
Por Mabel Navarrete.- La Convención Internacional sobre los Derechos del Niño resguarda el derecho de los niños, niñas y adolescentes (en adelante NNA) a expresar su opinión y ser considerados en la toma de decisiones terapéuticas y en la atención de salud cuando no pueden ser tomadas directamente por ellos.
Actualmente conviven distintos enfoques en el abordaje de las problemáticas de salud y rehabilitación, destacando cada vez con mayor fuerza el enfoque centrado en la persona, una perspectiva que valida estos derechos.
Sin embargo, implementar este enfoque en los procesos de rehabilitación resulta complejo, especialmente porque los NNA históricamente han sido invisibilizados en cuanto a su derecho y nivel de participación en decisiones de este tipo.
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En general, son las madres, padres y profesionales de la salud quienes controlan las decisiones principales. Los NNA, por lo tanto, no suelen experimentar la posibilidad de participar activamente y, como resultado, se sienten ignorados en la atención de salud, a pesar de que muchos expresan el deseo de involucrarse en su propia atención.
Diversos factores explican esta situación: los padres tienden a responder en nombre de sus hijos y los profesionales de la salud no están acostumbrados a valorar las opiniones de los NNA ni cuentan con herramientas para facilitar su participación.
En este sentido, las habilidades de los NNA para expresar sus necesidades y deseos se ven limitadas, dado que la comunicación se centra en los adultos responsables y en los profesionales de la salud.
¿Por qué es tan importante aplicar este principio ético? Existe evidencia contundente sobre los beneficios que conlleva la participación de los NNA en situación de discapacidad, como una mayor adherencia al tratamiento y posibilidades reales de alcanzar mejores resultados de salud. Según Liverpool, este es un proceso único porque involucra una triada fundamental: profesionales de la salud, padres/madres y los propios NNA, asegurando una mirada integral.
Los NNA valoran y desean recibir información, expresar sus preferencias y elegir cómo se les administran los tratamientos. Establecer procesos de comunicación adecuados permite una colaboración efectiva en la toma de decisiones sobre atención y tratamiento.
Por otro lado, los profesionales de la salud a menudo se sienten solos en sus esfuerzos por promover la participación de los NNA.
Para lograr un cambio efectivo en la práctica, es crucial considerar factores contextuales como la cultura, los recursos y las prioridades.
Centrarse únicamente en modificar conocimientos, actitudes y comportamientos de los profesionales no es suficiente; las intervenciones que se alinean con la cultura y los valores existentes de una organización tienen más probabilidades de éxito.
En conclusión, incorporar la participación de los NNA en la toma de decisiones terapéuticas es una buena práctica que fortalece la atención centrada en la persona, mejora la calidad del cuidado en salud y, al mismo tiempo, resguarda el respeto por la dignidad y los derechos de esta población, haciéndolos visibles y validados en todos los ámbitos de atención.
Mabel Navarrete Valdebenito es académica de la Facultad de Medicina. U.Central
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