
Por Bernardo Javalquinto.- La política chilena reciente ha estado marcada por discursos que prometen cambios radicales para enfrentar crisis percibidas o reales. Uno de los conceptos más polarizadores ha sido el de «shock» asociado a la figura de José Antonio Kast, líder del Partido Republicano. Este término, cargado de connotaciones históricas y económicas, ha sido utilizado tanto como una promesa de eficacia como una advertencia de un retroceso social. Desentrañar la verdad o mentira tras esta amenaza-promesa requiere analizar sus bases ideológicas, sus referentes históricos y su contrastación con programas concretos y evidencia empírica.
1. El significado del «shock»: Entre el realismo económico y el dogmatismo ideológico
Kast y sus equipos han utilizado la noción de «shock» principalmente en dos ámbitos: seguridad y economía.
La «verdad» detrás de esta retórica radica en su coherencia con una ideología clara: el conservadurismo nacionalista en lo social y el libertarianismo en lo económico. Sus propuestas no son novedosas; se enmarcan en la tradición de las políticas de «shock» descritas por Naomi Klein, aplicadas en Chile durante la dictadura militar y luego en contextos como el postcomunismo en Europa del Este.
2. La «mentira» u omisión: Los costos sociales y la evidencia histórica
El término «shock» no es neutral. Oculta, bajo una apariencia de terapia de urgencia, los costos humanos profundos y desiguales que este tipo de políticas conllevan. La principal «mentira» (o más bien, omisión estratégica) es la subestimación o negación de estos impactos, bien documentados históricamente:
3. El «shock» de seguridad: ¿Populismo penal o solución efectiva?
En el ámbito de la seguridad, la promesa de un «shock» se basa en la doctrina de «mano dura»: mayor presencia policial, tolerancia cero y penalización exacerbada.
Conclusión: Más allá del eslogan
La amenaza-promesa del «shock» de Kast no es ni completamente verdadera ni completamente falsa. Es, ante todo, un significante político potente que moviliza a una base desencantada y temerosa. Contiene una «verdad» programática al anunciar una aplicación radical y acelerada de un ideario específico.
Sin embargo, la notable omisión –la «mentira» por elocuencia– es la ocultación de sus consecuencias distributivas y sociales predecibles. La historia económica de Chile y América Latina demuestra que estos modelos generan crecimiento a costa de mayor inequidad y vulnerabilidad.
La retórica del shock simplifica problemas complejos (la economía, la delincuencia) en relatos de limpieza y orden, ofreciendo soluciones expeditas que, en la práctica, suelen transferir costos a los más débiles y erosionar el tejido social.
Por lo tanto, el debate no debería enfocarse en si el «shock» es real o falso en su intención, sino en si es algo bueno y sostenible para una democracia que, además de tener eficiencia económica y orden, debe asegurar derechos, cohesión social y justicia en la distribución. La disyuntiva real no es entre shock o estancamiento, sino entre diferentes modelos de sociedad y desarrollo. El valor de la advertencia de «shock» reside en obligar a clarificar esa elección fundamental.
Dr. Bernardo Javalquinto Lagos, PhD, Associate Prof., UVM
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