
Señor director:
Cuando un líder toma conocimiento de la posible existencia de un delito, su reacción debe ser inmediata y sin ambigüedades. La prontitud evita especulaciones y demuestra compromiso con estándares éticos. Cualquier demora o gesto equívoco debilita la confianza y, con ello, la posibilidad de materializar los cambios que la ciudadanía reclama. Una respuesta clara y rápida es señal de un tipo de liderazgo donde la formalidad y el respeto a las normas aparecen como intransables.
En este contexto, un acuerdo presupuestario alcanzado evidencia un gesto significativo: tanto el Gobierno como el Congreso acordaron aumentar los recursos destinados a la Contraloría General de la República en un monto superior al que el propio organismo había solicitado, superando los 1.500 millones de pesos.
Hoy, cuando el tema de la probidad es central, este acuerdo fortalece la capacidad fiscalizadora del país y permite que nos dotemos cada vez más de las herramientas necesarias para tutelar eficazmente a nuestros líderes.
Pablo Cabezas
Economista y académico U. Central
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