Cultura(s)

Crisis de bienestar: humanidades y razón instrumental

En un mundo marcado por la ansiedad, la fragmentación digital y el predominio de la lógica utilitaria, el resurgimiento de las humanidades aparece como una necesidad urgente para reconstruir sentido, equilibrio y comunidad frente a una crisis global de bienestar que ya no puede entenderse solo desde la clínica, sino también desde la cultura y la filosofía.

Por Carlos Cantero.- Según recientes informes de la OMS y UNICEF, al 2026 enfrentamos una crisis de bienestar global que reconoce la complejidad de la subjetividad en la era digital. La OMS estima que más de mil millones de personas viven con algún trastorno mental. Los trastornos de ansiedad afectan aproximadamente a 359 millones de personas. En regiones como América Latina, representan hasta el 52,8% de los casos de salud mental atendidos. La ansiedad se asocia a enfermedades cardiovasculares, trastornos gastrointestinales y dermatológicos vinculados directamente a la autoexigencia.

Chile ha sido señalado por la OMS por sus altos índices de sintomatología depresiva y ansiosa. Se estima que el 6,2% de la población general sufre depresión, y que el 17% de los chilenos ha presentado sintomatología asociada, situando al país entre los más afectados a nivel mundial. Las investigaciones sugieren que los síntomas de ansiedad afectan a un rango de entre el 15% y el 22% de la población, incrementándose significativamente tras la pandemia. El fenómeno de la somatización —cuando el malestar psicológico se manifiesta a través de síntomas físicos sin una causa orgánica clara— es recurrente en la consulta clínica chilena. Las afecciones más reportadas incluyen colon irritable, fibromialgia, cefaleas tensionales y fatiga crónica. Los trastornos mentales y del comportamiento representan aproximadamente el 23% de los años de vida perdidos por discapacidad (AVISA), superando a las enfermedades cardiovasculares. Existe una alta correlación entre el estrés psicosocial —exigencias laborales e inseguridad económica— y los cuadros de dolor crónico.

La ONU y la UNESCO han comenzado a analizar cómo las tecnologías, más allá del simple uso de pantallas, alteran la construcción del yo y transforman la subjetividad. La fragmentación de la identidad deriva del uso intensivo de redes sociales, generando dependencia y debilitando la autonomía y el desarrollo en adolescentes. La subjetividad está mediada por algoritmos que preconfiguran el deseo y la atención: subjetividades algorítmicas. El 19,3% de las afecciones mentales en jóvenes están vinculadas a adicciones a redes sociales y contenidos digitales. Estos organismos internacionales están cambiando el paradigma, desplazando el enfoque desde la “curación del trastorno” hacia la “transformación del entorno”. Esto implica que, para mejorar la salud mental, no basta con terapia individual, sino que es urgente reformar los entornos que moldean nuestra subjetividad en la sociedad digital.

Las Humanidades son las disciplinas que estudian la cultura, el pensamiento, la historia, las artes y la creatividad humana. Fomentan el pensamiento crítico, la empatía y la comprensión de diferentes culturas. Ayudan a entender nuestra propia historia y a reflexionar sobre cuestiones éticas que, al final, son fundamentales para la sociedad. En ese contexto, las humanidades, cuyos beneficios son más profundos y de largo plazo, pueden parecer menos útiles o rentables en lo inmediato. Se habla del debilitamiento de las humanidades frente a otras disciplinas prácticas, con mayor potencial profesional, especialmente en el ámbito de la tecnología o la ciencia. Sin embargo, existen evidencias del impacto negativo de este criterio: inestabilidad emocional, enfermedades psicosomáticas y una subjetividad humana alterada, con indicadores preocupantes.

Diversos intelectuales señalan que el inmediatismo, la superficialidad y el pragmatismo son factores relevantes en este problema. La falta de un enfoque humanístico en la educación y en la sociedad contribuye a la inestabilidad emocional y a los problemas de salud mental. Dejar de lado el estudio de aquello que nos hace humanos debilita nuestra capacidad para conectar con los demás (empatía), para cuestionar lo establecido y para encontrar nuestro lugar en el mundo. Al dar primacía a lo material y económico, en desmedro de lo subjetivo y espiritual, se pierde la brújula y se genera una crisis de sentido que ataca directamente la esencia del humanismo.

Desde la filosofía, el canadiense Charles Taylor aborda este fenómeno y señala tres causas basales de este proceso: a) el individualismo extremo, que nos deja aislados y nos hace perder el sentido de comunidad; b) la “razón instrumental”, donde todo se reduce a la eficiencia y la utilidad inmediata, sin reflexión sobre el propósito; y c) la pérdida de libertad. Puede decirse que la razón instrumental es la contraparte, la antítesis o la némesis del humanismo. Mientras el humanismo valora al ser humano en toda su profundidad y potencial, el pensamiento instrumental tiende a verlo como un medio para obtener resultados económicos o instrumentales.

Alasdair MacIntyre, en su obra Tras la virtud (1981), argumenta que hemos perdido una comprensión compartida de la moral, lo que nos deja sin rumbo ni límites definidos (landmarks) y nos conduce a debates sin salida. Llama a recuperar la dimensión más profunda del ser humano. Michael Sandel y Michael Walzer han explorado este tema desde diferentes perspectivas, señalando que la comunidad es fundamental para nuestra identidad y sentido moral. Martin Buber es un autor clave, quien sostiene que el ser humano se define especialmente en la relación “Yo-Tú”, basada en el diálogo y el respeto mutuo, frente a la relación “Yo-Ello”, fundada en el uso instrumental. Emmanuel Levinas pone el acento en la responsabilidad absoluta que tenemos frente al otro, estableciendo límites al deseo de control.

En este escenario emergen las posturas del posthumanismo y el transhumanismo, que apuestan por la transformación de la condición humana como respuesta radical a las tensiones entre razón y emoción, materialismo y espiritualidad, exacerbadas por el pensamiento instrumental. El transhumanismo, con pensadores como Nick Bostrom, considera la biología como una limitación y busca mejorar activamente la condición humana mediante la tecnología para superar la vejez, la enfermedad e incluso la muerte. El posthumanismo, por su parte, rompe con la centralidad de lo humano y critica el individualismo moderno. Figuras como Rosi Braidotti cuestionan profundamente el humanismo tradicional y nos invitan a repensar nuestra relación con todo lo no humano, incluida la tecnología y la naturaleza.

En medio de esta crisis de bienestar, hacemos votos por un equilibrio entre lo material y lo espiritual. Necesitamos integrar la innovación tecnológica con la innovación social, la ingeniería con las humanidades. Esta tendencia representa un cambio de paradigma en el enfoque universitario, especialmente en las ingenierías. ¡Que las humanidades equilibren la razón instrumental!

Carlos Cantero, Geógrafo, Máster y Doctor en Sociología

Alvaro Medina

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Alvaro Medina
Etiquetas: culturahumanidades

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