
Señor Director:
«Yo asumo la responsabilidad política”. ¿Cuántas veces hemos escuchado, históricamente, esta frase en boca de autoridades políticas?
Incontables seguramente. Ahora bien, es perfectamente legítimo preguntarse qué significa esta declaración. Evidentemente no en un sentido abstracto o filosófico, si no en sus efectos prácticos. En la realidad raramente ha tenido resultados concretos.
Desde el punto de vista de la lógica, la racionalidad y de la sensatez, esto es abiertamente absurdo; por lo tanto una muy mala señal para la sociedad en su conjunto.
Este mal hábito ha contribuido de manera importante al desprestigio de la política.
Parece evidente, todos lo hemos vivido, que nuestros actos producen efectos concretos y que, en general, tenemos que asumir las consecuencias de ellos. ¿Por qué no en el caso de las autoridades? ¿Las autoridades políticas tendrían un estatuto ético, jurídico o administrativo distinto al común de los mortales?
El caso de la ministra Rubilar raya en lo patético. En el documento emitido por su ministerio, incluso hay un reconocimiento implícito de que la Contraloría no permite ese tipo de acciones propagandistas.
Hay un pronunciamiento claro al respecto, difundido hace pocos días. Justificar esta acción planteando que siempre se ha hecho, hoy parece inmoral e inaceptable.
Aquí no existen más alternativas. O la ministra renuncia o el Presidente, por su propio interés, le pide la renuncia.
Mirado con optimismo, tenemos una buena ocasion para comenzar a cambiar esta práctica aberrante.
Hugo Cox
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