
Señor director:
No había otra alternativa que dejar el cargo como Embajadora de Chile ante el Reino Unido, o enfrentar una potencial e inconveniente polémica entre los dos países.
La Monarquía Británica nunca toma la iniciativa de proponer algún proyecto particular e interno de otro Estado, y menos en la estricta y protocolar presentación de las Cartas Credenciales de un Embajador. Al Rey no le corresponde.
Sólo se limita a manifestarse interesado, cortésmente, o resaltar que lo que patrocina lo hace su gobierno.
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De existir algún, se deberá gestionar oficialmente por canales diplomáticos, el Foreign Office o nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores, quienes decidirán si el proyecto es conveniente. El Rey no lo decide.
Lo ocurrido evidenció que no se ajustaba al procedimiento oficial ni a una práctica usual. Si se hubiera consultado a Gran Bretaña, podría haberlo desmentido, creando un desacuerdo, y hecho insostenible la posición de nuestra representante. Al Rey no se le utiliza como pretexto.
La renuncia puso fin al tema y demostró la mano experimentada del Canciller Van Klaveren, evitando todo malentendido.
La diplomacia tiene normas y prácticas severas, que al cumplirse, mantienen las armónicas relaciones entre Estados, donde no proceden iniciativas propias, y que al cumplirse, precaven desencuentros y conflictos improvisados.
Samuel Fernández Illanes
Académico de la U. Central, Ex Embajador
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