doce personas que el jueves 6 de marzo de 1873, poco antes de las seis de la mañana, partieron desde Huérfanos 58, domicilio de Vicuña Mackenna, hacia las lagunas Negra y Encañado, ubicadas en la cordillera de los Andes, a más de cien kilómetros del centro de Santiago.
Todos los integrantes de la expedición estaban conscientes de que los trabajos a realizar en terreno estarían orientados a medir la superficie, profundidad y características geológicas y geográficas de ambas lagunas, conforme a las instrucciones que Vicuña Mackenna había entregado a los mandos técnicos Vidal Gormaz y Ansart.
Para su realización, el comandante de fragata Vidal Gormaz encargó una pequeña embarcación y contrató los servicios de cuatro remeros traídos desde Valparaíso.
¿Cuál fue el resultado de la empresa?
Simón Castillo Fernández, en una investigación titulada La problemática del agua. Actores, iniciativas institucionales y vida urbana en Santiago de Chile, 1870-1900, señala que:
“Después de partir de Santiago el jueves 6 de marzo —y pernoctando en plena cordillera hasta el domingo siguiente—, el grupo consiguió realizar las mediciones hidrográficas proyectadas, de las que se obtuvieron favorables conclusiones. Según Vidal Gormaz, los sondeos confirmaron que la laguna Negra sería de alta utilidad para Santiago, ya que «la profundidad del lago […] es excesiva, y puede decirse que constituye uno de los estanques más ricos que quizá habrá de utilizarse más tarde para satisfacer a los sedientos campos del valle de Santiago»”.
Respecto de las obras hidráulicas necesarias para convertir el lugar en surtidor de agua, el marino concluyó que podían llevarse a cabo. Agregó que las dimensiones de anchura y pendiente en el cercano valle del Yeso —donde hoy existe un embalse— eran ideales “para construir una represa importante”.
Recogiendo lo planteado por Vidal Gormaz, el delegado de la Sociedad Nacional de Agricultura, Víctor Carvallo, pronosticó que:
“No ha de tardarse mucho en abrirse una nueva era de construcción de represas, ya que la necesidad de agua para regar se hace sentir cada año de una manera más alarmante por la merma de las lluvias y por el aumento en la extensión de terrenos cultivados”.
Los diagnósticos de los trabajos realizados por la expedición dirigida por Vicuña Mackenna fueron positivos. Sin embargo, la estrechez presupuestaria de la Municipalidad de Santiago impidió el desarrollo de este emprendimiento, y habría que esperar hasta 1915, más de cuarenta años después, para que se iniciaran las obras de extracción de agua desde la Laguna Negra.

