
Por Bernardo Javalquinto Lagos.- El incremento del 7,1 % en las tarifas eléctricas a partir de julio de 2025 —parte del llamado “descongelamiento tarifario”— llega en el peor momento para la economía chilena. Con una inflación persistentemente alta (5,8 % interanual a junio de 2025), crecimiento estancado (1,2 % proyectado para 2025 por el FMI) y desempleo en alza (8,6 %, el mayor en cinco años), esta medida agravará los desequilibrios macroeconómicos y profundizará la crisis de competitividad.
Lejos de ser un ajuste técnico neutral, este aumento refleja fallas estructurales no resueltas: dependencia de combustibles fósiles importados (35 % de la matriz en 2024), lentitud en la transición energética y una regulación que traslada costos ineficientes a los usuarios finales.
El discurso oficial justifica el alza como un paso hacia energías limpias, pero la realidad es más cruda:
Conclusión: un error de timing histórico
Aplicar un shock tarifario en medio de una recesión técnica es un suicidio económico. Chile repite los errores de Argentina en 2018, cuando los tarifazos profundizaron la pobreza (hoy en 42 %).
Urge:
El costo de no actuar será medible en empresas quebradas, empleos perdidos y una conflictividad social que ya muestra su rostro en protestas como las de Aysén (junio 2025), donde manifestantes quemaron facturas de luz frente a la gobernación regional.
El Dr. Bernardo Javalquinto Lagos es BSc Economics, MBA, PhD – Economista chileno-estadounidense
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